Quantcast
ÚNETE

África de las Heras: una española en el KGB

  • Escrito por Rosa María Aragüés Estragués
  • Publicado en Historia y Vida

1-de miliciana a espía

Una de las facetas en la historia de las mujeres del siglo XX que ha quedado en gran medida invisibilizada es su actuación como espías. Muy pocas han llegado a tener un nombre y a ser reconocidas por la historia y casi siempre su actuación ha estado envuelta en un halo de “femme fatale”.

La primera mitad de siglo fue un momento de grandes cambios en la sociedad europea y en consecuencia para la mujer. La gran violencia desatada durante ese periodo sacó a las mujeres del confinamiento en que una sociedad patriarcal las había sumido durante siglos. Empujadas a asumir un rol que hasta entonces les había sido prohibido llevó a gran parte de la población femenina a comprometerse política y socialmente en un mundo que no podía permitirse prescindir de ellas.

Con los hombres en el frente asumieron toda la carga que conllevaba mantener una sociedad civil en funcionamiento, unas veces ocupando los puestos de trabajo dejados por estos y otras intentando mantener el buen funcionamiento de una sociedad machacada por la guerra.

Entre ellas hubo quienes decidieron ir más lejos y colaborar en la lucha activa, las más de las veces en la sombra. La posición social que hasta ese momento había tenido la mujer: ama de casa, hija y esposa sumisa dependiente de la autoridad masculina y poco dada a mostrarse en público, la convirtió en pieza clave para su actuación en la clandestinidad. Nada sospechosa de participar en acciones violentas pudo colaborar con las resistencias y las guerrillas con más libertad de movimiento que los hombres, lo que no impidió que muchas murieran.

No fue diferente en la España republicana, desde el interior y terminada la guerra desde el extranjero muchas mujeres se convirtieron en enlaces y apoyo a la guerrilla y la resistencia.

Pero sólo un pequeño grupo selecto llegó más lejos integrándose en los servicios de inteligencia, es decir convirtiéndose en espías. Caridad Mercader, María Vega de la Iglesia, Hortensia Vallejo, Raquel Pelayo Ceballos, Aline Griffih (condesa de Romanones) África de las Heras, fueron algunas de ellas.

Quizá el caso de África de la Heras pueda ser el más atractivo, su condición de mujer perteneciente a una familia monárquica de tradición militar, que incluso llegó a casarse con un capitán de la Legión y su posterior trayectoria pasando de la militancia en el PSOE y su actuación como miliciana del PSUC en una checa de Barcelona, hasta llegar a coronel del KGB, son dignas de ser conocidas.

Cuando hace unos meses volví a ver la película de la muerte de Trotsky, empecé mirar artículos sobre Mercader y por casualidad en uno de ellos aparecía el nombre de África. No la conocía ni había oído hablar de ella y me intrigó en gran manera aquella mujer que decían había colaborado en la muerte del líder comunista. Empecé a buscar y cayó en mis manos por casualidad, “Mi nombre es Patria” de Raúl Vallarino, y su historia me pareció sorprendente. Después conseguí otra biografía, “Patria” de Javier Juárez y mi interés fue creciendo.

Leyendo su vida creo que hay una etapa a la que se le da muy poca importancia, pero que será la que marque su trayectoria tanto política como personal, la que la convertirá en una ferviente comunista dispuesta a todo por su ideología, el comunismo. Esa transformación se desarrolla en España durante la República y la Guerra Civil, hasta que en 1937 es captada por el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) más tarde KGB (Comité para la Seguridad del Estado) en 1954. En especial me interesa su etapa como miliciana a las órdenes del PSUC.

No voy a hacer un relato de su biografía pues creo que esta está muy bien relatada en el libro de Javier Juárez. Sólo recordar, que nace en 1909 en Melilla. Que casada con un capitán de la Legión, en 1933 tras su separación y la muerte de su hijo y posteriormente de su padre se trasladó con su madre a Madrid hospedándose en la misma pensión que Amaro del Rosal y Luis Pérez García-Lago con quién mantuvo una relación íntima hasta 1937.

Con ellos se inició en el socialismo afiliándose al PSOE y la UGT. En 1934 algunos autores la sitúan en Asturias, pero parece ser que permaneció en Madrid actuando como enlace en la clandestinidad. La guerra civil les cogió en Barcelona, donde se afiliaron a las Juventudes Socialistas Unificadas y posteriormente al PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña). Es a partir de este momento que se identificará completamente con los principios comunistas que serán su postulado y su sentido de vivir durante el resto su vida. Como ella diría al final de su vida «Soy miembro del Partido Comunista y creo en los ideales de la revolución, que siempre me ha guiado. Ni los años ni las dificultades de la lucha ha deteriorado mis convicciones».

Ese mismo año colabora con el Comité Central de Milicias integrándose en las patrullas de control ciudadanas, entrando en octubre a formar parte del comité central, dirigiendo la sección de Denuncias e Investigaciones junto a Rafael Nevado.

Esta es una parte de su vida que para mí es muy importante y creo que casi desconocida al quedar invisibilizada por su condición de espía. Supongo que por ser mi línea de investigación la represión de género durante esos años y posteriores. Nuevamente nos encontramos ante la historia de una miliciana y nuevamente vuelven a salir todos los demonios escondidos dentro de la más rancia tradición patriarcal. Mujeres jóvenes, luchando por conservar los pocos derechos que habían conseguido durante la República. Libres, independientes, partidarias del “amor libre” y dispuestas a luchar incluso con las armas por defender sus principios. Todo lo que aquella sociedad recubierta de un barniz liberal no podía ni entender ni admitir. Por ello se las tachó de marimachos, promiscuas, indecentes, prostitutas, groseras y sobre todo crueles. Su crueldad estaba por encima de la de los hombres, no tenía medida, eran capaces de hacer cualquier aberración al enemigo. Y África era una de ellas. Hay muchas versiones sobre su actuación, muchas de ellas contradictorias, incluso se ha llegado a decir que era la amante de Ramón Mercader del que tuvo un hijo. Sí, tuvo un hijo llamado Julián que murió en Melilla antes de trasladarse a la Península en 1933. Pero es su condición de miliciana y miembro de las patrullas lo que más perjudicará a su persona. Su pertenencia a la checa de San Elías como interrogadora creara a su alrededor una leyenda de crueldad mezclada con promiscuidad descontrolada con sus compañeros que realmente si es cierta es una verdadera aberración.

Es la versión de Jaume Miravitlles dirigente de Esquerra Republicana y consejero de Propaganda de la Generalitat quien en su libro “Gent que he conegut” da una versión más descarnada de África. Después de hacer una descripción de su físico carente de la más mínima empatía con el género femenino donde parece ser que sólo podía inspirar a sus compañeros esos deseos que ninguna “mujer decente” inspiraría en un hombre, la tacha de criminal y promiscua, veámosla:

«Más tarde supe que una de aquellas patrullas estaba comandada por una mujer. Se llamaba África. Éste era su nombre de pila. Y era, efectivamente, de un físico muy africano. Española, naturalmente, pero probablemente de un origen que se remonta a generaciones anteriores y con ancestros africanos: morena, de ojos negros penetrantes, con labios gruesos, sensuales, de dientes brillantes y regulares; un cuerpo sinuoso, de curvas prometedoras. Era el prototipo de mujer sexual: con su mirada y su voz invitaba a la acción y prometía quién sabe qué cielos prohibidos a los compañeros que formaban su patrulla. Después me aseguraron que, en el tercer piso del Náutico, convertido en Cuartel General de las patrullas, se habían producido escenas de una extrema violencia, tanto respecto a asesinatos como a orgías sexuales. Parece que la patrulla de África después de haber ejecutado, asesinado con el fusil o con el revólver, a siete u ocho fascistas probablemente inocentes, regresaban al Náutico, estimulados por la sensualidad. Existía, indudablemente, una relación directa entre la muerte y la sexualidad. La presencia de la muerte, el peligro de la muerte, como reacción biológica complementaria, como una manera de impulso vital a fin de continuar la existencia, produce una excitación sexual. Me contaron mucho tiempo después, cuando ya no existían las patrullas y se había normalizado relativamente la situación, que, de vuelta de su siniestra guardia, después de haber matado, o visto matar, a muchos inocentes, aquella pequeña célula de seis hombres y una mujer se trasladaba al Náutico, subía al tercer piso y, en la quietud de la madrugada, en el silencio glacial de las primeras horas del día, los seis integrantes de la patrulla hacían el amor con África. Según parece, algunos de ellos repetían. Quiere decir que, en dos horas, África era objeto de ocho o diez asaltos sexuales»

Yo no voy a discutir la función de África de la Heras en las patrullas ciudadanas y la checas. Sería muy inocente por mi parte pretender que dado su cargo no ejerciera acciones verdaderamente duras y drásticas. No creo que dudara a la hora de ejecutar a alguien sospechoso de quintacolumnista ni que sus interrogatorios fuesen suaves. Lo que yo no puedo admitir es que se hagan este tipo de acusaciones sin el más mínimo rigor histórico. Que se hable de alguien a quien parece ser que no se ha conocido, que toda la base de la acusación sea “lo que me han contado que le han contado y me han dicho”, cuando se puede consultar la Causa General donde consta como miembro de la Checa de San Elías, y donde se dice lo siguiente:

Eduardo Custodio Sainz: “También sabe que lo hacía algunas veces una señorita conocida por África. (interrogar)”

Carlos Brasso Tintore: “Que de la checa de San Elías recuerda a una tal África que iba vestida de miliciana”.

Luis Asua Sejornan: “Que en la Checa de San Elías conoció a una mujer llamada África la cual efectuaba interrogatorios, y sabe por referencias que dicha individua procedía de una checa, que según cree el declarante, estaba situada en lo que hoy es el Museo Marítimo. Que conoce a un individuo llamado el cojo que, junto a la tal África, practicaban los interrogatorios”

Me pregunto que se persigue con este tipo de testimonios, que no llevan a ninguna parte ni demuestran nada, pues es bastante difícil creérselos. Ya estamos acostumbradas a este tipo de descalificaciones, no hay ninguna mujer que haya tenido un mínimo de protagonismo dentro de las izquierdas republicanas que se haya librado de ellas. Dolores Ibárruri, Margarita Nelken, África de las Heras y los miles de mujeres y niñas condenadas en consejos de guerra y por la Ley de Responsabilidades Políticas acusadas por sistema de las más terribles bajezas. Debía ser insoportables encontrarse con mujeres consecuentes con sus ideas y dispuestas a defenderlas, fueran acertadas o no eso no importa.

Como ya he dicho al principio, la vida de esta mujer durante la Guerra Civil está repleta de contradicciones y de sentimientos enfrentados. Pero viendo su trayectoria y conversión al comunismo y la asunción de una ideología que impregnaría toda su vida a partir de entonces y oyéndola a ella al final de su vida proclamando su fidelidad y rectitud en beneficio de la revolución es bastante difícil imaginársela de bacanal en bacanal. Creo que, puestos a acusarla de algo, hay muchos más campos en los que investigar.

África de las Heras fue captada por el NKVD por mediación probablemente de Caridad Mercader, desapareciendo ambas de Barcelona a principio de 1937 Años después la volveremos a encontrar como secretaria de Trotsky, pero eso es otra historia.

ROSA MARÍA ARAGÜÉS ESTRAGUES.

Para más información ver:

Archivo Histórica Nacional, Causa General, Sección IV Checas, Checas en Barcelona, signatura 1633/3, Eduardo Custodio Sainz, folio 683; Carlos Brasso Tintore, folio 722. Luis Asua Sejornan, folio 858

MIRAVITLLES, Jaume, Gent que he conegut, Destino, Barcelona, 1980, pp.98-99.

JUAREZ, Javier, Patria, Barcelona, Editorial Debate, 2008.

VILLARINO, Raúl, Mi nombre es Patria, Madrid, Santillana Ediciones Generales, 2008,

CERNUDA, Pilar, “No sabes nada de mí”. Quienes son las espías españolas, Madrid, La Esfera de los Libros, 2019