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El Instituto Antituberculoso de las Peñuelas hacia 1931 desde la perspectiva socialista

En el último trabajo que dedicamos en El Obrero sobre la preocupación socialista por la tuberculosis en 1930, aludíamos al elogio que se hacía del Instituto Antituberculoso de las Peñuelas en el distrito madrileño de la Inclusa, del doctor Verdes Montenegro. Pues bien, queremos seguir ahondando en esta cuestión, y reproducimos el artículo que A. García escribió para El Socialista en junio de 1931, que explicaba cómo funcionaba dicha institución en una visita que realizó el autor:

“Hace tres años que en la popular barriada de las Peñuelas el doctor don José Verdes Montenegro, con la valiosa ayuda de Paco Segovia, el cual puso a la disposición del conocido tisiólogo un local lo más apropiadamente posible para el efecto que se perseguía, estableció un Dispensario antituberculoso en la planta baja del número 19 de la calle de las Peñuelas. El doctor Verdes Montenegro sabía que era el distrito de la Inclusa el que mayor contingente de tuberculosos daba de los diez de Madrid, y toda su ilusión consistía en implantar un Instituto en el que a los vecinos se lee prestase una activa asistencia.

Se inauguró el Instituto, acudiendo tal cantidad de enfermos, que bien pronto se vió que el local era pequeñísimo.

Nuevamente se pusieron de acuerdo el doctor Verdes Montenegro y Paco Segovia y se acordó trasladar el Dispensario a la calle de Ercilla, 7, donde en la actualidad se encuentra, en un local construido al efecto, en el que no falta el más insignificante detalle, haciendo de él un modelo de esta clase de establecimientos.

La labor del doctor Verdes Montenegro, ayudado eficazmente por beneméritos profesores, ha sido magnífica y de gran utilidad para los vecinos de este castigado distrito.

Modestamente, sin apenas darse a la publicidad, se está llevando a cabo en este Dispensario una activa campaña que está dende magníficos resultados.

Acompañados del doctor Verdes Montenegro hemos recorrido todas las dependencias, quedando gratamente impresionados; y como esto creemos debe conocerlo el público, ya que el propósito es de que en cada distrito exista un establecimiento como el que nos ocupa, vamos a dar a nuestros lectores una ligera impresión de lo que hemos visto.

Se dedica este centro exclusivamente al diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis pulmonar en el niño y el adulto. Admítense únicamente enfermos del distrito de la Inclusa, y reconocido un enfermo, se reconoce también a todas las personas que conviven con él, para averiguar su estado, y se investigan las ocasiones de contagio que el enfermo ha podido tener, para ver de sanear, cuando es posible; el foco de donde proviene. En la casa del enfermo se procura el relativo aislamiento de éste, para preservar a su familia.

Con este objeto, las enfermeras visitadoras del Instituto estudian la casa del enfermo y. sacan un plano de la habitación, fijándose principalmente en la disposición de las alcobas y en el número de individuos que duermen en pada una de ellas. En los casos en que, para mejor distribución de la familia y aislamiento del enfermo, se necesitan camas o ropas, el Instituto se las proporciona par mediación de la señorita María Benavente, hija del ilustre médico del mismo apellido, de la que dependen también las enfermeras vis¡tadoras, que tan importantes servicios vienen prestando al Instituto en su obra de prevención de la tuberculosis.

Las enfermeras no se limitan a tornar datos de la casa del enfermo, sino que aconsejan a la familia las modificaciones que deben hacer en ella y hasta personalmente, cuando les es posible, las dirigen y realizan. También regalan a las familias las escupideras necesarias de un modelo barato y fácilmente desinfectable que ha adquirido el Instituto.

Está reconocido que este relativo aislamiento del enfermo en su propia casa, que puede lograrse por la organización del Instituto, disminuye la frecuencia de les contagios y evita muchas veces la difusión de la tuberculosis en la familia o la permite en formas más leves de las que sin este cuidado se producen.

Los tres primeros días de la semana son reconocidos los enfermos que se presentan por primera vez. A todo enfermo sospechoso de tuberculosis se le hace radiografía, la cual en el curso de su enfermedad, se repite cuantas veces se cree- necesario. Se hace también análisis de sangre, estudio de la velocidad de sedimentación, de tan alto interés pronóstico, y se examina la expectoración de todo enfermo que la tiene.

Reconocido un enfermo como tuberculoso, se invita a todas las personas que viven en su casa a ser reconocidas también y sometidas a las mismas investigaciones para poner en claro si tienen manifestaciones tuberculosas activas y deben ser sometidas a tratamiento.

Los últimos días de la semana se sigue el tratamiento de los enfermos ya vistos y se reconoce a los convivientes. Los enfermos son sometidos a los distintos medios de tratamiento de la tuberculosis, incluídos el neumotórax y la freniceptomía, que se practican en el Instituto.

En la consulta de niños son admitidos todos por la frecuencia con que la infección tuberculosa se presenta en la infancia. Todo niño es sometido a la cutirreacción para averiguar si ha sido ya infectado, y también se le radiografía y hace objeto de las investigaciones de laboratorio necesarias. Cuando un niño da la evidencia de haber sido infectado, las enfermeras visitadoras estudian la casa, y los que conviven con el enfermo son reconocidos también, como se hace con los enfermos adultos, para averiguar de dónde procede la infección que el niño revela. Los niños enfermos son sometidos igualmente a los medios modernos de tratamiento.

El Instituto ha realizado en los dos primeros años de su vida una gran propaganda higiénica en el distrito de la Inclusa, habiéndose dado un gran número de conferencias de divulgación en las principales escuelas de la zona. En el último año se han dado sesiones de cine educativo que interesan más al público que una disertación, y existe el propósito de celebrar en el curso próximo sesiones de cine periódicas que ilustren al público de la Inclusa sobre la práctica de la Higiene.

El cuadro de profesores está integrado por conocidos especialistas. Además del doctor Verdes Montenegro, figuran los doctores Blanco, Crespo y Partearroyo, dedicados al estudio de la tuberculosis pulmonar; los doctores Garelly y Monereo, consagrados al reconocimiento de los niños. El doctor Ager se dedica a los enfermos de garganta, nariz y oídos. Los doctores Arce y Miñana están encargados de la sección de Rayos X, y el doctor Eleizegui, del Laboratorio.

Tiene también el instituto una sección dedicada al cuidado de la boca, que 'tanta importancia tiene en la previsión de las enfermedades, y a la que se dedica el odontólogo señor Miegimolle.

Figuran como profesores auxiliares los doctores Camarena, Castañon, García Moreno, Iglesias, Martínez, Retes, Reñina, Vega y Velasco. Son enfermeras del Instituto doña Alejandra Soria y doña Isabel Martínez, y enfermeras visitadoras las señoritas Pura Martínez e Isabel Lirón.

Ninguno de los profesores del Instituto tiene sueldo. Todos ellos trabajan gratuitamente. Solicitados por el doctor Verdes Montenegro para crear un Dispensario antituberculoso a la moderna, en vista del deplorable atraso de las Dispensarios que sostenía el real Patronato, hoy disuelto, los mencionados profesores se unieron para realizar esta obra y triunfaron en ella. El Instituto antituberculoso dé las Peñuelas fué reconocido desde los primeros mementos como el mejor, de los Dispensarios de Madrid, y en ese puesto sigue, que ningún otro puede disputar e. En el cuerpo médico, la reputación del Instituto es grande, y la labor realizada en los tres años de vida le ha granjeado en el distrito al que dedica la simpatía de toda la clase menesterosa.

Solamente se limita el número de enfermos nuevos, para que la cantidad no perjudique al detenimiento con que en la primera observación hay que recoger toda clase de datos. Por lo demás, el número de enfermos atendidos todos los días es considerable y escila entre 6o y 80. El número de análisis y de radiografías que se hacen corresponde a esta proporción. De las radiografías se da al enfermo una copia para que cualquier médico que le vea pueda formarse idea de la importancia de sus lesiones.

La Dirección general de Sanidad ha concedido una subvención al Instituto. El Ayuntamiento de Madrid le concedió también este año una subvención de 5.000 pesetas; pero es preciso que se tenga en cuenta la provechosa labor que en él se viene realizando, para que se le otorguen mayores cantidades, con las que pueda ampliar los servicios que actualmente disfrutan los vecinos del distrito de la Inclusa.

A. GARCÍA.”

Hemos consultado el texto del número 6978 de El Socialista.

Podemos consultar los trabajos que hemos publicado en El Obrero: “Los socialistas y la lucha contra la tuberculosis en 1930”, (agosto de 2020) y “Manuel Cordero y el problema social de la tuberculosis (1929), (julio de 2020).

Sobre la lucha contra la tuberculosis en España podemos acercarnos a la tesis doctoral de María del Carmen Palao Ibáñez, La lucha antituberculosa en España, (1874-1958): medios de comunicación, sociedad y sanidad, UCM, (2017), y que podemos consultar en la red, siendo interesante porque explica dicha lucha desde la historia de la comunicación social.