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El asesinato de Giacomo Matteotti a manos de fascistas “supuestamente incontrolados”, fue el acta de defunción de la democracia italiana


Yo he pronunciado mi discurso. Ahora a vosotros

os toca prepararme la oración fúnebre

Palabras de Matteotti, tras pronunciar uno de sus

últimos discursos contra Mussolini en el Parlamento.

El fascismo no sólo representó en el pasado un peligro letal para la democracia sino que lo sigue representando en el presente. Es esta una lección que no se aprende sin amargura. Es necesario, sin embargo, asimilarla con toda su crudeza. Ni ha desaparecido de Europa ni mucho menos de otros continentes, aunque pretendan convencernos de lo contrario.

El círculo de podredumbre y fango va creciendo entre la ignorancia de algunos, la indiferencia de otros y la comodidad culpable de quienes creen que lo atajaran en un futuro… pero que de momento, les viene bien que les haga el trabajo sucio.

El desconocimiento hacia la historia… es uno de los elementos que da alas a esta ideología totalitaria y repugnante. Hace el suficiente tiempo que concluyó la Guerra Civil en nuestro país y la segunda Guerra Mundial… para que con otras denominaciones, otra apariencia y un discurso tan peligroso como el de entonces, dirigido contra la inmigración, la mujer, la acogida de refugiados o los derechos humanos vuelva a escucharse… y lo que es peor, algunos inconscientes se lo tomen a broma o no le den importancia.

Hay un libro, de más de ochocientas páginas, que está siendo muy leído y comentado en Italia… y que está levantando controversias y una cierta polémica. Recientemente se ha traducido al castellano, su título es “M el hijo del siglo”, de Antonio Scurati, editorial Alfaguara. En 1919 obtuvo el prestigioso premio Strega.

Es una biografía un tanto “sui generis” de Mussolini, que se centra en el periodo de 1919 a 1924.También, constituye una radiografía fiel de los años de formación, consolidación y control del Estado por parte del fascismo. Son muy útiles los datos que aporta, así como las cartas, telegramas, noticias de la prensa de ese periodo, en el que tuvo lugar la marcha sobre Roma y el vil secuestro y asesinato de Matteotti a manos de elementos fascistas… pero cuya autoría intelectual dejar lugar a pocas dudas.

“M el hijo del siglo”, también, es un excelente ensayo que pone de manifiesto como en ciertos momentos históricos, una sociedad entera, decide ponerse de rodillas ante un dictador y secundar sus delirios de grandeza. Como han destacado revistas especializadas, es un libro tremendamente útil para reflexionar, para comprender una época de nuestra historia… y para recordar lo que pasó, con el fin de que no vuelva a suceder.

Otra conclusión que no podemos dejar de considerar… es que en los momentos en que se cierne la amenaza de un brutal mazazo, que puede acabar con las libertades e inaugurar una etapa dictatorial y sangrienta… la unidad de la izquierda es más necesaria que nunca. Las escisiones, la proliferación de pequeños partidos, los personalismos y las rivalidades intrapartidarias son una irresponsabilidad histórica notable que favorece y, mucho, el que ante tal cúmulo de ceguera y de errores, el fascismo tenga expedito el camino para hacerse con el control del Estado.

Giacomo Matteotti dio sobradas pruebas de inteligencia, de valor y, hasta puede sostenerse que aún estando convencido de cuál sería su trágico final, no se apartó un ápice del papel que se había auto-impuesto. En sus más de cien intervenciones en el Parlamento, denunció con ardor, inteligencia y brillantez las tropelías, la violencia, los crímenes y la brutalidad del fascismo, advirtiendo una y otra vez cuáles eran sus pretensiones y constituyéndose en un símbolo de la resistencia lúcida… hacia lo que se veía venir pero que cada vez era más difícil de detener.

El Parlamento no está sólo para controlar al Gobierno, está para denunciar y para exponer en él la voz de los que no tienen voz, de los apaleados, de los desaparecidos, de las casas y periódicos incendiados, de las infames palizas… y de la actitud cómplice y complaciente de quienes miraban para otro lado.

Con meticulosidad escribió y publicó un libro “Un año de dominación fascista” repleto de nombres y datos que en el momento de aparecer, se quedó corto porque habría que añadir nuevos actos devastadores y nuevos crímenes a los que figuraban en sus páginas.

Influyó, asimismo, para que fuera eliminado de forma tan drástica, la información que tenía –o que suponían que tenia- que viene a ser lo mismo, acerca de corrupciones, en las que elementos fascistas destacados estaban implicados, por ejemplo, las referidas a los chanchullos de las petroleras para, con la connivencia del Gobierno, llevar a cabo impunemente sus “negocios”.

Hay ocasiones en que el llamado dios de la historia, se comporta como una deidad sorda. Quienes practican una retórica hueca y grandilocuente sobre el destino de la historia, gustan de presentarse a sí mismos como hombres providenciales.

A veces, las bravuconerías y los desplantes ponen de relieve un carácter inmaduro y hasta paranoico, como si de un condotiero caprichoso se tratara.

El que tuviera enjaulado un cachorro de león, lo acariciara y le gustara presumir que olía a león, puede explicar lo que permanece en penumbra… pero sería útil conocer de Benito Mussolini, que llevó a cabo, nada menos que una auténtica demolición moral de los principios y valores de la sociedad italiana. Tenía, eso sí, “el olfato de un ave rapaz”, que en el momento más inesperado, tras olisquearla se arrojaba sobre su presa.

Todo esto debe servirnos de aviso. Entonces y ahora, los fascistas no son otra cosa que larvas que salen de los cementerios de la prehistoria. Mucho hablar de orden, jerarquía, disciplina, patria, valor y gloria… para acabar ocultando lo inconfesable y deformando y retorciendo la verdad, corroídos por discordias mal disimuladas, avaricias y una enfermiza adicción al poder. En definitiva, seres brutales que toman por la fuerza lo que desean.

Cometeríamos una insensatez si pensáramos que todo lo descrito pertenece a un pasado definitivamente muerto y sepultado. Desgraciadamente, en los tiempos líquidos del populismo post-democrático, si se les deja crecer, expandirse y fortificarse pueden reactualizar lo que creíamos definitivamente superado. Lo que consideramos erróneamente cómodas y luminosas avenidas pueden trastocarse, sin transición, en callejones sin salida de la historia.

El genial dramaturgo William Shakespeare, con su peculiar agudeza nos advertía de que el destino es quien baraja las cartas, pero quienes jugamos la partida somos nosotros, cometiendo las más de las veces… errores irreparables. Apelar una y otra vez a la historia es poco más que un recurso retórico. Su tantas veces invocada Esfinge, el tiempo ha acabado por dejar claro que es muda y sorda.

Hoy como ayer, solemos llegar tarde a las citas importantes. El cuerpo, en avanzado estado de descomposición, de Giacomo Matteotti, fue hallado semanas más tarde, en un bosque cercano a Roma.

Su gran ejemplo, que llega hasta nosotros, no es otro que la afirmación valiente de que nunca debe callarse, ni posponerse la defensa de la democracia, de las libertades y del parlamentarismo.

Este ardoroso demócrata nació en el seno de una familia acomodada y desde que en su juventud se aproximó al Partido Socialista, sufrió constantes desprecios, encarcelamientos y amenazas. Por ejemplo, durante la primera Guerra Mundial, sostuvo con ahínco que Italia debía permanecer neutral, motivo por el que fue encarcelado en la isla de Sicilia.

A veces, un gesto dice mucho de una persona. Cuando leí una de sus biografías me impresionó que donase una buena parte de su salario como diputado, para ayudar a sostener un orfanato de niños.

Fue impetuoso, sí, luchador y tenaz. De hecho, era conocido como “la tempestad”, que es lo mismo que decir, que era una fuerza desatada de la naturaleza. No puede extrañarnos, por tanto, que se opusiera y criticara públicamente la violencia y el matonismo de “los camisas negras” sabiendo el riesgo que corría.

Hemos comentado la irresponsabilidad de la izquierda y las pugnas propias de una inconsciencia que ha perdido las referencias de cuáles son sus objetivos y prioridades. Dieron un ejemplo lamentable, socialistas y anarquistas primero y, más tarde, escindiéndose, en tres formaciones, el Partido Socialista. Matteotti se adscribió al Partido Socialista Unitario, lo que le permitió llegar al Parlamento, aunque con una fuerza menguada y pronunciar sus acertados, arriesgados y potentes alegatos contra Benito Mussolini.

Sus dardos eran certeros y pronto fue considerado un peligro. Sus denuncias públicas de las ilegalidades y fraude electoral, lo pusieron en el punto de mira del fascismo que lo amenazó de muerte, varias veces, en el propio Parlamento.

Se ha especulado sobre la responsabilidad de Mussolini en su asesinato. Creo que es evidente y no deja lugar a dudas. Al finalizar una de sus vibrantes intervenciones parlamentarias, Mussolini comentó, con la desfachatez y soltura de cuerpo que le caracterizaba, “el Diputado Matteotti no debe seguir en circulación”, lo que no es, en absoluto arriesgado considerar, una sentencia de muerte.

No faltaron, sin embargo, quienes especularon con que habían sido elementos incontrolados quienes le dieron muerte y que Mussolini no sabía nada. Era un obstáculo y fue eliminado. Así de fácil.

La aspiración de Mussolini no era otra que llegar a gozar de un poder absoluto, sin ninguna oposición. Matteotti no cometió ningún error, si lo hicieron, de forma desmesurada quienes consintieron con su cobardía, complicidad o “falta de agallas”, que la situación llegara a envilecerse y pudrirse hasta tales extremos.

El crimen de Matteotti hizo que la oposición se retirara del Parlamento, asqueada y como un signo de protesta, conocido como “la retirada del Aventino”. Fue un gesto, sin embargo, que llegó demasiado tarde.

El valor de Giacomo Matteotti quedó plasmado, en la conciencia de la izquierda italiana, como un gesto antifascista movilizador. Al propio Matteotti le hubiera emocionado el saber que las brigadas del Partido Socialista, durante la resistencia, recibieron el nombre de “Brigate Matteotti”, ¡qué duda cabe de que se hubiera sentido orgulloso!

Este político socialista italiano fue también un reformador social. Nacido en el Veneto, se interesó vivamente por las condiciones de vida de los campesinos y jornaleros y estuvo firmemente comprometido, en la promoción del cooperativismo obrero. Sirva este dato para que no nos quedemos exclusivamente con el Matteotti heroico, fustigador del fascismo y víctima de su brutalidad asesina. Hay también, un Matteotti reformista e interesado en introducir medidas para facilitar las condiciones de vida en el medio rural.

El descubrimiento del cadáver de Matteotti supuso un serio revés para Mussolini. Por ello, quienes lo apoyaron se movilizaron en su favor, la reina madre se apresuró a comunicarle su apoyo y aconsejarle que no debería dimitir bajo ningún concepto. Víctor Manuel III de Saboya, que con su debilidad y torpeza, jugó un papel nada desdeñable en su ascenso, lo mantuvo como primer ministro.

Mussolini tomó buena nota y cuando acudió al Parlamento asumió la responsabilidad, pero de un modo tan arrogante que ya hacía presagiar lo que había de venir.

Pronto todos los partidos políticos, excepto el fascista, fueron abolidos, los derechos sociales borrados del mapa, se declaró ilegal la huelga, los tribunales especiales entraron en funcionamiento y la OVRA (Organizzazione di Vigilanza e Repressione dell’Antifacismo) fueron dando los pasos necesarios para convertir Italia en un estado totalitario y con una faz policial fuertemente represora. Se vivía bajo el miedo y un siniestro silencio.

No quedaron ahí las tropelías. En los presidios isleños de Lipari y Pontinas se hacinaron los opositores al “nuevo régimen triunfante”. La serie interminable de atrocidades perpetradas por los fascistas se complementa con centenares de asesinatos clandestinos.

Estas reflexiones van tocando a su fin. Matteotti, con el paso del tiempo, ha adquirido un inequívoco valor simbólico y emblemático. El triunfo, momentáneo, de la violencia asesina sobre la palabra, la racionalidad y la democracia, nos mostró con su ejemplo que no acaba con la memoria. La resistencia a toda forma de totalitarismo tiene un sentido en sí misma. Nunca es baldía.

Los años posteriores son testigos de quejas jeremiacas por parte de quienes habían aupado y encumbrado al dictador. El viejo Solón de Atenas nos dejó dicho que “el que eleva demasiado a un hombre indigno, no puede después contenerlo fácilmente”. Sabia sentencia, en la que caen en la cuenta los irresponsables y los cómplices cuando ya es demasiado tarde.

Suele cometerse el error de creer que las catástrofes, caso de ocurrir, ocurrirán en el futuro. Quienes son portadores de ideas totalitarias suelen pensar que quitar de la circulación a quienes entorpecen sus planes, no tendrá consecuencias ¡y vaya si las tiene!

Mussolini en su periodo de supuesta gloria y esplendor, recibió halagos cobardes y empalagosos, de Benedetto Croce y el dramaturgo Luigi Pirandello, entre otros. En ese coro de aduladores tampoco faltó el general golpista Miguel Primo de Rivera que afirmaba, una y otra vez, sentirse inspirado por Benito Mussolini y su línea política anticomunista y reverdecedora de los viejos furores bélicos. También, debe ser recordado la calurosa felicitación del monarca Alfonso XIII.

Solemos tener mala memoria. Los jóvenes que se sienten demócratas y que se oponen a los totalitarismos y populismos deberían conocer el ejemplo y los discursos de Matteotti.

El pasado no tiene porque repetirse si no lo permitimos. Está en nuestra mano hacerlo. Quizás, la divisa del futuro ha de ser más democracia social y participativa, más justicia, eliminar la corrupción en todos los órdenes y adoptar aquellas medidas ecológicas y medio ambientales para salvar al Planeta del desastre.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.