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“De cómo trata la patria agradecida á sus héroes anónimos”, los repatriados de Cuba

En un anterior artículo estudiamos la crítica socialista hacia el caso concreto de la repatriación de los soldados enfermos de la Guerra de Cuba en el lazareto de Oza en A Coruña, a primeros de septiembre de 1898. Pues bien, en ese mismo mes, en el número siguiente de El Socialista (653) y en la misma sección de “La Semana burguesa” se intensificó dicha crítica.

El periódico se hacía eco de las noticias que le llegaban como si se quisiera hacer una historia de la repatriación cuyo primer capítulo debería titularse:

“De cómo trata la patria agradecida a sus héroes anónimos”.

Un corresponsal informaba que en el lazareto de San Simón (Vigo) había 414 enfermos, y que la mayor parte de los repatriados llegaban descalzos y algunos se cubrían con mantas. Por su parte, el “Isla de Luzón” llevaba 700 soldados, que no cabían, fondeando el barco a media milla de San Simón.

Otro corresponsal explicaba que había hablado con un oficial repatriado, que llegó a afirmar que mejor hubiera sido morir defendiendo Santiago de Cuba, que pasar lo sufrido en el campamento norteamericano de prisioneros, donde murieron más soldados que en el combate.

El trato en el viaje había sido, por lo demás, muy malo. El pan estaba tan duro que muchos lo arrojaban al mar. El bacalao era condimentado sin haberlo desalado antes, generando más sed que la fiebre que muchos padecían.

El recibimiento a un tren de repatriados en la madrileña Estación del Norte había sido muy deficiente. Las salas de descanso y otras dependencias se encontraban cerradas y no había vehículos para trasladar a los que no podían ponerse en pie. Tampoco hubo autoridad alguna para recibirlos. Así pues, los repatriados tuvieron que salir de la Estación por sus propios medios. Al parecer, el espectáculo que ofreció la Cuesta de San Vicente, al lado de esta Estación, había sido impresionante, con soldados que caían en plena calle por no poder seguir caminando. Algunos estuvieron cierto tiempo deambulando solos por las calles de la capital.

Un espectáculo semejante se vivió en León, con soldados “anémicos y sin fuerzas ni para apearse de los coches”. Los que desembarcaron en A Coruña fueron atendidos por la Cruz Roja con una cantidad de 20 pesetas, pero los precios de la cantina del lazareto eran tan altos, que en muy breve espacio de tiempo los ingresados se habían gastado la cantidad donada.

Los soldados repatriados que debían marchar a Andalucía de donde eran naturales se quejaron porque debían emprender el largo viaje sin recursos. Pero, además, La Voz de Galicia informaba como había proliferado la picaresca en la Estación de ferrocarril a través de los vendedores (“estafadores”) ambulantes, vendiendo alimentos de mala calidad y a precios desorbitados. El periódico gallego se quejaba de que no había vigilancia para evitar estos abusos.

Por su parte, El Norte de Castilla (Valladolid) criticaba la forma en la que habían sido recibido los repatriados. Los socialistas elogiaban el esfuerzo de este periódico para enfrentarse a la censura general.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.