SUSCRÍBETE

Microhistoria y leyenda del linaje de los Prieto Gandarillas en el Real Valle de Penagos

Mi verdadero clan familiar materno fue fundado a comienzos del siglo XX por el síndico del Ayuntamiento de Penagos, Remigio Gandarillas, que asistió a los mineros tras el motín vecinal y minero del agua de 1911, en el que murieron un capitán de la Guardia Civil y varios números, así como 4 mineros. El líder de la sociedad El Nivel de UGT fundada en 1903, que llegó a agrupar a la mayoría de los afiliados socialistas de la provincia de Santander, fue Buenaventura Iglesias, encarcelado en 1911 y condenado a perpetuidad hasta la proclamación de la República, reconstituyendo la sociedad socialista en 1932, para terminar siendo paseado en el Puente del Diablo o el Molino de la Agüera, junto a otra veintena, en septiembre de 1937.

Gandarillas era ferrón y carbonero, haciendo cortes de bosque en la Trasmiera, ya que el valle había quedado desforestado tras la fundación de los Altos Hornos de Liérganes y La Cavada a comienzos del siglo XVII. La ruina de estos Hornos preindustriales, que fabricaban los cañones para El Astillero de Guarnizo durante los siglos XVII y XVIII, tras el paso los franceses y su acantonamiento en Santoña, terminó de culminar con la vuelta de los soldados del Borbón francés en 1823 y la primera Guerra Carlista.

Las familias merachas, mixtas, tuvieron que buscar ingresos en el bosque, que, aunque había sido preservado por los Ayuntamientos, eran arrendados los cortes hasta que el hambre de tierras para pastos debido a la naciente industria lechera de la fábrica de la Nestlé en 1903 hizo que se sortearan lotes entre los vecinos, que podían enajenar, o empezaran roturaciones arbitrarias que se podían legalizar ante Hacienda tras el decreto del dictador, el general Miguel Primo de Rivera, en 1924.

Mi tatarabuelo Gandarillas casó con Inés Maza Bonaechea, descendiente del vizcaíno Pedro Bonaechea, que había llegado al Valle en el reinado de Fernando VII. El matrimonio pudo juntar mil carros de tierra, medida antigua mucho menor que la hectárea. Las carretas de carbón vegetal procedente de la hoyas eran llevadas a Santander, distante 20 kilometros en carretera o camino, aunque en línea recta la ría de Solía quedaba a apenas diez kilómetros atravesando la sierra Gándara, toda de mineral de hierro, que cerraba la bahía de Santander, y era explotada desde tiempos prerromanos, quedando a sus pies en el Valle, la localidad de Quintana, un antiguo asentamiento de los romanos.

El tatarabuelo Gandarillas, “carraca”, muy amigo y casi vecino del médico antidinástico Cobo, murió en 1926, legando a mi bisabuela Elvira Gandarillas Maza, algunos bienes raíces. Elvira había matrimoniado a los 18 años con Santos Prieto Cuesta, que trabajó con Gandarillas en la tala y carboneo. Santos levantó una casa en La Helguera en 1914, gracias a la cesión por su primo San Miguel de una finca en erial en el alto parteaguas entre las aguas que llevaban al Miera y las que llevaban al Pisueña.

En realidad, el valle era “entrambasguas” de la Merindad de Trasmiera y las Asturias de Santillana, formadas por 9 valles que en el siglo XVI habían pleiteado para ser valles reales, logrando la hidalguía casi universal. Santos murió talando y segando un día de calor veraniego, con viento sur, de 1918, debido a la congestión que tuvo tras meter la cebeza en el manantial de su finca del bosque de Robles y Hayas de Llanos. Habían dejado la casona de Llanos, fundada en 1707, donde habían vivido durante durante diez años, debido a que padecía problemas bronquiales.

Mi bisabuela Elvira, quedó viuda joven, contratando jornaleros para la tierra y el ganado, con una tienda para los mineros, y con cuatro hijos pequeños. La mayor nacida en 1906, Inés Lucía Prieto Gandarillas, se encontró con que se le acababa la escuela y la niñez, justo antes de empezar la pubertad. Solamente pudo veranear con su tío San Miguel en las cercanías de Suances y Cobreces hasta entonces. San Miguel había casado con una cubana, con familia de origen en el Valle, que había retornado a su tierra con ocasión de la guerra de Cuba.

Inés era la hija mayor de Santos Prieto, por lo que tuvo que ocuparse de los hermanos pequeños, de la tienda y del ganado. Residía con su abuela Inés Maza Bonaechea en el camino de El Arenal a la ermita de Santa Eulalia, del XVII, muy cerca de la casa palacio de Penagos. La abuela Inés Maza, casi inmóvil, le contaba historias en la chimenea y la lumbre de la cocina. Dos tíos abuelos y un primo habían emigrado a Chile en 1791, muriendo uno al inicio de la insurgencia, y luchando el otro con la tropas realistas, asistiendo al que llegaría a ser el mariscal Maza Quintanilla, defensor del archipiélago de Chiloé hasta enero de 1826. El Mariscal regresó mientras que el tío abuelo restante se quedó como terrateniente chileno. En una época del boom lechero hablaba a mi abuela de los centenares de reses que se podían mantener en las praderas de Chilé en Bio- Bio, Concepción.

Inés Prieto casó a los 19 con Luis López Noval, de Oruña, el “marqués”, un obrero que había emigrado para evitar ser reclutado en la Guerra del Rif, que había emigrado a Estados Unidos, residiendo en la casa de una hermana durante seis años, hasta que regresó como “indiano”, en viaje de ida y vuelta tras la amnistía de Primo, con una pistola de plata, alquilando una serré de paseo a caballo. Sería fundador de la Casa del Pueblo Campesina de Penagos en 1932, vinculada a UGT gracias a la creadora del movimiento cooperativista, la escritora y luego diputada, Matilde de la Torre.

Estas historias se superponían a las que supo por su abuelo Narciso Prieto de la casona de Penagos, “fantoche”, cuyos ancestros tenían capilla propia en la iglesia de Cabárceno refrendada en 1834. La Iglesia con escudo interior y exterior de los Prieto había sido fundada por los hermanos Gaspar y Melchor Prieto, nacidos a finales del siglo XVI, que entraron en la orden de los Mercedarios. Los hermanos tuvieron una carrera brillante, llegando a ser uno general de los Mercedarios, representante en las Cortes de Valencia, obispo de Alguer, presidente de las Cortes sardas y virrey interino de Cerdeña, para terminar de obispo de Elna, donde fue enterrado. Sin embargo, aunque los honores del citado fueron muchos, fue el otro el más ilustre. Escribió varios opúsculos, fue profesor de Teología en Salamanca y Valladolid, para ser destinado a Paraguay, donde fue elegido Obispo. Terminó sus días a mitad del siglo XVII, en plena crisis de la Monarquía hispánica, en el convento de la actual Plaza de Tirso de Molina, su coetáneo.

Funcionarios civiles de la Monarquía hispánica pudieron erigir también una casa palacio, arruinada por un incendio a mitad del XIX, en Somarriba, frontera de las Merindades y de las Asturias de Santillana, que había sido también el límite entre el reino de Navarra y Castilla en el año 1000 con el rey navarro Sancho el Mayor. Una Cruz en el Alto de Somarriba cerificaba dichos límites, que habían sido modificados en la era liberal, con la anexión de Penagos al partido judicial de Santoña. La leyenda de un jinete que había establecido los límites del reino de Navarra con una larga cabalgada hasta quedar muerto en el Alto de Somarriba añadía fantasía a una historia milenaria.

La última revancha carlista

Viendo El cura Santacruz de ETB empiezo a recordar a mi tatarabuelo Remigio Gandarillas, ferrón y síndico del Valle de Penagos durante "cuarenta años", que murió hacia 1926 y asistió a los procesos por los sucesos de 1911 entre los mineros socialistas y la guardia civil. Era vecino en La Helguera del médico Cobo, y sus familiares siguieron ejerciendo en Penagos, siendo Don Fernando, médico de familia que asistió a los últimos escondidos y guerrilleros, como Joselón en 1947. Solo llegué a conocer a su hermana, amiga de mis abuelos, que murió en la indigencia.

Viene esto a cuento porque en Penagos, frontera histórica con la merindad de Trasmiera, de influencia navarra hace 1000 años, no parece que los tradicionalistas tuvieran nunca gran influencia, aunque un tal Vicente Yartus fue asesinado en el frente republicano. En cambio, un Gandarillas, que era pariente lejano de mi abuela, fue también herido en la revolución del 34, y y en el 36 terminó muriendo. La llegada de los carlistas al Valle desató la revancha sobre un número de socialistas foráneos similar al número de fichas de milicianos del sindicato minero de UGT, teniendo el bodeguero Venero de ideología católica el listado de las casi cuatro docenas de los paseados en la cuneta del Molino del Condado y en el Puente del Diablo. Hoy en día siguen sin desenterrar los restos de los desaparecidos, habiendo muerto hace dos años la hija del administrador de la Casa del Pueblo, Pamira Marcos, presa durante 20 años hasta 1961, acusada de ser amiga y complice del guerrillero El cariñoso, muerto en armas en 1941, mientras que medio centenar de paísanos fueron condenados a muerte o encartados, muchos de ellos mujeres acusadas de incitadoras de la violencia.

El tránsito desde el Antiguo régimen a la era liberal había traído consigo la fusión del municipio meracho de Llanos con el ayuntamiento constitucional de Penagos, todos del partido judicial de Santoña. Los franceses se acantonaron en Santoña en 1808 y 1823, acabando de arruinar las fábricas de Cañones de Liérganes y La Cavada.

Mi tatarabuelo casó con la nieta del vizcaíno Pedro Bonaechea, llegado al valle en la época de los franceses, para morir de pena y de edad e invalidez al comienzo de la guerra del 36, criando a mi abuela Inés que, a su vez, me cuidó casi medio siglo. Los franceses atravesaron el puente "romano" de Llanos viniendo de Liérganes, pero las dos primeras guerras carlistas no parece que tuvieran más impacto que alguna correría y la ruina final de los Altos Hornos.

Sin embargo, en 1937, la última guerra "carlista", trajo consigo la venganza final de los navarros, ya que, además de los dos católicos (uno tradicionalista) muerto en el breve tiempo de la comuna socialista minera y campesina entre febrero de 1936 y septiembre de 1937, un párroco de Pámanes y unos frailes del valle vecino también habían sido asesinados. La Cruz de Somarriba fue arrastrada por los foráneos invasores hasta el ayuntamiento de Penagos y Cabárceno, yendo las mujeres y niños supervivientes a Bilbao y Eibar.

Abdón Mateos

Abdón Mateos López (Madrid, 1960) es un historiador español. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, dirige el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española y la revista semestral Historia del Presente. Fundador y presidente de la Asociación de Historiadores del Presente desde el año 2000.

Desde el año 2007 es responsable en la UNED de la Cátedra del exilio. En el año 2008 obtuvo la acreditación nacional de Catedrático de Historia Contemporánea. En el año 2009 obtuvo un segundo año sabático en Roma en la Universidad LUISS, financiado con la convocatoria nacional de Movilidad, y la Universidad de Las Palmas.

Actualmente dirige el proyecto de la Cátedra del Exilio (2011-16, patrocinado por el Banco de Santander) Emigrantes y exiliados en América después de la guerra civil. La construcción de una ciudadanía democrática, así como el proyecto de investigación del Ministerio (2012-16) "Historia del PSOE. Construcción del partido y reformismo democrático, 1976-1990".

Es secretario general de ASU en Madrid.

Ha publicado recientemente Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Sílex, 2017)

Banner 468 x 60 px