LA ZURDA

El PSOE y el sufragio femenino en el Reino Unido en 1928

En el año 1928, las mujeres británicas consiguieron el pleno derecho al sufragio después de una larga lucha. En ese año, el derecho que desde el final de la Gran Guerra disfrutaban las mujeres mayores de 30 años, y con algunos requisitos de propiedad, se amplió a todas las mujeres mayores de edad. Pues bien, en una década de intenso desarrollo del feminismo, incluido el de signo obrero, como fue los años veinte, El Socialista, órgano del PSOE, dedicó mucha atención a la materia, comentando la situación española, pero, sobre todo la internacional, además de dar cabida en sus páginas a luchadoras por los derechos de la mujer como María de Lluria y María Cambrils.

El periódico obrero seguía muy de cerca los debates que se originaron en muchos países europeos sobre el sufragio femenino, tanto en relación con el reconocimiento o no de dicho derecho, como intentando analizar cómo repercutía en los resultados electorales cuando era aprobado, ya que en el seno del socialismo español existía una cierta ambivalencia sobre este particular. Si, por un lado, era evidente que, en su defensa de la democracia, el PSOE no podía dejar de estar de acuerdo con el reconocimiento de los derechos políticos femeninos, por otro lado, se temía que un reconocimiento temprano, cuando se implantase la democracia, pudiera convertirse en un sufragio inclinado hacia la derecha, por la supuesta influencia eclesiástica sobre la mujer. Ese debate se intensificaría, lógicamente, cuando se trabajase tres años después sobre el proyecto constitucional, aunque al final, prevaleció el voto favorable a que se reconociese ese derecho, necesario para que saliera adelante, dado que el PSOE constituyó el grupo parlamentario más numeroso. Lo que ocurría en Europa no podía dejar de interesar, porque, además, también podía servir para defender un tipo de feminismo, el socialista frente al burgués o aristocrático, como plantearía claramente María Cambrils.

A finales del invierno de 1928 el Gobierno conservador de Samuel Baldwin presentó un proyecto en el Parlamento para que se reconociese el pleno derecho al voto de las mujeres mayores de edad. Los socialistas españoles recogieron esta noticia y comentaron que dicho proyecto, en realidad, recogía la reforma que habían preparado anteriormente los laboristas de Ramsay MacDonald, que había sido acogida favorablemente por el propio Baldwin desde la oposición. Pero había tardado cuatro años en rescatarla, seguramente, por la oposición de una parte de los conservadores, aunque se esperaba, como así ocurrió, que fuera aprobada porque el Gobierno tenía a su favor el concurso de laboristas y liberales.

El Socialista veía este hecho histórico como una reparación de la injusticia cometida años atrás cuando solamente se reconoció el derecho al voto a las mujeres mayores de treinta años, pero, sobre todo, le interesaba remarcar el gran aumento del censo electoral británico, dándose la circunstancia que las mujeres superarían a los hombres en más de dos millones. La siguiente preocupación tenía que ver con el sentido del voto femenino. En principio, parecía que los conservadores pensaban que las electoras les serían desfavorables, de ahí su negativa al reconocimiento, frente al caso francés, otro que se siguió detenidamente desde el socialismo español, donde los radicales se estaban oponiendo al voto femenino porque creían que iría hacia la derecha.

Pero el artículo de El Socialista quería hacer un canto a favor del derecho al sufragio femenino porque era una cuestión de principios, a pesar de que pudieran darse consecuencias adversas, demostrando ya lo que terminaría pasando con el voto socialista en las Cortes republicanas en 1931. Pero, fijémonos que también el texto rezuma parte de la ambivalencia aludida, cuando se intuía que podía ser un voto no favorable, como hemos señalado, pero también cuando se afirmaba que los socialistas se debían preparar para futuro ante este temor.

Por eso mismo siempre se defendió que había que emprender campañas de educación política hacia las mujeres. Por nuestra parte, hemos estudiado la cuestión en un trabajo en el que demostramos que el PSOE consideró el reconocimiento constitucional de este derecho en España como reto. Así pues, había que conseguir que las mujeres leyeran El Socialista, que se interesasen por la política, que fueran a las Casas del Pueblo, que ingresasen en el Partido, atrayendo, especialmente a través de las cuestiones de política municipal porque se pensaba que se encontraban más cerca de los intereses de muchas mujeres: abastos, vivienda, agua, alumbrado, etc.

Los socialistas abogaban por el feminismo, pero por un feminismo, lógicamente, socialista, de clase, siendo conscientes de que, a pesar de la existencia de Grupos Socialistas Femeninos, el PSOE no contaba con una organización clara feminista como la mayoría de los partidos hermanos.

Hemos consultado como fuente el número 5962 de El Socialista. Por otra parte, hemos trabajado estas cuestiones en algunos artículos: “Los socialistas españoles y el voto femenino británico en 1929”, en la revista Los Ojos de Hipatia, en formato papel (octubre de 1929), “Los socialistas franceses y el voto femenino a fines de los años veinte”, en Nueva Tribuna, (septiembre de 2018), “El voto femenino como voto de clase para el socialismo español en la República”, en Tribuna Feminista (noviembre de 2018), “Feminismo socialista versus feminismo socialista: la opinión de María Cambrils”, en Tribuna Feminista, (diciembre de 2018), “La escasa representación femenina a propósito del Congreso del PSOE de 1918”, en Tribuna Feminista (octubre de 2018), “El reto socialista ante el reconocimiento del sufragio femenino en 1931”, en El Obrero (octubre de 2018), y “Las mujeres en el socialismo español hasta la Guerra Civil”, en la revista Los Ojos de Hipatia (octubre de 2016).

Por otro lado, es muy recomendable la consulta del trabajo de Marta Bizcarrondo, “Los orígenes del feminismo socialista en España”, en V.V.A.A., La mujer en la historia de España (siglos XVI-XX), Madrid, UAM, 1984, págs. 137-158; más recientemente, Rosa María Capel, Socialismo e igualdad de género. Un camino común. Madrid, Ed. Pablo Iglesias, 2007, y de la misma autora, “Mujer y Socialismo (1848-1939)”, en Pasado y Memoria: Revista de Historia Contemporánea, nº 7 (2008), págs. 101-122. Y, por fin, Manuela Aroca, “Mujeres en las organizaciones socialistas durante la Dictadura. Antecedentes en la Segunda República”, en el Portal de la UGT. Hemeroteca (2008).

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.