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Federico Engels, un talento al
 servicio de la clase obrera


Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d). Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d).

Friedrich Engels, (Barmen, Prusia, 28 de noviembre de 1820-Londres, 5 de agosto de 1895) de cuyo nacimiento se cumplen ahora dos siglos, proyecta sobre nuestros días una imagen, aún, de moderna actualidad. Y ello, gracias a la avanzada posición de progreso que ocuparon sus experiencias, investigaciones y hallazgos socio-históricos, económicos y antropológicos respecto de los vigentes en su época, marcada por la transición de la vieja Alemania rural hacia una desbocada industrialización en clave capitalista. Tal veloz proceso afectó señaladamente al valle de Wüppertal, donde Engels viera la luz en el seno de una acomodada familia vinculada por generaciones a la producción textil. En la atmósfera familiar se respiraban pautas de la moral pietista, una corriente rigurosa del protestantismo germano en la que se desarrollaron otros talentos de la trascendencia histórica del pensador Georg W. F. Hegel y del poeta Friedrich Hölderlin. El genio de Engels guiaría su vida al servicio de la emancipación revolucionaria de la clase obrera, junto con su amigo y referente Karl Marx, pero con propuestas teóricas diferenciales y complementarias.

Es preciso subrayar que Engels gozaba, ya desde su adolescencia, de una memoria fuera de lo común –llegaría a conocer 24 idiomas y a hablar y escribir hasta en diez lenguas distintas, el español entre otras-. Esta cualidad, más una memoria unida a una pasión paulatinamente arrolladora por el conocimiento en todas sus manifestaciones, le brindaron muy pronto la posibilidad de disponer de criterio propio, nutrido por una extensa cultura que, desde la Botánica hasta la Física, la Filosofía o la Mecánica, desarrollaría su excelente inteligencia y la ahormarían de manera conforme a sus propósitos vitales. De igual modo, sus atributos intelectuales vertebrarían en él un sentido crítico del que, desde su mocedad, ya nunca abdicaría.

Conviene saber que sus pulsiones intelectuales no sellaron en momento alguno la sensibilidad social y la empatía igualitaria hacia sus semejantes que, desde mozo, Engels desplegó hacia su entorno. Fue testigo temprano –desde su atalaya social acomodada pero cordialmente cercana- de las injusticias que afectaban a la gran mayoría de la población prusiana, desarraigada primero de su extracción rural y empobrecida después por la maquinización en los talleres urbanos, con horarios laborales de sol a sol, trabajo infantil incluido, en condiciones derivadas de los vestigios feudales residuales. También asistió a los desgarros sociales generados por la industrialización a sangre y fuego de sus compatriotas.

Un estro creativo

Otros rasgos de su mocedad, compartida con los jóvenes de su época, caracterizaron asimismo las frecuentes fases de arrogancia, exaltación, excesos con la bebida, amoríos irrefrenables, melancolía y depresión, incluido algún que otro duelo a florete, propios de una generación burguesa como la suya, donde las pulsiones románticas imponían su estro creativo y rebelde también sobre las mejores cabezas. Pero siempre hubo en él un rasgo diferencial que le llevaría a contemplar como un axioma la omnipotencia de las ideas aplicadas a una realidad que, desde que adquirió conciencia de sí, se propuso transformar.

La instrucción de la burguesía provinciana prusiana se desarrollaba en los gymnasium, verdaderos institutos donde se impartía una formación completa, señaladamente clasicista –y clasista-, pero con ligeras incitaciones a un cientifismo que comenzaba a despuntar en algunas cátedras de la Prusia de entonces y que prendió en el joven y curioso espíritu de Engels. Asimismo, no se descuidaba la formación física, incluidas la equitación y la esgrima, entre otras disciplinas. La instrucción intelectual de los jóvenes burgueses era pues, por su amplitud, muy completa y desde estos centros se proyectaba a los cachorros de la burguesía hacía la vida pública, la política, el púlpito y la empresa, sin olvidar la Literatura o la cátedra.

Con habilidad para el dibujo, más sensibilidad poética y literaria, conocimientos científicos y filológicos, buena forma física, condición de jinete y predisposición hacia la disciplina -sin olvidar un sentido crítico distintivo., el joven Engels optaría por los estudios de Derecho, que le permitían aproximarse en mayor medida que otras disciplinas a las de su agrado, de Letras y Humanidades, como la Literatura y la Filosofía.

Pronto y por inducción paterna, simultanearía los estudios de Derecho con las prácticas en la empresa textil familiar, con desplazamientos reiterados a la ciudad portuaria de Bremen y retornos a su Barmen natal. En la ciudad hanseática entraría en contacto con el mundo marginal, marinero o buhonero, que pululaba por los puertos, universo éste que atraería su atención. No eran infrecuentes sus visitas a las tabernas y garitos locales, donde la vida adquiría las tonalidades sombrías que él también conocía en su lugar de nacimiento. En Manchester, donde Friedrich fue destinado a la empresa de su padre, Engels encontraría en 1843 al amor de su vida, Mary Burns, una joven irlandesa analfabeta, hija de un tintorero sin recursos. Ella pasaría a ser su compañera hasta su ulterior muerte prematura a los 41 años. Posteriormente el viudo Engels se uniría a la hermana de Mary, Lizzy. Ambas hermanas, como ha escrito el estudioso Tristram Hunt, con sus testimonios vitales, contribuyeron grandemente a fortalecer la conciencia social, primero, y antiimperialista, después del joven burgués prusiano.

La joven Alemania

A la sazón, Engels ya había entrado en contacto con un grupo, La Joven Alemania que, inflamado por algunas consignas liberales de la Revolución francesa, se mostraba indignado con las veleidades cesaristas heredadas de Napoleón y aplicadas a la nación alemana. Se hallaba en pugna, además, contra las arbitrarias particiones aún feudales de los territorios de los países germanos y ansiaba, aún en clave nacionalista y romántica, la unificación del país, la fusión con la potente Prusia de Baviera, Renania, la Austria alemana y las dos orillas del Rhin.

Sin embargo, Engels, en medio de frecuentes polémicas, con correspondencias apasionadas, conferencias, aulas, diatribas y debates, iría tomando tempranamente distancia de que aquellas reivindicaciones liberal-nacionalistas, donde su sensibilidad y criticismo le hacían percibir que flotaban añejos anhelos medievalistas, teñidos por la mitificación romántica de un pasado idealizado, percepción que no compartía. Objetivamente, aquella fantasía paleo-política implicaba una apología de la miseria social y sus recetas no servían para atajar los tremendos problemas que asolaban económicamente a las clases mayoritarias del país. Eran los mismos que sepultaban bajo la losa de la fragmentación de las leyes cualquier impulso al desarrollo del comercio, la exportación y la industria prusiana, con una sarta de reglamentos, fueros y costumbres gremiales que variaban abruptamente apenas cada diez leguas.

En cada porción del territorio germano, el dominio de un Príncipe Elector o de un graff local, igualmente despóticos, imponía aún su feudalidad autoritaria y provinciana, rompiendo toda posibilidad de despliegue del comercio, sobre todo en la Prusia profunda de Federico Guillermo IV. Tales percepciones socioeconómicas de Engels las había adquirido desde la atalaya observadora que le brindaba su experiencia en el negocio paterno, ante el cual, la exportación de materia prima textil, concretamente a Inglaterra, donde su padre contaba con una importante filial en Manchester, chocaba con una impedimenta legal insuperable.

De ahí partirían sus múltiples –y bien conocidas- contribuciones al pensamiento económico, cruzado por sus ansias de obtener saberes sociales, históricos, políticos y antropológicos, contribuciones asociadas estrechamente a las de su amigo Karl Marx, pero con apuestas teóricas diferenciales, entre las cabe destacar la referida a sus investigaciones y enseñanzas en torno a las cuestiones militares, como ha destacado el profesor estadounidense Terrel Carver, de la Universidad de Bristol. Su primera experiencia abierta con el universo castrense data de su estadía en Berlín, durante parte de los años 1841 y 1842, para cumplir el servicio militar en un regimiento de artillería,.

Pietismo y milicia

Ya desde su predisposición formativa adolescente, en un ambiente familiar pietista, de rigorismo moral, que se insertaba en la atmósfera vigente en las costumbres prusianas en torno a la sobrevaloración de la disciplina castrense, Engels parecía predispuesto si no a la adopción de una pauta de vida militar, sí a regirse por una actitud de aproximación a la realidad social con evidentes componentes racionalizadores. Estos sintonizaban con concepciones vigentes en la organización militar, como estructura e institución en la cual cada cosa parece estar en su sitio, signado su conjunto por pautas de jerarquización, organización y mando. Este sería un rasgo diferencial recurrente en su producción intelectual ya que, al asociar su inteligencia a la de Marx, como el tiempo demostraría tras haber conocido al pensador de Tréveris, Engels se comprometería a dotar de una organicidad, de una vertebración estructurada a la bullente y agitada imaginación socio-histórica y política que caracterizaba al pensamiento de su joven amigo y camarada.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.