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Los disturbios raciales de Tulsa en 1921

Los disturbios raciales de Tulsa tuvieron lugar entre el 31 de mayo y el 1 de junio en la localidad de Tulsa, del Estado de Oklahoma, aunque no fueron los primeros ya que en 1919 se produjo el conocido como Verano Rojo. En todo caso, fueron de una virulencia inusitada.

La tensión racial es un fenómeno constante en la Historia de los Estados Unidos, y suele desbordarse a raíz de hechos desencadenantes que suelen tener que ver con un abuso o detención de las autoridades hacia un miembro de la comunidad negra. En ocasiones, es la comunidad afroamericana la que se moviliza, especialmente a raíz del desarrollo de la conciencia que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial por la lucha de los derechos civiles, pero en otras, generalmente antes de ese cambio, se podía producir la reacción de comunidades blancas, profundamente imbuidas de la mentalidad racista, ante hechos protagonizados o supuestamente protagonizados por personas de color, que eran considerados de extrema gravedad y, siempre según esa mentalidad, susceptibles de ser severamente castigados. Ese es el caso que nos ocupa. Así pues, en la mañana del 31 de mayo un hombre de color -Dick Rowland- fue detenido. Rowland era un limpiabotas que, al parecer, se chocó sin intención alguna con una mujer joven blanca que salía deprisa de un ascensor, y un testigo consideró que la muchacha había sido atacada por el joven. Se produjo una concentración de grupos de blancos en las inmediaciones de la comisaría donde estaba detenido Rowland cuando se divulgó la noticia en la prensa local vespertina. La idea del linchamiento estaba en el ambiente, o, al menos corrió el rumor de que había ocurrido este hecho. Los afroamericanos no estaban dispuestos a tolerarlo, pero sus fuerzas eran mucho menores, y fueron aplastados. La tensión se desbordó porque los grupos blancos se lanzaron a atacar el distrito de Greenwood, un pujante barrio comercial de la comunidad afroamericana, lo que algunos han calificado como el Wall Street negro. Debemos informar que en ese momento Oklahoma estaba viviendo un momento económico muy pujante gracias al petróleo, y que estaba beneficiando no sólo a los blancos, sino también a los negros, generando un rencor de los primeros hacia los segundos.

Los incidentes duraron hasta el día siguiente. Ante la virulencia del suceso intervino a primera hora de la mañana la Guardia Nacional, llegada desde la capital del Estado. Se declaró la ley marcial, y al mediodía se había conseguido reducir casi toda la violencia.

Tuvieron que ser atendidas en hospitales más de 800 personas, y con un balance de unas 6000 personas detenidas. Fueron asesinadas 300 personas. Muchos afroamericanos huyeron de la ciudad ante la masacre, y en la huida también fueron atacados.

Pero, además tenemos que tener en cuenta que los incendios provocaron una verdadera catástrofe en el distrito de Greenwood donde residía la comunidad afroamericana. Hubo que desalojar a unas diez mil personas, y se calcula que hasta 36 manzanas de viviendas fueron destruidas. La masacre y los destrozos constituyen un hecho terrible que fue sepultado en la Historia de Tulsa durante décadas a pesar de ser un verdadero trauma histórico, incómodo para los blancos y que producía miedo entre los negros. Pero todo comenzó a cambiar cuando la Asamblea Legislativa del Estado decidió abrir una investigación en 1996, que propició la creación de una comisión para el estudio de lo que había pasado en la primavera de 1921, poniéndose a trabajar en la fosa común donde debieron ser sepultadas las víctimas de color. La investigación concluyó en 2001, que dictaminó la creación de un fondo de compensación para los descendientes de las víctimas, y la construcción de un parque memorial, que se terminó en 2010.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.