La fundación del Lyceum Club Femenino Español desde la perspectiva socialista

En noviembre de 1926 se ponía en marcha el Lyceum Club Femenino Español, una de las asociaciones más importantes en favor de los derechos de las mujeres en España. Su gran impulsora fue María de Maeztu, pero con el empuje inicial de un centenar de mujeres del mundo de la cultura española. Si el objetivo fundamental era la defensa de la emancipación de la mujer, no lo era menos el establecimiento de un marco para el encuentro y el desarrollo educativo, cultural y profesional de las mujeres, sin olvidar una dimensión social.

El primer Club fue inglés, creado en 1904, para luego extenderse por otras capitales europeas y americanas. En 1908 se articuló una Federación Internacional. Estas asociaciones tenían un carácter aconfesional y apolítico. Sus socias debían haber demostrado contar con escritos, obras literarias o ensayos, obras artísticas, trabajos y proyectos científicos, o haberse dedicado al trabajo social, o, por fin, contar con titulación académica, por lo que, indudablemente, en aquel momento tenía un carácter elitista, habida cuenta también de la necesidad de pagar una cuota relativamente alta para la época.

Entre la bibliografía sobre esta asociación es interesante citar el trabajo de Juan Aguilera Sastre sobre las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español porque dedica una atención casi monográfica a cómo fue recibido entre la opinión pública española, atendiendo, principalmente a la prensa. Pues bien, nuestro artículo completaría este estudio con la opinión que El Socialista plasmó sobre la creación del Lyceum. En su número del día 6 de noviembre de 1926 se insertó una columna con el significativo título de “Sociedad Interesante. Se ha inaugurado el Liceo-Club Femenino Español”.

El artículo comenzaba calificando esta fundación como un acontecimiento “verdaderamente interesante”. La razón estribaba, precisamente, en que era una iniciativa femenina, no un instrumento para propósitos ajenos. Mientras era común en Europa que se crearan asociaciones femeninas, en España había sido imposible hasta ese momento por las intrusiones interesadas ajenas a las aspiraciones de la mujer, o por influencias dogmáticas. Estaba claro que se estaba aludiendo implícitamente a las organizaciones femeninas católicas. El nuevo club no tenía, como sabemos, un carácter político, pero, sobre todo, era aconfesional, y esto predisponía a los socialistas a favor del mismo, y donde, además, esposas de destacados socialistas estarían entre las fundadoras, siendo algunas de ellas también socialistas activas. En todo caso, hubo feministas socialistas españolas, como María Cambrils que, por aquella época, fueron muy duras con lo que consideraban un feminismo aristocrático, aunque sin citar explícitamente al Lyceum, porque consideraban que no luchaban por los derechos de las obreras, como hemos estudiado en un trabajo a raíz de un artículo que la valenciana publicó, precisamente, en El Socialista en julio de 1925. Así pues, en cierta medida, aunque de forma más tímida, se produjo en España la misma crítica que se dio en otros lugares por parte del feminismo obrero hacia el sufragismo o el feminismo por cuestiones de clase.

Otro aspecto que elogiaban los socialistas era que la asociación se había creado sin gran publicidad, como correspondería a un objetivo firme, aunque también se explicaba que no había surgido de forma repentina, sino como resultado de un proceso laborioso protagonizado por quienes deseaban que la mujer española no fuera una excepción en el “mundo civilizado”. Sin entrar en muchos detalles se comentaba que hacía unos meses las protagonistas vieron la necesidad de crear un comité organizador, que luego habría sido la junta directiva, para sacar adelante el proyecto y buscar recursos económicos. Por fin, se había inaugurado el día 4 en el número 31 de la madrileña calle de Infantas. La asociación contaría ya con 150 afiliadas, que pagaban una cuota mensual de diez pesetas. También se incluía las mujeres que componían la Junta Directiva. La presidenta sería María de Maeztu, las dos vicepresidencias estaban ocupadas por Victoria Kent y la Señora de Palencia (“Beatriz Galindo”), mientras que la secretaría sería desempeñada por Zenobia Camprubí, que en el artículo aparecía como la esposa de Juan Ramón Jiménez. La vicesecretaria, por su parte, sería miss Helen Phipps y la tesorera, la Señora de Salaverría. Entre las afiliadas se citaba, siguiendo la costumbre de la época para el caso de las casadas como Señoras, a las siguientes: de Pérez de Ayala, Araquistáin, Álvarez del Vayo, Ucelay, Besteiro, González Martínez, Ortega y Gasset, Fabra i Ribas, Mesa, Gutiérrez, Díez Canedo, Baroja, Caro Raggio, Baeza, Elorrieta, Marañón, etc.

El Socialista incluía los objetivos del Lyceum, citando a la presidenta. En primer lugar, se establecía como un marco donde las asociadas pudieran entretenerse, conversar y leer, pero sería algo más que un centro de recreo, se quería convertir en un lugar donde fomentar el apoyo mutuo entre las mujeres españolas para ayudar a las jóvenes que en cualquier campo de la actividad necesitasen abrirse camino y encontraran dificultades, algo nada disparatado en aquella época. El Lyceum quería participar activamente en las cuestiones sociales y culturales de España, y para ello se habían constituido seis secciones: Social, Musical, Artes Plásticas e Industriales, Literatura, Ciencias e Internacional.

El Socialista terminaba con buenos deseos para la nueva asociación, enviando a la misma su felicitación.

Conviene acercarse al trabajo citado de Juan Aguilera Sastre, “Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español”, en BROCAR, nº 25 (2011), donde, además, podemos consultar toda la bibliografía específica sobre esta cuestión. Por fin, estaría el artículo de El Socialista, nº 5540. En alusión a María Cambrils, se puede consultar el trabajo del autor de este artículo, “María Cambrils contra el feminismo aristocrático”, en El Obrero, en el mes de agosto de 2018.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.