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Campaña del frío. Ojos negros azabache


  • Escrito por Marian Giménez / Antonio Ortiz
  • Publicado en Crónicas

El frío de la naturaleza en su cambio de estación se acerca. Vamos notándolo, incluso en los huesos, que nos crujen y duelen. Notamos el frío y la miseria en las madres que atendemos en nuestra Casa Vecinal. Vienen con los niños, algunas con sus bebés colgados al pecho, cerca del corazón, dándoles calor, buscando la teta que los alimente. Sí viene el frío. Y con él, prevenimos y nos surtimos de forma colectiva y solidaria de calor y protección para todas aquellas personas que nunca tuvieron mucho y que ahora no tienen nada.

El frío de Madrid, está en grandes edificios, con cristales aclimatados, aire acondicionado para el verano y buenas calefacciones para el invierno. Está en las sedes de grandes empresas y multinacionales, que no pagan impuestos en nuestro país, en una mascarada de banderas ortopédicas que dejan fuera los servicios públicos esenciales, pero sobre todo en el odio, en el odio manifiesto y repugnante hacia los más débiles. Sí hacia esas madres que llevan a sus hijos en el pecho y a las que les roban su presente, su futuro. A las que no dan ningún abrigo o manta con la que calentarse. Son los ladrones de siempre, la élite que nos roba nuestra fuerza de trabajo, que deja nuestros barrios tiritando de frío, por falta y ausencia de equipamientos y de servicios que den abrigo, comida y mascarillas en tiempos de pandemia. Se visten de caridad y logros cacareados en titulares. No tienen vergüenza. Nunca la conocieron. No saben lo que es el esfuerzo. Ellos que tanto alardean de una cultura del esfuerzo.

Nuestra Casa Vecinal, contra corriente, contra viento y marea, pero con el esfuerzo solidario y amigo, trabajamos para que el sol del mediodía, aunque nublado llegue a todos. Conocemos a diario, gente maravillosa, que nos trae las mantas de la solidaridad, la ropa de bebé que abriga, los abrigos del crudo invierno, la lana hecha jerséis y todas las prendas necesarias para sobrevivir. Se van dando cita zapatos, botas, zapatillas de invierno. Tenemos un ropero organizado por edades. El sol del mediodía se hace presente en nuestra labor comunitaria y de vecindad. No es azaroso que el sol, aparezca en solidaridad. Una causa común en la lucha por los pobres de la tierra, de todas las tierras.

Ayer vino una nena de 4 años con su madre. Se llama África. África entera cabe en nuestra Casa Vecinal. Sus ojos negros de azabache, nos guían. Son nuestra bandera para seguir resistiendo activamente. Ayer también vino un mejicano. Su presencia, trajo consigo otras, con voluntad de cambio, de ir preparando próximas campañas.

Así ahuyentamos el frío en la Casa Vecinal de Tetuán.