LA ZURDA

Amadeo I de Saboya: Rey por una constitución democrática

La revolución de 1868 derribó el trono de Isabel II intentando avanzar a grandes pasos hacia el reforzamiento del Estado liberal español, yendo incluso hacia la aprobación de una constitución democrática, la de 1869. Como resulta conocido, los políticos vencedores buscaron un nuevo monarca para una nueva España, encontrándolo en Amadeo de Saboya, hijo del rey Víctor Manuel II de Italia. Pese a sus dudas, el candidato italiano al trono aceptó finalmente la corona española bajo la condición de que resultara elegido en una clara votación en las Cortes, como expresión de la voluntad del pueblo. Y así sucedió el 2 de noviembre de 1870.

A partir de entonces su actitud y su conducta fueron impecables, cumpliendo sus deberes constitucionales, permaneciendo íntegro y discreto en su vida personal. En septiembre de 1871, la pareja real realizó con éxito un viaje por Valencia, Cataluña y Aragón, con el objeto de presentarse ante la sociedad y aumentar su popularidad. La Guía de Forasteros, que se publicaba anualmente, pese a ser una publicación de la Imprenta Nacional, citó sencillamente a Amadeo I en la lista de "Casa reinantes y presidentes de repúblicas del mundo", situándole en primer lugar, eso sí. Se envió a la sociedad el mensaje que -salvo como Jefatura de Estado- la familia real y su residencia se consideraban igual a las familias y casas de los demás ciudadanos, sin necesidad de consignarla en un instrumento que se había tornado más estadístico que político por aquellos años.

Sin embargo, la mayor parte de la nobleza española se manifestó a favor de los Borbones exiliados, el clero guardó las distancias con el hijo liberal de un excomulgado y algunos periodistas interpretaron la libertad de prensa como un medio para atacar brutalmente la imagen del monarca, justo cuando lo que la coalición revolucionaria necesitaba era su asentamiento.

Amadeo I no tuvo camarillas ni privanzas durante su reinado. No sólo porque las mismas recordaban al régimen derribado en 1868 por la coalición de fuerzas políticas sino porque el monarca se negó a tenerlas. La corte de Isabel II estuvo dividida en varios grupos: la reina con su gobierno, las camarillas del rey consorte, de la reina madre y de otros grupos, que pretendieron influir desde el espacio cortesano sobre Isabel, una situación fruto tanto de las circunstancias familiares como de la inexperiencia de la soberana o la desunión de su matrimonio. Pero, como señaló Isabel Pascual, la situación de Amadeo I fue completamente diferente, al no tener ninguna familia propia en España y mantener un matrimonio unido con su esposa María Victoria. Por lo tanto, palacio no fue nunca centro de intrigas familiares.

Sin embargo, hubo políticos liberales que, en vez de apoyar al monarca en su intento de anular las camarillas, potenciando su imagen arbitral, intentaron restaurar viejas prácticas. El general Prim diseñó y nombró a los miembros del Cuarto Militar de Amadeo antes de que llegara a España y pudiera elegir personalmente. El progresista Olózaga quiso tener influencia sobre las decisiones de Amadeo al lograr la elección de su sobrino Rius como mayordomo mayor. Otro ejemplo sería el líder unionista Serrano, al cual el rey ofreció el padrinazgo de bautismo de su tercer hijo, nacido en Madrid. El primero exigió una serie de condiciones que fueron juzgadas sabiamente por el rey como inaceptables: ¡nada menos que la suspensión de las garantías constitucionales, el cese del mayordomo mayor y la presidencia del consejo de ministros!

No resulta extraña que Amadeo, ante estas prácticas, intentara consolidar la neutralidad política de la Corona eligiendo libremente al personal de su casa, evitando la presión externa y paternalista de los políticos que le había aupado al trono. Los mismos que, paradójicamente, habían criticado esas prácticas de poder informal en la época isabelina y que ahora deseaban perpetuarlas en su propio y egoísta beneficio.

Pero, como señala Isabel Pascual, ese esfuerzo fue inútil, aunque no por falta de voluntad ni de impericia del saboyano. La posición que colocaba el sistema constitucional de 1869 a la Corona, aunque irresponsable por el refrendo, la hizo responsable a los ojos de los ciudadanos por las prerrogativas legales que retuvo. Los políticos progresistas, unionistas y radicales que debían haber ayudado a Amadeo I a consolidar el régimen se revelaron como una problema: se desunieron, se atacaron suicidamente, su prensa se degolló mutuamente, fomentando el personalismo, aumentando las posibilidades de las oposiciones carlista, alfonsina y republicana.

El rey intentó buscar una solución política, llegando al extremo de la abdicación para evitar la guerra de todos contra todos. Vano y generoso intento: mientras se enquistaba la rebelión de Cuba, se alzaron los carlistas en una nueva guerra, mientras en el horizonte se perfilaban la sublevación cantonalista y las conspiraciones militares. La sangre tiñó el horizonte español.

Cabe recordar a los lectores un ejemplo postrero de la honradez de Amadeo de Saboya, que quiso hacer gala de transparencia, como diríamos hoy. Su interés en dejar constancia de lo que había sido su gestión de la lista civil -el presupuesto de la Corona votado en Cortes- y de los bienes que le fueron asignados fue clara. A través de José de la Gándara, que fue su jefe de Real Casa, se presentó una proposición el 20 de febrero de 1873, solicitando a las Cortes el nombramiento de una comisión que la examinara detenidamente. Gándara reconoció que no se trataba de una maniobra fiscalizadora sino que respondía a una voluntad de justificar la actuación de la persona que había ceñido la Corona durante dos años. La proposición no se tomó en consideración. El presidente Figueras hizo ver lo innecesario de la misma, toda vez que, como expresó públicamente, "todos estáis convencidos de la perfecta honradez, del método perfecto, del orden y gobierno que en su Casa había introducido el príncipe de Saboya".

El lector interesado puede acudir a las siguientes obras:

Carmen Bolaños Mejías, El reinado de Amadeo I de Saboya y la monarquía constitucional, Madrid, UNED, 1999.

Encarna García Monerris y Carmen García Monerris, Las cosas del rey, Madrid, Akal, 2015.

Antonio Manuel Moral Roncal, "La prensa y las culturas políticas liberal y carlista durante el Sexenio Revolucionario", Torre de los Lujanes, 68 (2011) pp. 115-168.

Iñigo Palencia Pulido, Estado y política en la España revolucionaria (1868-1874), tesis doctoral, 2015.

Isabel María Pascual Sastre, "La corte bajo una constitución democrática. La Casa Real en el reinado de Amadeo I", en R. Sánchez y D. San Narciso (coords.), La cuestión de palacio, Granada, Comares, 2018, pp.263-300.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.