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Pablo Iglesias y las condiciones tercera y cuarta de la Tercera Internacional


Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE. / Archivo. Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE. / Archivo.

Pablo Iglesias analizó las condiciones de la Tercera Internacional previamente el Congreso de 1921 del PSOE donde se tomó la decisión final de no solicitar el ingreso en dicha organización. Lo hizo en las páginas de El Socialista. En este artículo nos acercamos a su trabajo sobre las condiciones tercera y cuarta.

Tercera Condición

“En casi todos los países de Europa y América, la lucha de clases entre en el período de guerra civil. Los comunistas, en estas condiciones, no pueden fiarse de la legalidad burguesa. Es deber suyo crear en todas partes, paralelamente a la organización legal, un “organismo clandestino” capaz de llenar, en el momento decisivo, un deber para con la Revolución. En todos los países donde los comunistas, a consecuencia del estado de sitio o de leyes de excepción, no tienen posibilidad de desarrollar toda su acción legalmente, “la concomitancia de la acción legal y de la acción ilegal es indudablemente necesaria”.

Cuarta Condición

“El deber de propagar las ideas comunistas implica la necesidad absoluta de realizar una propaganda y una agitación sistemáticas y perseverantes entre las tropas. “Allí donde la propaganda franca sea difícil, por consecuencia de leyes de excepción, se debe realizar ilegalmente”. Negarse a esto sería una traición al deber revolucionario y, consecuentemente, sería incompatible con la afiliación a la Tercera Internacional”.

Pues bien, Pablo Iglesias consideraba, en primer lugar, que en los propósitos del Partido Socialista no debía estar jamás el de crear dificultades a la propaganda de sus ideas y al incremento y la organización de sus fuerzas. Pero, precisamente, los socialistas españoles crearían esas dificultades si aprobasen las dos condiciones expuestas. Si los gobiernos españoles, actuando el PSOE en la legalidad, cometerían arbitrariedades con sus organizaciones y sus afiliados, Pablo Iglesias se preguntaba qué no harían al saber que el Partido Socialista, admitiendo aquellas bases, proclamaba lo que en ellas se decía. Las cárceles se llenarían de socialistas y el Partido sería disuelto. Era lo que deseaba, especialmente, el caciquismo rural, verse libre de la organización socialista. Pero, además, las autoridades no pasarían por arbitrarias o reaccionarias porque alegarían que los propios socialistas se estaban colocando fuera de la ley al seguir lo expresado en dichas condiciones.

El PSOE, organizándose en secreto, no podría realizar su principal tarea, que era la de dar conciencias de sus intereses a las masas, agrupar a éstas en número considerable y obtener, en consecuencia, beneficios para los trabajadores. Esta tarea exigía un gran esfuerzo de propaganda entre los obreros industriales y agrarios, algo imposible de realizar en la clandestinidad.

En el caso de que los gobiernos no ilegalizasen al Partido, aún aceptando éste las condiciones tercera y cuarta, aquellos no dudarían en emplear éstas para perseguir al Partido, y/o a parte de las Agrupaciones y Sociedades, metiendo en prisión a los principales militantes.

Ante esta objeción los extremistas podían argumentar que ya se estaba haciendo. Era algo que no podía obviar el viejo líder socialista, pero, Iglesias opinaba que las autoridades lo estarían haciendo ahora de forma arbitraria, fuera de la propia ley “burguesa”, pero con las condiciones tercera y cuarta ya podrían actuar ajustándose a la ley, y emprendiendo acciones de mayor envergadura contra la organización socialista. Las penas serían mayores y muchos procesos terminarían con seguras condenas, frente al hecho de que en el presente se terminaba por darse el sobreseimiento de muchos procesos.

En este sentido, Iglesias recordaba que seguían en vigor la Ley de Jurisdicciones, que se aplicaría en la mayoría de los procesos, con tribunales militares de por medio.

Iglesias, además, reconocía que el Partido Socialista no tenía la robustez de otros partidos hermanos europeos, por lo que no contaba con muchos medios, por lo que la aceptación de las condiciones empeoraría aún más la situación de la organización socialista española.

Si el deber de todos los socialistas españoles era procurar que creciesen las fuerzas del Partido y que todas ellas tuvieran la mayor conciencia posible de la misión que debían realizar, es decir, derribar el orden burgués y sentar las bases de uno nuevo sin opresores ni oprimidos, no se podían aceptar estas dos condiciones.

En conclusión, Pablo Iglesias veían un peligro evidente para la organización socialista, pilar básico del socialismo, y muy especialmente, para el español, si se aceptaban las condiciones. No cabía la clandestinidad en los planes del líder español. La labor del PSOE se encontraba en su presencia pública en todos los ámbitos, en la generación y fortalecimiento de la conciencia de clase y en no dar pretextos legales al poder para suprimirlo.

El artículo se encuentra en el número 3792 de El Socialista, de 6 de abril de 1921.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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