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Un pensador que hace brillar toda la luz dormida de la historia. Robert Owen (1771-1858)

Los médicos saben que la salud de una población no se obtiene o

mantiene con medicamentos, que es mucho mejor, más fácil y

prudente adoptar medidas preventivas para evitar enfermedades.

Robert Owen

Hay hombres que brillan con luz propia. Tienen ese don, tan poco frecuente, de imaginar un futuro mejor para la sociedad en que viven. Procuran conocer la historia, pero saben que hay que empujarla para poder transitar ese espacio, arduo y difícil entre la injusticia y unas mejores condiciones de vida.

Aquellos a quienes se ha llamado despectivamente, utópicos, a veces son con sus ideas y con su práctica social, los creadores y los moldeadores del futuro. No hay, no debería haber, una epistemología que no se enraice, firmemente, en la ética. Probablemente, no la hubieran definido así pero frente a la alienación moral y a la falta de educación cívica, que fragmentan y corrompen las sociedades, hay que proponerse edificar algo distinto y mejor.

Quienes poseen la tierra y las riquezas, quienes viven de las rentas o de las especulaciones, negándose a renunciar a sus privilegios, eran y son los verdaderos culpables del atraso social.

Tras haber dedicado sendos ensayos a Saint-Simon y a Fernando Garrido, hoy, vamos a centrar nuestra atención en Robert Owen, un pensador, un economista, con ideas avanzadas, que todavía hoy sorprenden, un filósofo para quien la moral y los principios éticos eran fundamentales… y, por todo ello, un reformador social.

Caben muy pocas dudas al respecto, fue el socialista utópico de mayor prestigio intelectual y reconocimiento social de su época. Reaccionó vivamente al contemplar las miserables condiciones de vida del proletariado incipiente. No se quedó en la denuncia, sino que fue capaz de idear proyectos y empresas destinados a dignificar sus condiciones de vida y a conseguir mayores cotas de justicia social.

A veces, los textos que dedican un espacio –normalmente, no muy extenso- al socialismo utópico, lo vinculan al cooperativismo y poco más. Es una verdad a medias. Lo fomentó y lo dimensionó mucho pero, al mismo tiempo, su pensamiento es más amplio y más profundo. Podría decirse que guarda la misma relación que la parte con el todo. Más adelante hablaremos de las “Villages of Cooperation”. Por otra parte, en uno de esos momentos particularmente amargos en el que el desempleo era brutal, ideó una forma de combatirlo por medio de “las comunidades agrarias”. Dio resultado durante un tiempo… para luego declinar; más ahí está el mérito de forjar la idea y llevarla a la práctica.

Era un hombre sumamente preocupado por lo que hoy denominaríamos una economía social e incluso por aproximarse a algo similar a una democracia económica. Su noción de “fuerza de trabajo”, por otro lado muy similar conceptualmente, se adelanta a Karl Marx. Es justo reconocer que sus ideas influyeron y mucho en el incipiente movimiento sindical, que tendría un peso específico determinante en las Islas Británicas, me estoy refiriendo a los “Trade Unions”.

No era un revolucionario. No creía en la lucha de clases. Era un gradualista convencido y, quizás por eso, sus ideas prendieron en el movimiento obrero británico, que pronto asumió aptitudes más templadas y reivindicativas que en el Continente.

Se opuso –arriesgando, a veces, todo su patrimonio- a las injusticias sociales producto del capitalismo. Supo ver y después mostrarlo a otros, las trampas y la hipocresía que se ocultaban en el “laisse faire, laisse passer”.

Sólo con lo dicho hasta ahora, no es difícil darse cuenta de que nos hallamos ante un reformador social de gran talla. Pensaba que cuando algo no funciona hay que luchar por corregirlo y sustituirlo por algo, no sólo distinto sino mejor. Para Robert Owen la moral había de formar, inequívocamente, parte del suelo firme sobre el que edificar los cimientos de un sistema social más equitativo.

Frente a los manidos silogismos y los consabidos lugares comunes, contaba con una agilidad de pensamiento que le permitía resolver la mayoría de los problemas que se planteaba y una mirada penetrante entre económica y sociológica que le permitía escudriñar a fondo las deficiencias sociales.

“El ayer” hay que entenderlo desde el hoy. Visto en perspectiva, puede reconocerse la labor meritoria y solidaria que hombres como Owen han prestado. Hemos comentado que fue ante todo un reformador social, que ensayó formulas para mejorar el trabajo industrial. Tiene, además, el mérito de haberlas llevado a cabo en las fábricas e instalaciones de las que era dueño. Citaré una que me parece especialmente representativa, mantener el salario, negándose a bajarlo en época de reducción de ventas.

Las granjas cooperativas “villages or coorporation” inicialmente fueron concebidas como un mecanismo para paliar el paro, pero llegaron a ser mucho más que eso. Un experimento de regeneración social que aspiraba a crear un nuevo orden moral y de convivencia.

Antes de seguir adelante, me gustaría comentar que en su concepción de las reformas sociales, las mujeres debían contar con los mismos derechos y libertades que los hombres. Indudablemente, es este un pensamiento notablemente adelantado a su época y propio de la mejor herencia de la Ilustración.

Llevó a cabo sus experimentos sociales en Escocia (en la fábrica de New Lanark), más tarde en EE.UU (en las colonias de New Harmony) y tras su regreso al Reino Unido en (Harmony Hall). Estas experiencias si bien fracasaron, iniciaron caminos que más tarde serían transitados por otros. Su prestigio fue creciendo ostensiblemente y puede afirmarse, que durante algunos años fue el referente intelectual y moral del movimiento obrero organizado sindicalmente.

Prueba de cuanto venimos diciendo es que hacia 1830, crea la “British Association for the Promotion of Co-opertive Knowledge”, que venía a ser una asociación de asociaciones para promover el cooperativismo. Para calibrar su importancia, baste decir, que pertenecían a ella más de quinientas sociedades cooperativas o bien de producción o de distribución. Las primeras muy vinculadas a los Trade Unions.

Esta iniciativa terminó fracasando en parte, por la hostilidad, zancadillas y animadversión de los dueños de las fábricas que presionaron al Gobierno para que adoptara medidas represivas.

¿Cuáles fueron las consecuencias de estas experiencias? Esencialmente hacer ver que era posible y deseable dotar de fuerza a los sindicatos de masas para que pudieran actuar como contrapeso de las arbitrariedades y voracidad del sistema capitalista.

En la que podríamos considerar etapa final de su vida, puso en marcha quizás su último proyecto, un periódico que llevaba por título “New moral world”, como instrumento para divulgar y propagar sus ideas socialistas.

Hay que decir que no era ningún “pazguato”. Muy al contrario, era un librepensador con toda la carga, positiva o negativa, según quien lo juzgue.

Una sociedad hipócrita con una moral pequeño burguesa y una visión del mundo reaccionaria, lo criticaba abierta y despiadadamente. En sus escritos, en sus artículos de periódico, en sus conferencias, criticaba instituciones –para algunos, sagradas- como la familia. No sólo eso, sino que arremetía contra la religión e incluso contra la herencia ya que según él, limitaban la libertad del ser humano.

Las sorpresas no acaban ahí. Su concepción del “hombre como producto social” lo aparta radicalmente de todo pensamiento individualista y lo acerca a las posiciones materialistas. El hecho de que el hombre sea un producto social es tanto como decir que la sociedad “lo hace y lo moldea”, lo cual no está lejos del pensamiento marxiano de que “el ser social determina la conciencia”.

Otro aspecto destacado del pensamiento de Owen es su vocación, sus conocimientos pedagógicos y su preocupación por la educación. Antes de proseguir quizás sea interesante constatar que fue, sin duda, un “optimista antropológico” o lo que es lo mismo, creía en la bondad natural del hombre –lo que lo emparenta con Rousseau- y por ende sostiene, con convencimiento, que regenerar la humanidad es una tarea ardua pero posible.

También, se muestra decididamente partidario de mejorar la sanidad, porque elevando las condiciones de vida y protegiendo de la miseria y del hambre, se está trabajando operativamente para mejorar la salud corporal y psíquica de las personas. Se muestra lúcido al achacar a la ignorancia muchos de los males que padecemos. Desde su punto de vista, para combatirla no hay mejor instrumento que unas sólidas bases educativas y de índole moral. Por eso, despreciaba tanto a quienes explotaban a los niños, se oponía al trabajo infantil y señalaba que invertir en la formación moral e intelectual de los trabajadores era tanto como invertir en futuro.

En anteriores ensayos, hemos expuesto como bajo la denominación de “Socialistas Utópicos”, están comprendidos una serie de pensadores heterogéneos y muy distintos entre sí. Desde luego, Robert Owen era un gradualista pero, al mismo tiempo, audaz y valiente. Sus postulados no son quiméricos. Responden a un análisis detallado de la realidad y pueden llevarse a la práctica con mucho esfuerzo y gran desgaste personal pero marcando el camino de que eran opciones viables.

Sólo la torpeza, el egoísmo, el afán desenfrenado de lucro y una visión antropológicamente negativa del ser humano… se oponen, según su criterio, a que puedan desarrollarse políticas reformistas capaces de acabar o reducir drásticamente las principales lacras sociales.

Es significativo que opinase, por ejemplo, que la prosperidad de una sociedad se puede medir con exactitud por el hecho de que los salarios alcancen para vivir dignamente. El equilibrio social será la consecuencia de unas condiciones dignas de trabajo.

Sería interesante extraer las conclusiones oportunas de cada idea que voy comentando. Supongo al lector, cuando menos sorprendido, por la variedad y riqueza de los postulados y propuestas de Owen. Y, sin embargo, no acaban aquí las sorpresas. Para mí, alcanza un nivel intelectual formidable cuando plasma un “criterio novedoso del valor” que vincula, naturalmente, al poder de producción. Este planteamiento, lo conduce por la misma senda que, años más tarde transitará Karl Marx al conceptualizar la plusvalía. Robert Owen no llega a tanto, mas formula –lo que no es poco- que los trabajadores deben recibir una parte justa y equitativa de la riqueza que crean. Ni que decir tiene que en el desarrollo de su concepto del valor-trabajo, lo considera nada menos que como la fuente de la riqueza de la nación.

Disponemos de varios libros, serios, profundos y de lectura amena que nos permiten sistematizar el conocimiento de las ideas de Owen, hacerse una idea cabal de lo que significaron sus propuestas para la sociedad de su tiempo así como de la influencia posterior, que no fue poca, en determinados ámbitos.

Citaré, en primer lugar, un texto de José Ramón Álvarez Layna probablemente el mejor conocedor, entre nosotros, de Owen. Me estoy refiriendo a “Robert Owen, socialista utópico” publicado por McGraw-Hill, en una fecha tan reciente como 2015. En segundo lugar, para que sea posible comprender las condiciones sociales y económicas con sus correspondientes derivaciones políticas, será muy útil el libro de Edward Palmer Thompson, historiador, marxista heterodoxo y pacifista cuya obra señera “La formación de la clase obrera en Inglaterra” se ha publicado en castellano, en el 2002, por parte de la Editorial Crítica, Barcelona.

A Robert Owen se le considera, con toda justicia, el pensador y activista más destacado del primer socialismo británico. Entre sus hallazgos más meritorios se encuentran el que sentó las bases para una seguridad social mutualista y entre otras cosas, se preocupó de dotar de una vivienda digna a los trabajadores a su cargo.

Quizás si hubiera que citar una sola obra de Owen, me quedaría con “Una nueva visión de la sociedad”, donde lleva a cabo una exposición, no exhaustiva pero brillante, de las reformas que tenía previsto implantar.

Rara vez se menciona que tuvo una presencia destacada en el “Movimiento Cartista” que luchó por introducir una serie de reformas democráticas, a través del Parlamento Británico.

Para ir finalizando, pensaba que educar a los jóvenes debía ser la prioridad de una sociedad democrática avanzada a la que otras medidas importantes debían subordinarse. Por otro lado, se le puede considerar asimismo, como un pionero de la jornada de ocho horas, que argumentó y defendió acaloradamente.

Pensaba, asimismo, que trabajar, es decir la actividad humana, es la mejor forma de proyectar las intenciones reformadoras para configurar en el futuro una nueva sociedad que mejore la presente.

Podría afirmarse, sin exageración, que fue un hombre fáustico y venerable. Supo granjearse el afecto y la admiración de quienes lo veían moverse activamente, poner en pie proyectos… y reponerse de los fracasos ya que disponía de una energía y vitalidad envidiables.

Para quienes no renuncian a entender, a valorar, como el pasado influye en el presente –lo cual es inequívocamente un signo de inteligencia-… los frutos de hoy son resultado de la siembra de ayer.

Creo que el pensamiento de Robert Owen, así como su activismo social debe ser objeto de un análisis sereno y objetivo, ya que constituye un ejemplo admirable por sus reformas sociales, por su apoyo generoso al sindicalismo, por su lucha contra la explotación capitalista y por la raíz ética de sus reformas sociales. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.