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El poder contra las asociaciones de trabajadores en Francia antes de la Revolución


Un ejemplo de Lettre patente de 1810 / Wikipedia. Un ejemplo de Lettre patente de 1810 / Wikipedia.

Tradicionalmente, se considera la Ley Le Chapelier de 1791 en la Francia revolucionaria, y las Combination Acts británicas de 1799-1800 como las primeras disposiciones contra la asociación de trabajadores, nacidas con el fin de luchar por sus derechos laborales y/o salariales, y que reflejaban la filosofía del liberalismo económico, profundamente individualista, y contrario a los gremios, corporaciones o a cualquier tipo de asociación que pudiera influir en la relación laboral entre un patrón y un trabajador. Pues bien, antes del triunfo de la burguesía y de la Revolución Industrial contamos con una legislación en Francia que combatía ya estas asociaciones.

La primera referencia que hemos encontrado en donde se prohibía la coalición de trabajadores aparece en las conocidas como las Ordenanzas (edicto) de Villers-Cotterêts, que se promulgaron en el verano de 1539, en tiempos del rey Francisco I. Se trata de uno de los textos legislativos más antiguos de Francia.

En las Ordenanzas se prohibía al conjunto de maestros, compañeros y servidores de todos los maestros (¿aprendices?) que llevasen a cabo cualquier tipo de asamblea o asociación del tamaño que fuera, por cualquier razón, además de impedir que pudieran llegar a cualquier tipo de acuerdo sobre asuntos relacionados con su oficio, bajo pena de confiscación de personas y bienes.

Esta cuestión se recogería después en otras posteriores del mismo siglo, y en el Código Michaud. Este código fue promulgado en tiempos de Richelieu, y regulaba la industria, el comercio y otras actividades, además de establecer pesos y medidas.

Pues bien, en el siglo XVIII con el aumento de la tensión laboral, se renovó el ataque del poder a estas asociaciones. En este sentido fueron fundamentales las Lettres Patentes, del 2 de enero de 1749. Las Cartas Patentes eran un acto legislativo del rey de Francia. Los estatutos de oficios y corporaciones se solían hacer con este tipo de documento. Y en este sentido, el de 1749 se refería a las asociaciones o coaliciones obreras. El texto es muy significativo de lo que estaba ocurriendo en la Francia decenios antes de que estallase la Revolución.

Al parecer, era relativamente frecuente que los trabajadores de fábricas y manufacturas abandonasen a los fabricantes y empresarios sin haber recibido permiso alguno para hacerlo, ni devolviendo los adelantos recibidos por sus salarios, llevando a cabo, y este es lo que aquí más nos interesa, asambleas, perjudicando a sus “amos” dándoles o privándoles de obreros e impidiéndoles tomar aquellos que pudieran convenirles.

Por eso el rey prohibía a todos los compañeros (seguramente, en referencia a los gremios) y obreros que se reuniesen con el “pretexto de su cofradía” o que se confabulasen para colocarse los unos y los otros junto a un dueño o abandonarle, y que obstaculizasen que los dueños escogiesen por sí mismos a sus operarios”.

En realidad, ¿no estaríamos hablando de una especie de proto-sindicatos, que, además, promovían y sostenían huelgas?

En este sentido, es muy interesante la consulta de un trabajo ya clásico, la monografía de Georges Lefranc, La huelga: historia y presente, de 1970, y que en España se publicó en 1972 por Editorial Laia.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.