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La bienvenida socialista a Clement Attlee en 1937: entre el elogio y la crítica


Clement Richard Attlee (visto a la izquierda), líder del partido laborista, visitando a soldados comprometidos en la defensa de Madrid en una línea de fuego, 1937. / Archivo. Clement Richard Attlee (visto a la izquierda), líder del partido laborista, visitando a soldados comprometidos en la defensa de Madrid en una línea de fuego, 1937. / Archivo.

Clement Attlee y un grupo de parlamentarios laboristas (Ellen Wilkinson, Philip Noel-Baquer, Arthur Henderson y John Dudgale) visitaron España en el invierno de 1937. Procedentes de Barcelona y Valencia llegaron a Madrid en la noche del 4 de diciembre.

En la capital fueron recibidos por las autoridades civiles y militares de la República y representantes de las fuerzas del Frente Popular. Los laboristas se habían significado en los Comunes en la defensa de la República. El periódico oficial del PSOE, El Socialista, les dio la bienvenida con un largo artículo con el significativo título de “Representantes genuinos del pueblo inglés”. Pero, también es verdad, que en el texto lanzó una dura crítica, como tendremos ocasión de ver.

La bienvenida, además de calurosa y sincera, tenía, a juicio del periódico socialista un claro tinte egoísta, pero de un egoísmo que redundaría en beneficio de todas las clases trabajadoras del mundo. La visita recordaba y prometía provecho para la causa de la República. Recordaba todo lo que había hecho el líder laborista y su partido por la misma, y prometía una mayor campaña para después de conocer la realidad española. Ciertamente, los laboristas habían censurado contundentemente en distintas ocasiones la política “no intervencionista” seguida por el Gobierno británico. Attlee había sido uno de los políticos que más había levantado la voz contra esa política, aunque no solo seguida por su país. No había conseguido muchos resultados, y los socialistas lo achacaban a la fuerza de la tradición conservadora británica. Su visita revelaba su mejor disposición para seguir oponiéndose a su Gobierno.

El periódico consideraba que no había que pedirle nada a los políticos laboristas que visitaban España. Eran huéspedes de honor del Gobierno de la República y, por consiguiente, de la nación. El deber de los socialistas era agasajarlos como se merecían y ayudarles a desempeñar eficazmente su misión como representantes del Partido Laborista. Se estaba convencido que, aunque la visita fuera breve, aprenderían bien lo que el fascismo estaba haciendo en España con el pueblo y la democracia para poder explicar a los trabajadores británicos el significado de la lucha que se estaba desarrollando entre el proletariado y el capitalismo, y tal como la orientaban los países totalitarios, seguramente en alusión a Alemania e Italia.

Pero el periódico obrero avisaba que los laboristas no verían algo en España, ni se lo dirían los “corteses acompañantes”, comenzando aquí la crítica socialista. El artículo se refería a que todo el mal generado había sido llevado a cabo con el “fruto mortífero” del trabajo de hermanos de los camaradas que luchaban en España por el proletariado de todos los países, de los trabajadores de las naciones agresivas y de los obreros de las naciones pacifistas. Todo había alcanzado tal grado de gravedad porque las naciones democráticas habían privado a los obreros españoles del derecho que tenían de armarse contra sus agresores. Todo se estaba prolongando porque los trabajadores de las grandes potencias no se habían decidido a poner fin a esa injusticia, toda una crítica amarga, sin lugar a dudas, a nuestro entender. El periódico llegaba a afirmar que trabajadores italianos habían saboteado la construcción de aviones con destino a España, pero nada se había visto en el caso de las naciones democráticas. No hacía mucho la industria británica había vendido al conde Volpi material de guerra que el gobierno italiano terminaría usando en España, mientras que los trabajadores británicos seguían trabajando tranquilamente en sus fábricas.

Lo menos que se esperaba de la visita de Attlee y demás parlamentarios laboristas era que el mensaje que recogiesen de entre los escombros del sufrimiento sirviese para que se dieran cuenta de lo que se estaba haciendo en el Reino Unido, ya con su trabajo, ya con su apatía, y se decidieran a ayudar eficazmente al ejército obrero de España.

Hemos consultado el número 8642 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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