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Los socialistas españoles y el Plan Marshall

Llopis en un congreso socialista en Ámsterdam celebrado en septiembre de 1963 / Wikipedia Llopis en un congreso socialista en Ámsterdam celebrado en septiembre de 1963 / Wikipedia

El PSOE se interesó mucho por el Plan Marshall desde el mismo momento de la famosa conferencia que pronunció su promotor en Harvard el día 5 de junio de 1947, y muy especialmente en relación con la celebración de las Conferencias de París en ese mismo verano.

Puede parecer interesante conocer la opinión de los socialistas, vertidas en El Socialista, en este contexto de la cuestión de las ayudas europeas en plena pandemia del Covid-19, aunque los momentos históricos no son iguales, ni mucho menos, pero encontramos algunas referencias que podríamos calificar de sugerentes, especialmente en lo referente a la importancia de que los ciudadanos se beneficiaran de la ayuda en sí.

El socialismo español demostró un claro apoyo al Plan, pero en clave de izquierdas, como apuntábamos antes, ya que la necesaria reconstrucción europea debía llevar a la transformación del sistema capitalista, algo complicado viniendo de Estados Unidos, aunque, en realidad, lo que se estaba defendiendo era que los trabajadores debían recibir los beneficios de dicha reconstrucción. Pero también realizaron una lectura de lo que se avecinaba en clave española sobre la necesidad de que Franco no recibiera ayuda alguna para terminar su dictadura, pero sin olvidar al pueblo español, necesitado de ayuda.

Rodolfo Llopis publicó una nota en el periódico socialista a finales de junio de 1947 a propósito de la conferencia de Harvard porque, en su opinión había despertado un enorme interés mundial. En la línea del espíritu de lo que allí expuso Marshall, el secretario general del PSOE consideraba que la creación de lazos económicos reducía la posibilidad de choques entre los pueblos, seguramente pensando en lo que había ocurrido en la otra posguerra mundial. Pero también quería hacer una lectura española de lo que se estaba anunciando. España era un elemento fundamental en el tablero europeo continental, pero, sobre todo, necesitaba y merecía ser reconstruida. El problema era que la España franquista no tenía derecho a dicha ayuda porque era un régimen fascista, estigmatizado por la ONU. La España franquista constituía, por lo tanto, un obstáculo. Si la iniciativa norteamericana buscaba asentar definitivamente la democracia, tendría que ayudar a la España democrática para que se recobrarse y solucionar los problemas económicos que padecía a causa del fascismo. En ese momento, además, la pervivencia del franquismo suponía, siempre según Llopis, una contradicción en la política de las democracias. Lo que el socialismo español estaba defendiendo era que el establecimiento del Plan Marshall podía ser un factor clave para que España caminara hacia la restauración democrática. No debemos olvidar que el proceso inicial del Plan coincidió con un conjunto de acontecimientos internos españoles e internacionales muy destacados. En primer lugar, estaba el referéndum sobre la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, junto un fuerte recrudecimiento de la persecución a los socialistas en el interior, con la segunda Comisión Ejecutiva, reconstruida en la clandestinidad, ante los tribunales franquistas. También fue el momento de la rápida réplica de Llopis, a la sazón, presidente del Gobierno de la República en el exilio a la entrevista que United Press había realizado a Franco, seguida por una segunda entrevista en relación con la cuestión de España y el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese momento, por fin, se habían publicado las respuestas de la consulta enviada desde las Naciones Unidas a los países miembros sobre la resolución de diciembre de 1946 en relación con la retirada de embajadores en España, negándose solamente dos países a dicha retirada (Argentina y la República Dominicana).

El Socialista dedicó un extenso artículo a propósito de la Conferencia de París donde soviéticos, franceses y británicos trataron sobre el Plan que había anunciado Marshall y que, como sabemos, terminó con la negativa de Moscú. Como decíamos, los socialistas se mostraron abiertamente partidarios del Plan porque consideraban que se trataba de asentar las bases de la nueva economía europea sobre principios racionales, y, sobre todo, sobre una suerte de federalismo que debía armonizar los intereses nacionales, superando las rivalidades comerciales, con el fin de asegurar la prosperidad general. Era, por lo tanto, un momento histórico, y así se interpretó desde el PSOE. El capitalismo en su desorden había demostrado que no había podido reconstruir Europa después de la guerra. En este sentido, debemos recordar que ya hacía dos años que había finalizado. Por otro lado, las barreras fronterizas aduaneras no habían servido tampoco, ya que cada país había intentado sistemas más o menos autárquicos o la adopción de políticas de exportaciones de productos que les eran, realmente, necesarios, con el fin de adquirir divisas, provocando miseria en el interior. Los socialistas españoles estaban defendiendo, en realidad, una unión europea, con esa idea federal, y el Plan Marshall suponía la primera gran etapa en ese camino.

El proceso federal suponía ceder parte de la soberanía nacional en favor de un organismo internacional encargado de administrar los intereses comunes europeos, y en aras de un interés colectivo frente al interés particular de cada estado, con el fin de organizar de forma equilibrada la economía. Y lo primero había que reconstruir el sistema productivo, y ahí entraba el Plan Marshall.

Pero como buenos socialistas había que hacer algo más en ese momento histórico, más que la propia reconstrucción, también era imprescindible la transformación del sistema capitalista. Y aquí entraba el factor trabajo. La clase trabajadora, según el PSOE, no estaría dispuesta a emprender la reconstrucción que suponía el Plan si los beneficios de la misma se destinaban a amasar grandes fortunas, mientras los obreros seguían viviendo en la miseria. La guerra había demostrado las contradicciones del capitalismo y la arbitraria distribución de la riqueza.

En relación con lo que hemos denominado la “lectura española”, el artículo aludía a las declaraciones de Bidault que consideraba que solamente la España franquista debía quedar excluida de la ayuda, lo que hacía concebir la esperanza de que si Franco se veía privado de este apoyo económico, se facilitaría la tarea de restablecer la República.

El periódico socialista siguió dedicando atención a estos primeros momentos de discusión del Plan sobre las dos perspectivas que estamos considerando, incluyendo una editorial en el número del 11 de julio, donde se insistía en el interés que había despertado en el PSOE la conferencia de Harvard. Pero este artículo dedicó más atención al fracaso de la Conferencia de París, ya que, como es sabido y hemos indicado, la URSS terminó por no aceptar el Plan Marshall. En todo caso, los socialistas españoles seguían teniendo esperanzas en que apareciera una nueva coyuntura que hiciera que los soviéticos se incorporan al plan de reconstrucción.

Tanto si la URSS participaba o no, a España no se la podía ignorar, uno de los países que más necesitaba ayuda, tanto por los destrozos de la guerra como por los efectos de la política económica franquista, según los planteamientos socialistas. Pero España no podría incorporarse al Plan ni a ningún otro de cooperación internacional si persistía la dictadura. La primera ayuda que necesitaba sería su liberación. La dictadura franquista era considerada un obstáculo para la reconstrucción de España y también de Europa.

Pero los socialistas insistían en que había que diferenciar el régimen franquista del pueblo español, en un editorial del siguiente número de El Socialista. La exclusión de España decretada en la Conferencia de París suponía la voluntad de ignorar al régimen, pero este portazo debía ir acompañado de una declaración inequívoca de ayuda al pueblo español. La Conferencia podía y debía hacerlo a través del Gobierno de la República, considerado el único legítimo de España.

Hemos trabajado con los números siguientes de El Socialista: 5366, 5367, 5368, 5369, y 5370.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.