Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

El problema sobre la política exterior según los socialistas catalanes en 1945

En el segundo número de Endavant, de 25 de marzo de 1945, y ya con el subtítulo que definiría las características del Moviment Socialista de Catalunya, es decir, “Federació, Democracia, Socialisme”, se incluía un editorial extenso sobre la política exterior de Franco, que nos interesa analizar no tanto por su opinión sobre la posición de la dictadura justo cuando se estaba terminando la Segunda Guerra Mundial, asunto que dejamos para un artículo posterior, sino por la interpretación y la crítica que se vertía en el texto acerca del supuesto desinterés que la izquierda española y el nacionalismo catalán habían desarrollado hacia la política exterior desde el pasado, un asunto que nos parece tiene interés porque aporta datos, desde la perspectiva del socialismo catalán en el exilio, que pueden ayudarnos a desarrollar un tema que, creemos, no está muy trabajado por la historiografía. Es cierto que ya se han explicado los problemas que el Estado español tuvo en materia de política exterior desde los tiempos de la Revolución liberal, como son los derivados del escaso peso del país en el contexto internacional, o, ya en tiempos de la Segunda República, cuando republicanos y socialistas se centraron en la ingente tarea de reformar todo o casi todo, dejando la política exterior en un muy segundo plano, a pesar de lo que estaba ocurriendo en el período de entreguerras. Pero importa ahondar en lo que pensaban partidos y movimientos sociales de las primeras décadas del siglo XX sobre la política exterior, es decir, acerca de si este asunto se encontraba en algún lugar relativamente importante de sus programas. Por nuestra parte, estamos empeñados en el estudio de la dimensión internacional del PSOE que, en principio, por su vinculación internacionalista podría haber desarrollado un gran interés, pero por ahora no hemos llegado a una tesis concluyente.

El artículo comenzaba expresando que la Península (España) era uno de los países donde la opinión pública había estado menos interesada por la política exterior de sus gobiernos. A lo sumo, había habido un interés por los movimientos de opinión internacionales, pero no era lo mismo. Esa despreocupación había provocado terribles consecuencias en muchas ocasiones. Para el caso de Cataluña se partía del escarmiento que se había padecido en esta materia a raíz de 1714.

El texto hacía una crítica a las organizaciones obreras por no haber sido más responsables. Cuanto más revolucionarios eran sus líderes más habían tratado esta cuestión con ligereza. Muchas de esas organizaciones y líderes liquidaban las relaciones internacionales del país, tanto las que se desarrollaban en el plano diplomático, como en los ámbitos económicos o culturales, con el argumento de ser manifestaciones de la actividad del capitalismo o del imperialismo. La actitud era calificada como infantil y hasta derrotista, olvidando que les afectaba igualmente que a la considerada “classe antagónica”.

Al parecer, el nacionalismo catalán, siempre según esta interpretación, no sólo no se había visto ajeno a esta tendencia del movimiento obrero, sino que había sido protagonista de la incomprensión por la política exterior, demostrando un evidente provincianismo. Se señalaba que si se hubiera tenido verdadera conciencia nacional se habría desarrollado un interés evidente por esta materia, como uno de los intereses determinantes para Cataluña.

Así pues, se manifestaba una fuerte crítica tanto hacia el nacionalismo catalán, como hacia el movimiento obrero y el republicanismo. Los intelectuales tendrían una gran responsabilidad en esta desidia, porque habrían contribuido a generar la confusión entre afinidades y simpatías con ideas y regímenes políticos en el mundo con las necesidades reales vinculadas con las condiciones políticas, económicas y geográficas.

El ataque se basaba, como estamos comprobando, en una interpretación que podríamos calificar de pragmática sobre la necesidad de atender y entender lo que era la política exterior de un país. Para demostrar la importancia de esta cuestión se aludía a la Historia desde el siglo XIX, interpretando que las guerras civiles y golpes de estado (“cuarteladas”) tuvieron una dimensión internacional además de ser episodios internos. La “triste” política colonial, el peso de las inversiones de capital extranjero en el proceso de industrialización del país, las cuestiones relativas a la política de exportaciones, la dependencia exterior de la producción agrícola e industrial, o las crisis económicas tenían que ver con el desinterés por la política exterior que había de realizar el Estado.

El periódico aludía a un hecho concreto de la época de la República, en el momento en el que Herriot visitó España. Los partidos obreros y muchos republicanos habían puesto el grito en el cielo porque como se había hecho constar en la recientemente aprobada Constitución que se había renegado del recurso de la guerra, no era necesario firmar pacto exterior alguno que llevara a España a alguna guerra, pero ésta había llegado al final.

Por eso, lo que ahora se iba a desarrollar en relación con la política exterior franquista en la hora de la paz tenía que ser de un gran interés, y no como un asunto que solamente incumbiese a Franco. Toda la interpretación y crítica anteriores conducían a una llamada de atención sobre la importancia de la política exterior en la primavera de 1945. No olvidemos que, en el número cuarto, ya en mayo, Endavant proclamaba el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero también que la guerra continuaba en la península Ibérica, por lo que parecía evidente que todos se preocuparan de la política exterior.

Además de consultar el número 2, hemos trabajado también con el 4 de Endavant.