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El PSOE ante el internacionalismo en 1900


Recién celebrado el Congreso de la Segunda Internacional en París en el otoño de 1900, ahora hace 120 años, se publicó un artículo de opinión en El Socialista que hacía una reflexión sobre el internacionalismo y acerca de lo que en la capital francesa se había decidido sobre la organización, y que rescatamos para seguir ahondando en la dimensión internacional del socialismo español, un asunto que sigue mereciendo mucha más atención. Además, permite comprobar la conexión del PSOE con las ideas generales del socialismo europeo en esta cuestión fundamental.

Para el socialismo español el internacionalismo siempre existió. Sus cimientos se habrían puesto en 1864 en Londres, había avanzado en 1866 en Basilea, y aunque desapareció como organización, pervivió en el espíritu de los socialistas y de los obreros.

La Primera Internacional, en opinión del periódico socialista, no pudo sobrevivir porque había estado compuesta por fuerzas heterogéneas. Solamente podían avanzar unidos los elementos que estuvieran de acuerdo con los medios y los fines. La Primera Internacional cayó no por la represión de los gobiernos sino por las divisiones internas. Pero tuvo el mérito de despertar a la clase trabajadora, de darle a conocer su importancia, en una palabra, de fortalecer la conciencia de clase.

El movimiento obrero se dividió claramente en tres facciones, según este análisis. Un primer sector decidió luchar en lo económico, sin abandonar a los antiguos partidos en la cuestión de la lucha política. Podríamos pensar, que se aludía al mundo británico, donde los sindicatos daban la batalla en lo económico, y los obreros que podían votar estaban vinculados más hacia el Partido Liberal con los diputados lib-lab. La segunda “fracción” era la de la lucha económica exclusivamente, arremetiendo contra la política, es decir, el anarquismo. Y, por fin, el tercer grupo, el socialista. El Congreso de la Haya había dejado clara la división, aunque en dos grandes grupos, el libertario y el socialista, y especialmente en el mundo latino. El artículo criticaba, como no podía ser de otra manera, la primera opción sin nombrarla, pero está claro que aludía a la misma al hablar del grupo de los que creían en los “golpes audaces” y no en “la tenacidad y la persistencia”.

Entre 1872 y 1889 no hubo Internacional, pero los Partidos Socialistas se prestaron apoyo en sus campañas, y mantuvieron siempre la comunicación ente ellos.

Aunque los Congresos comenzaron en 1889, pero no había sido hasta el de 1900, como expresaba el artículo, que se había avanzado claramente en lo organizativo, al crearse en el mismo el Comité Internacional, de ahí la causa de que se publicase, a nuestro entender, este artículo, justo al terminar dicho Congreso parisino, para explicar este cambio organizativo fundamental.

Según los socialistas españoles dicho Comité no se parecía al antiguo Consejo General de la Internacional, que habría tenido “atribuciones un tanto autocráticas”, aunque había sido el cerebro de todo el movimiento. No, el Comité Internacional vendría a ser un organismo coordinador, con una tarea cohesionadora hacia los Partidos Socialistas, pero éstos mantendrían su independencia. Para el PSOE la función “modesta” del Comité aseguraba el éxito de su funcionamiento. Seguramente, se estaba aprendiendo de la experiencia pasada, de los grandes proyectos que habían naufragado. Se trataba de ser eficaz, de constituir una secretaría que recibiera informes, y de delegados en cada país que mantuvieran correspondencia con la misma y que se reuniesen cuando las circunstancias lo exigieran, además de publicar manifiestos.

Esa “modestia” venía corroborada por los pocos fondos de los que dispondría el Comité.

Los socialistas españoles elogiaban que el Comité tuviera su sede en Bélgica porque era un país que reunía buenas condiciones, con un gobierno liberal, y un partido socialista unido y fuerte (recordemos que, curiosamente, era el único partido socialista que no llevaba ese término en su nombre, sino el de obrero, nada más). Así pues, no había riesgo de persecuciones ni divergencias de criterio entre los socialistas. Los socialistas españoles se felicitaban porque se hubiera elegido a los belgas Eduardo Anseele y Emilio Vandervelde para dirigir el Comité.

¿Y el PSOE? Pues los socialistas españoles avisaban que, aunque España ocupaba un lugar modesto en el movimiento obrero, sabría estar a la altura de las circunstancias, y se beneficiaría del nuevo organismo. El Partido Socialista sería más conocido, desapareciendo los equívocos que, al parecer, se habían creado en el pasado.

Hemos trabajado con el número 763 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.