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Las fuerzas monárquicas entre 1930 y 1931

José Sánchez Guerra / Wikipedia José Sánchez Guerra / Wikipedia

Los monárquicos desde la caída de Primo de Rivera hasta la proclamación de la Segunda República se encontraban muy divididos. En primer lugar, los partidos dinásticos -conservador y liberal- estaban prácticamente muertos. Ya habían arrastrado una vida política muy inestable antes del golpe de 1923, escindidos en fracciones vinculadas a distintos líderes, destacando en el conservadurismo el heterogéneo grupo de los mauristas, que terminaron nutriendo distintas derechas posteriores de diverso signo.

Durante el régimen de Primo miembros de estos partidos dinásticos, especialmente los conservadores, habían ingresado en la Unión Patriótica, el movimiento político que creó el dictador cuando pensó en institucionalizar la Dictadura, pero los principales líderes desarrollaron un evidente rechazo al nuevo régimen por seguir siendo fieles al principio constitucional. Es más, algunos fueron reprimidos, como Sánchez Guerra, Santiago Alba y el conde de Romanones.

Pues bien, al iniciarse 1930 hubo intentos de que resurgieran los partidos dinásticos, y de recomponer su influencia electoral con los viejos mimbres del caciquismo, pero las circunstancias políticas del país eran distintas a las de 1923. Eso no quiere decir que el caciquismo hubiera muerto, ni mucho menos, ya que funcionó relativamente bien en las elecciones municipales de abril de 1931, como lo demostraría la victoria de los monárquicos en el ámbito rural frente a su completa derrota en el urbano.

Pero, además, en ese viejo ámbito dinástico de los partidos resurgieron las divisiones, y más cuando cada líder manifestó ideas distintas sobre cómo había que afrontar la nueva etapa y sobre el futuro de la Monarquía. Destacados personajes del viejo sistema político iniciaron un intenso debate sobre estas cuestiones. Unos, siendo monárquicos, como Sánchez Guerra, criticaban abiertamente la actitud de Alfonso XIII, mientras que otros, como Ángel Ossorio, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura abandonaron sus ideas monárquicas para defender una salida política republicana. Otros, por fin, como Romanones aceptaron participar en los intentos de normalizar constitucionalmente la Monarquía.

Por otro lado, es importante destacar que, al menos, en el ámbito urbano, las bases sociales del viejo sistema de partidos estaban abandonando la causa monárquica. La clase media española estaba inclinándose por la República, habida cuenta del desprestigio de la Monarquía, que había unido su suerte a la de un régimen autoritario y que ahora quería volver a la senda constitucional.

En este clave momento histórico en el que todos los sectores políticos se estaban moviendo surgieron nuevas formaciones políticas. En primer lugar, estaría el Bloque Constitucional, formado en marzo de 1930 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, más algunos sectores liberales y conservadores afines a Sánchez Guerra, Burgos Mazo y Bergamín. Pero el Bloque ante todo una tertulia o grupo de opinión de políticos prestigiosos sin base social alguna, como un partido de cuadros, de una época pasada en relación con los partidos. Los miembros del Bloque eran monárquicos, pero críticos con la situación a la que el rey había llevado a la Monarquía, y no se encontraban muy lejos de los republicanos más moderados. Defendían la abdicación de Alfonso XIII, la exigencia de responsabilidades por el establecimiento de la Dictadura y la convocatoria de unas Cortes Constituyentes.

No muy alejado de los anteriores estaría el grupo más dinámico del sector político dinástico español. Se trataría del Centro Constitucional, creado en marzo de 1931. Esta formación nació de la convergencia de la Lliga Regionalista, algunos mauristas y de otros grupos regionalistas. El Centro Constitucional estuvo dirigido por Cambó y por Gabriel Maura. Defendía la monarquía parlamentaria, un programa político reformador y descentralizador, como no podía ser de otra manera al promoverlo los catalanistas. Podría haber sido una baza importante para el mantenimiento de la Monarquía, pero llegaba muy tarde, apenas semanas antes del final de la misma.

En el otro extremo del grupo de fuerzas dinásticas estarían los herederos de la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera. Esta formación se transformó en la Unión Monárquica Nacional, presidida por el conde de Guadalhorce. Entre sus líderes destacarían José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu y José Antonio Primo de Rivera. Eran ultraconservadores y se empeñaron en defender la obra del dictador, además de ser muy críticos con el gobierno Berenguer. Querían una reforma constitucional en un sentido plenamente autoritario. Más a la derecha estaría un grupo de formaciones de escaso peso: el Partido Nacionalista Español de Albiñana, el Partido Laborista de Eduardo Aunós, y la Juventud Monárquica Independiente de Eugenio Vegas Latapié. Muchos de estos nombres los veremos en la derecha más combativa de la época de la República, y en el bando franquista en la guerra.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.