Arthur Groussier contra la guerra

Arthur Groussier (1863-1957) fue una figura francesa de intenso compromiso en el sindicalismo y la política en el ámbito de la izquierda, además de constituir un personaje clave en la historia de la masonería al establecer un Ritual que restauró el simbolismo en el Rito francés en 1938, y que se puso en marcha en 1955. Fue uno de los masones más comprometidos para mantener la Orden en los tiempos convulsos del régimen de Vichy. No se puede entender la masonería francesa de la primera mitad del siglo pasado sin acudir a Groussier, rigiendo desde los años veinte el Gran Oriente de Francia.

En este trabajo queremos recuperar un texto suyo de comienzos del siglo XX sobre la guerra que nos puede ayudar a conocer más su figura y sus ideas, en plena época de la paz armada, y dentro del espíritu antibélico del socialismo internacional, pero también de los valores que la francmasonería ha defendido frente a la guerra y el belicismo.

El texto es un artículo que el periódico español El Socialista publicó el 7 de junio de 1907, y que podemos consultar en la red. En esos momentos era diputado en la Asamblea Nacional. Groussier había sido uno de los líderes de la Alianza Comunista Revolucionaria, formación de corta existencia, ya que formaría parte de la SFIO, la unión o convergencia de los distintos grupos socialistas en el año 1905. Anteriormente, se había destacado como un activo sindicalista en el ámbito metalúrgico, dada su profesión como ingeniero mecánico. Su legado en la política francesa es muy importante en el ámbito socio-laboral: Código de Trabajo, legislación sobre contratos, tribunales laborales, la seguridad en el trabajo, etc.

La argumentación de Groussier contra la guerra partía de la comparación que los defensores de la misma hacían como escuela de energía y fortaleza, algo muy propio de la mentalidad bélica que se estaba viviendo, y que podemos hasta rastrear en el arte, como se podrá comprobar dos años después con el Manifiesto Futurista, y el pacifismo considerado por los belicistas como “el dogma de la inercia y de la cobardía”.

Groussier solamente veía en los “guerreros coloniales”, en clara alusión a la importancia del imperio colonial francés, una “fatuidad”, desproporcionada por los servicios que se imaginaban habían prestado en sus combates contra “malaventurados negros”, criticando, por lo tanto, también el colonialismo. Los guerreros, calificados de “elementos de destrucción”, se creían grandes ciudadanos, como si no lo fueran los campesinos, obreros, empleados, comerciantes, profesores, estudiantes, etc. Groussier realiza una fuerte crítica del valor militar contraponiéndolo al valor de los trabajadores que, en distintas profesiones y oficios, se jugaban la vida a diario, como los mineros, plomeros, carpinteros, marinos y obreros en las fábricas, manejando complicadas máquinas o herramientas, o desarrollando su trabajo en entornos peligrosos.

Groussier era todo un experto en higiene y seguridad del trabajo, como hemos apuntado más arriba. En su artículo insertó muchos datos de accidentes laborales de la estadística francesa de 1904 por distintos sectores productivos, y los porcentajes de los trabajadores de ambos sexos y de menores que habían sufrido discapacidad o habían fallecido por causas laborales. Groussier creía que los “presuntuosos combatientes” tenían que fijarse y saludar a tantas “modestas víctimas” del mundo del trabajo, y que habían demostrado mucha más energía que ellos.

Pero el argumento contrario a la guerra tenía que tocar el más clásico y que tenía que ver con que los defensores de la misma, al final, llevarían a estos trabajadores a los campos de batalla donde podían ser heridos o hallar la muerte.

Por eso había que combatir la guerra, hacerla imposible. Por encima de los insensatos que no enseñaban más que la destrucción había que colocar a los que trabajaban construían y pensaban, y que consideraba como la verdadera fuerza de “los grandes pueblos”. Groussier insistía, por tanto, en su argumento fundamental contra la guerra, la contraposición entre los que amaban “el olor de la sangre” frente a los trabajadores. No había que glorificar a los guerreros, sino a los obreros y sabios.

El artículo terminaba con una mezcla de valores socialistas y masónicos al aunar el pacifismo con la felicidad para la “humanidad entera”, el verdadero objetivo.

Sobre Groussier, recientemente, se ha publicado un trabajo en francés de Denis Lefebvre, Arthur Groussier, le franc-maçon réformiste, editado en 2016, y cuya referencia de Claude Didry podemos consultar en la red

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Secretario de Memoria Histórica del PSOE-M Chamartín y miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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