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...Que recuerden lo que ocurrió

… entrañas

donde desembocando se unen todas las sangres:

donde todos los huesos caídos se levantan:

madre

Miguel Hernández

Sería una injusticia que cayera en el olvido la gesta de las Brigadas Internacionales, de esos voluntarios de la libertad que combatieron a los militares golpistas y que en no pocos aspectos, adelantaron el escenario de lo que fue la Segunda Guerra Mundial.

Hubo brigadistas veteranos que, año tras año, regresaban a España tras la muerte del dictador, para rememorar su lucha en los escenarios en los que se produjo. Cada vez eran menos… hasta que desaparecieron. Han dejado tras sí una estela de heroísmo y dignidad. Sus hijos, en primer lugar y, ahora sus nietos, son quienes han recogido esa antorcha luminosa y tratan de mantener viva su memoria y significado.

Hemos sido excesivamente cicateros ellos. Quienes hubieran debido dar más ejemplo adoptaron una actitud un tanto mezquina… que contrasta con los homenajes que han recibido y siguen recibiendo por combatir al fascismo en Francia, en Italia…

Han sido relegados por la historia oficial, reduciéndoseles a una nota a pie de página. Las últimas generaciones han demostrado, salvo en círculos reducidos, una indiferencia notable hacia el sufrimiento ajeno y hacia quienes arriesgaron todo, comenzando por su vida, por detener el avance del fascismo.

Ha habido demasiada indiferencia, apatía, comodidad e individualismo para echar la vista atrás y descubrir que escribieron unas páginas heroicas en la Guerra Civil y que sólo han obtenido y con “cuenta gotas” una mínima parte del reconocimiento que merecen.

Las Brigadas Internacionales fueron un magnífico ejemplo moral. ¡Qué sobriedad, qué resistencia al dolor, qué estoicismo el suyo!

Tuvieron claro lo que estaba en juego y sus espléndidas y radiantes figuras se yerguen con orgullo por encima de la tragedia. Mantuvieron con firmeza un pulso dialectico con una realidad hostil y soportaron una carga superior, a veces, a sus fuerzas.

El futuro se presentaba repleto de incertidumbres, más con voluntad se aferraron a su libre albedrio, para hacer lo que a su juicio debían hacer… y para erigirse en un sonoro aldabonazo que despertara tantas conciencias dormidas o adormecidas. Fueron el vivo ejemplo ético y heroico de una época y no demostraron, ni en los momentos de mayor amargura, la menor flaqueza.

Tengo un libro en las manos Diccionario de los voluntarios austriacos en la España republicana 1936-1939, su autor es Hans Landauer, antiguo brigadista, en colaboración con Erich Hackl.

En las siguientes páginas voy a hablar de unos pocos hombres y mujeres, citados en este libro, para que su memoria continúe viva. Nunca agradeceremos lo suficiente a quienes con tenacidad y pasión, han dedicado largos años a elaborar los archivos donde se conserva el recuerdo de sus hazañas, liberándolo de la voracidad destructiva del tiempo.

Me parece emocionante el lema que estos brigadistas austriacos hicieron suyo y que después de extendió a otros: “por vuestra libertad y por la nuestra”

Comprendieron perfectamente que no doblegarse y mantener firme su compromiso era la mejor forma de defender la democracia y la libertad y… convencer a otros para que continuaran el camino que habían iniciado.

Los datos de que disponemos nos dicen que al menos 1.400 hombres y mujeres, conformaron el núcleo de brigadistas austriacos, de un total de 60.000 voluntarios por la libertad. Vinieron a España empujados por sus ideales y dispuestos a darlo todo por la utopía en la que creían y a oponerse a que la justicia pereciera aplastada bajo las ruedas de los tanques totalitarios.

Unos cuantos datos sobre Hans Landauer, nos servirán para valorar su trayectoria impecable y su contribución a que triunfaran sobre el fascismo, los principios y métodos democráticos.

Nació en 1921 y cuando contaba dieciséis años se unió a las Brigadas Internacionales, mintiendo sobe su edad para ser admitido. Combatió en diversos frentes. Cuando finalizó la Guerra Civil, paso a Francia, fue detenido y enviado al campo de concentración de Dachau, donde solo su voluntad férrea y su gran capacidad de resistencia, le permitió sobrevivir.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el objetivo de buena parte de los luchadores por la libertad, supervivientes, era conseguir una Europa donde los países cooperaran poniendo fin a largos años de enfrentamientos entre europeos.

Hans Landauer regresó a Austria donde prestó sus servicios como policía y más tarde, en Chipre, formando parte del contingente policial de la ONU y como oficial de seguridad de la Embajada de Beirut, después.

¿Cómo se ha ido construyendo Europa? Espero que no sea ocioso recordarlo. Aprendiendo a sustituir las rivalidades y viejos odios entre naciones por proyectos comunes, dando pasos, a veces excesivamente lentos, hacia una Europa unida, no otra cosa es la Unión Europea.

Hemos de unir a la desaparición de fronteras y a la moneda única, unos ideales compartidos, avances significativos en derechos y libertades y unas políticas capaces de respetar los derechos humanos y de poner freno al cambio climático.

Los avances que con tanto esfuerzo se han logrado… se pueden venir abajo estrepitosamente. La crisis del coronavirus, con la respuesta egoísta y pacata de un nacionalismo trasnochado de algunos Estados miembros… puede abrir una brecha profunda de confianza y poner en peligro incluso la continuidad de ese proyecto iniciado con tanto entusiasmo.

Volvamos a Hans Landauer. Su legado más emotivo es el archivo de los brigadistas internacionales, que viene a ser una memoria de la Resistencia austriaca durante el Nacional Socialismo y, desde luego, un proyecto loable para poner a salvo el recuerdo de esta generosa empresa. Se sentiría muy satisfecho de que su hija Linda, una vez que su padre desapareció a los 93 años, continua su labor con idéntico entusiasmo.

Hablemos ahora, aunque sea brevemente, de algunas de las voluntarias austriacas que prestaron sus servicios en las Brigadas Internacionales, fundamentalmente en el cuerpo sanitario.

Quisiera mencionar a Ilse Kulcsar, trabajó en Madrid en el Departamento de censura de la prensa extranjera, donde conoció a su marido, el escritor Arturo Barea, autor de la Forja de un rebelde. En febrero de 1938 le acompañó a su exilio en el Reino Unido y trabajó, entre otros, en el servicio de escucha de la BBC.

Por último, me referiré a Sofía Mach, que actuó como intérprete, fue hecha prisionera en Brunete y condenada a muerte. Se pierde su rastro en la cárcel de mujeres de Saturran Mohico, en Euskadi. Valgan estos dos casos para mostrar su heroísmo y los servicios que prestaron ya que es imposible referirnos a otras de estas valiosas mujeres.

La ignorancia es hija del desinterés. Pocas cosas me molestan tanto, como que se afirme con frivolidad, que sobre un tema cualquiera está dicho todo. Muy al contrario, basta con profundizar un poco, consultar fichas y una bibliografía básica para que aparezcan toda una serie de personajes apasionantes, muchos de ellos sepultados bajo una densa capa de olvido.

Pocos recuerdan ya que las Brigadas Internacionales fue un contingente de voluntarios de más de cincuenta países. Su suerte ha sido notoriamente desigual. De la estadounidense Brigada Lincoln, poseemos abundantes datos, lo mismo ocurre con la italiana Garibaldi, en tanto que de los voluntarios de otros países apenas hay documentación fiable.

Su contribución fue importante por no decir decisiva, por ejemplo, en la defensa de Madrid, pero también, en la Batalla del Jarama, en Guadalajara, en la Batalla del Ebro… antes de que por una controvertida decisión abandonaran España en septiembre del 38. La despedida fue calurosa y emotiva.

En una relación de urgencia mencionaré a conocidos dirigentes y estadistas que estuvieron integrados en las Brigadas Internacionales. Quizás, el más conocido sea Willy Brandt pero deben unírsele el italiano Sandro Pertini o Josip Broz, conocido como “Mariscal Tito”, años después Presidente de Yugoslavia y muchos más.

Alistarse en las Brigadas tuvo “un cierto aire romántico”. Así literatos como el británico Ralph Fox, que dejó su vida en Lopera (Jaén) en el transcurso de una acción bélica, científicos como el croata Guido Nonveiller, muy conocido por sus estudios de entomología o David Alfaro Siqueiros, el activista mexicano, autor entre otros del mural “Marcha de la Humanidad en América Latina hacia el Cosmos”… tomaron las armas para defender al legitimo Gobierno de la República.

Las de muchos brigadista fueron vidas, en no pocas ocasiones, marcadas por la tragedia. Cuando abandonaron España, muchos se unieron a la Resistencia antifascista y fueron torturados, deportados o asesinados por el terror nazi.

Creo que es de justicia mencionar la labor de investigación y de divulgación de personas como Ana Pérez, ex presidenta de la AABI (Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales), que durante años ha llevado una labor infatigable porque se mantenga viva en la memoria la contribución de los brigadistas a la lucha contra el fascismo.

No es posible citar siquiera a los numerosos historiadores que han estudiado las Brigadas Internacionales. Creo que representando a todos ellos debo mencionar a Andreu Castells i Peig que, en el ya lejano 1974 publicó Las Brigadas Internacionales de la guerra de España, obra que ha servido de referencia a otros que siguen investigando hasta el día de hoy.

La tarea aun permanece inconclusa. La lucha contra el olvido debe continuar con nuevas investigaciones y revelaciones. Si desconocemos el pasado, podemos dejarnos arrastrar por una senda… que nos conduzca a situaciones que creíamos superadas. El peligro aún acecha.

No sería en modo alguno oportuno, dejar de considerar la importancia de la “razón histórica” frente a las tergiversaciones e interpretaciones falaces con las que pretenden “aturdirnos” a fin de que no analicemos con rigor y con sentido crítico, ni el presente, ni el pasado.

Deberíamos trazarnos como un ideal de coexistencia, transformar la moral democrática en un estilo de vida. La metamorfosis, desde luego, sería saludable.

Esta reflexión va tocando a su fin, manifiesto mi admiración a quienes en cualquier circunstancia son capaces de una solidaridad generosa y de rebelarse contra la miseria humana.

Un signo de inequívoca buena fe y dignidad es llevar a las Brigadas Internacionales en el corazón.

El conocimiento cabal de estos hechos es, también, otra forma de reconciliarnos con nuestro pasado como país.

Las Brigadas Internacionales constituyen un ejemplo candente de memoria histórica. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.