El concepto y la realidad de la República en la Revolución Francesa

En este artículo nos proponemos acercarnos a dos objetivos. En primer lugar, queremos bucear en el concepto de República en el siglo XVIII, entre el modelo de la época moderna y los planteamientos ilustrados, y luego la realidad cuando se estableció la primera República en la Revolución Francesa.

Los ilustrados tenían una idea de la República que entroncaba, debido a sus formaciones clásicas y pasión por dicha época, con el universo grecorromano. Sus héroes eran los forjadores de la democracia en la polis clásica de Atenas y los más genuinos representantes de la República romana, especialmente aquellos que lucharon contra la deriva autoritaria de Julio César, como Bruto.

Pero, por otro lado, era evidente que los intelectuales del siglo de las luces conocían los regímenes republicanos del Antiguo Régimen, como la República de Venecia, Génova, la Confederación suiza, las ciudades libres alemanas y el caso especial de las Provincias Unidas. Estos ejemplos les hicieron considerar a Montesquieu y Rousseau que las Repúblicas solamente podían florecer en estados de pequeña extensión. Por otro lado, Rousseau exaltó la soberanía del pueblo, base del régimen republicano. Pero era evidente que esas Repúblicas de la Edad Moderna eran regímenes políticos oligárquicos. El poder estaba reservado a una minoría de ciudadanos. Pero también es cierto cómo en los años ochenta, antes de la Revolución Francesa, estallaron sublevaciones en Ginebra y, sobre todo, en las Provincias Unidas para exigir un cambio profundo de sus regímenes respectivos, para que los derechos políticos se extendiesen a todos los ciudadanos. La sublevación de Ginebra de 1782 fue abortada por las tropas francesas y piamontesas. Los ingleses y prusianos se encargarán de reprimir la de los Países Bajos en 1788. Las Monarquías no estaban dispuestas a tolerar estos profundos cambios en el corazón de Europa. Los sublevados encontrarán en Francia su refugio, los conocidos en la época como los patriotas.

La República triunfante en aquel momento surgió al otro lado del Océano Atlántico. Los colonos americanos en guerra con la metrópoli inglesa crearon una República, votaron una Constitución y eligieron a un presidente. Su influencia es evidente.

Al estallar la Revolución en Francia el espíritu republicano no era tan fuerte como a primera vista se podría suponer. Se pretendía un profundo cambio político, pero salvaguardando el principio monárquico. Serían las maniobras políticas de Luis XVI las que acelerarían el deseo de implantar una República. La huida de Varennes en junio de 1791 provocó la primera jornada republicana, y que acabaría con la matanza del 17 de julio de 1791. La política adoptada por el rey en relación con la Asamblea, empleando el veto con profusión, provocó que se organicen las jornadas de 20 de junio y de 10 de agosto de 1792. El rey es detenido, y los revolucionarios deciden que hay que cambiar el régimen político, que la Constitución de 1791 ya no es válida, por lo que se disuelve la Asamblea y se convocan elecciones para un nuevo legislativo constituyente, la Convención.

En la primera sesión de la Convención, celebrada el 21 de septiembre, se aprueba por aclamación el decreto que abole la Monarquía en Francia. También se aprueba un decreto por el que comienza una nueva época. Se estaría en el año I de la República. Se cambia el sello o escudo de Francia. Ahora sería un haz y un gorro de la libertad con la inscripción: “República Francesa”, que sería una e indivisible y se hace un llamamiento al ejército y a los soldados a defenderla de sus enemigos. La Constitución del año I es, lógicamente, la primera de las Repúblicas francesas. Se redacta a gran velocidad con el sello de los jacobinos. Es aprobada y sometida a referéndum.

La Constitución se abre con una declaración de derechos más avanzada que la de 1789, ya que aparece el sufragio universal, el derecho al trabajo, el derecho a la instrucción (educación), el derecho de petición y el derecho a la insurrección en el caso en el que el gobierno no respondiese a los deseos de la mayoría. También se proclama el derecho a la felicidad, un intenso homenaje a la Ilustración.

Esta Constitución proclama la soberanía popular gracias, fundamentalmente, al sufragio universal pero también por otras medidas de control ciudadano. Los diputados verán muy limitados temporalmente sus mandatos, como el de otros cargos públicos: jueces y funcionarios municipales. Además, se establecieron mecanismos para que los ciudadanos controlasen los actos y decisiones de sus representantes y participasen en el proceso de toma de decisiones.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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