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El relojero como modelo de trabajador manual en tiempos de Carlos III

En el siglo XVIII, los ilustrados españoles mostraron un claro interés por mejorar las condiciones labores de los trabajadores y, al mismo tiempo, elevar su dignidad, su honra y su imagen ante la sociedad. Para algunos de esos reformistas, el relojero reunía en su figura la imagen ideal del trabajador manual. En primer lugar, sabía leer, escribir y dibujar y los ilustrados, no debe olvidarse, intentaron fomentar la educación y, como materia, el dibujo entre los artesanos, con el fin de favorecer la calidad de sus obras. Además, el relojero era un trabajador muy completo, ya que realizaba desde el diseño de la maquinaria interior hasta la caja que la ocultaba. No sólo construía relojes sino que los reparaba, lo cual demostraba su habilidad y conocimiento del oficio, algo que nuestros ilustrados trataron de impulsar en todas las profesiones manuales.

Si se deseaba mejorar la producción artesanal y las fábricas, se debía contar con trabajadores especializados y bien preparados, es decir, que hubieran estudiado en el extranjero. De ahí que los ilustrados fomentaran dos cosas: o bien las ayudas para que los españoles se formaran en el extranjero, pagadas por la Corona, o bien la llegada de maestros artesanos extranjeros que enseñaran, en escuelas especializadas, a los españoles. Maestros católicos, eso sí, por lo que se debían buscar a los mismos en ciudades italianas, bávaras, francesas o en los cantones católicos suizos.

Podemos acercarnos a estas inquietudes reformistas si analizamos la vida de un relojero español destacado de esa época: Manuel Zerella Icoaga (1737-1799). Nacido en el Señorío de Vizcaya, con apenas quince años fue enviado a formarse a la ciudad suiza de Ginebra, pensionado por la Corona, gracias al apoyo que recibió del marqués de la Ensenada, uno de los ministros más importantes del rey Fernando VI. Entre 1751 y 1760, estudió en Suiza y Francia, presentando varias obras en la Academia de Ciencias de París, obteniendo certificados de calidad de dicha institución. En aquella época, esos países eran considerados los mejores centros para aprender el oficio.

Zerella volvió a Madrid, por consejo de su protector, presentando varios relojes en la corte. Su éxito fue tal que en 1768 el rey Carlos III ordenó que se tuviera en cuenta su nombre cuando quedara vacante un puesto en el servicio de la Casa Real. Mientras eso ocurría, Zerella abrió su propia tienda-obrador en la capital, donde contó pronto con aprendices y oficiales. Su buen trabajo hizo que le llovieran ofertas de miembros de la nobleza, la jerarquía eclesiástica y la alta administración. Un año más tarde, presentó al célebre científico Jorge Juan, y a otros ilustrados, los planos de un modelo de reloj adoptado para medir la longitud del mar.

En 1774 inventó un reloj de sala con capacidad de cuerda para diez años cuyo diseño fue presentado oficialmente ante los infantes don Gabriel y don Antonio, buscando el mecenazgo de la corte. La oportunidad esperada tanto tiempo llegó el 22 de febrero de 1779, cuando fue nombrado segundo relojero de la Casa del Rey y, cinco meses más tarde, su relojero de Cámara. A partir de entonces, Zerella se encargó, esencialmente, del mantenimiento de la colección de relojes de los reyes Carlos III y Carlos IV, destacando su reparación del péndulo animado con autómatas y diversas músicas de flauta llamado El Pastor, obra maestra del suizo Jaquet Droz, que todavía existe. La fama de Zerella hizo que fuera nombrado miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País. Un ejemplo más del interés de los ilustrados por mejorar la imagen de los trabajadores mecánicos, pues al ser socio se igualaba con comerciantes, universitarios, hidalgos, altos funcionarios... que formaban parte de la Económica.

Zerella, entre 1776 y 1783 estuvo encargado, por orden de la Junta de Comercio y Moneda, de la inspección de la Real Escuela de Relojería de unos maestros extranjeros, los hermanos Charots, sostenida con fondos de la Corona en Madrid. Otra muestra de ese interés ilustrado por mejorar la calidad de la producción española y del trabajo manual, tachado de "vil y mecánico" desde hacía mucho tiempo. Visión que había que desterrar de la sociedad como fuera.

Como interventor, Zerella tuvo que vigilar el estado de cuentas, la eficacia de la dirección, el grado de aprovechamiento de los alumnos y la calidad de la producción. Igualmente, participó activamente en las tareas reformadoras de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, de la que fue nombrado Socio de Mérito el 13 de abril de 1776. Formó parte de su sección de Artes y Oficios, encomendándose del examen de proyectos para la erección de fábricas-escuelas de relojería y de la inspección de diseños de relojes cuyos creadores deseaban lograr el apoyo de la Económica. Además, actuó como juez en los concursos organizados por los Amigos del País para la mejora de la relojería.

Escribió un Tratado General y Matemático de reloxeria que tuvo un gran éxito de crítica y público, imprimiéndose dos ediciones, en 1789 y 1791. La primera constó de 1.500 ejemplares, de cuya pureza idiomática se ocupó, corriendo las pruebas, el benedictino fray Antonio Parra. Zerella dividió su obra en dos partes: en la primera explicó el modo de fabricar los distintos tipos de relojes, sus posibles averías y sus soluciones; en la segunda, reunió varias lecciones o nociones básicas de ciencias, matemáticas, mecánica, música y dibujo que consideró necesarias para un dominio experto de la profesión. Finalmente, presentó, como apéndice, un total de veintidós láminas ilustrativas de mecanismos, cajas y herramientas. Otro ejemplo del interés por difundir los avances profesionales, la mejora de las técnicas y la renovación de conocimientos en el siglo de las Luces.

El lector interesado puede acudir a:

Luis MONTAÑÉS, Museo Español de Antigüedades, Madrid, 1964.

Antonio Manuel MORAL RONCAL, Gremios e Ilustración en Madrid (1775-1836), Madrid, 1998.

https://www.patrimonionacional.es/colecciones-reales/relojes

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.