LA ZURDA

El Infante Francisco de Paula y el Partido Progresista

Francisco de Paula Antonio de Borbón nació en Aranjuez el 10 de marzo de 1794, siendo sus padres los reyes Carlos IV y María Luisa de Borbón. Si bien en un principio fue educado como sus hermanos, posteriormente se modificó su plan de estudios, siendo sustancialmente diferente al estar inspirado en la pedagogía educativa de Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827). Este método educativo fue considerado como el más adecuado para implantar una enseñanza general en España por la comisión de expertos que se constituyó a tal efecto, a comienzos del siglo XIX. La obra de Pestalozzi se basaba, en gran medida, en las ideas expuestas por Rosseau en su obra Emile, y al ser un método de enseñanza objetiva concedía una gran importancia al desarrollo del niño desde su propia autoformación, potenciando las facultades de la mente, combinadas con los ejercicios de educación física y formación militar, la manipulación de objetos de uso común, la visita a lugares monumentales y gabinetes de ciencias físicas y naturales, etc. En definitiva, no enseñar al niño nada que no pudiera ver con sus propios ojos. Si el hijo menor de los monarcas se formaba según este moderno plan, seguramente se extendería por imitación a otras capas de la sociedad, especialmente las elevadas.

El infante sufrió los avatares de su familia, acompañando en el exilio a sus padres como consecuencia de las abdicaciones de Bayona y la guerra de la Independencia española contra las tropas napoleónicas. Tras la restauración de Fernando VII en el trono, el rey decidió su retorno a España, pero antes realizó un viaje visitando las principales cortes europeas en 1817. Dos años después contrajo matrimonio con la princesa Luisa Carlota de Nápoles, con la cual tuvo once hijos.

Por entonces Francisco de Paula ingresó en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, siendo nombrado su protector y presidente el 21 de mayo del año siguiente. Durante su presidencia, la Matritense –institución nacida durante el impulso de la Ilustración en el siglo XVIII- reeditó La agricultura general de Gabriel Alonso de Herrera, obra de 1513, uno de los clásicos del pensamiento económico español, con ayuda de la imprenta real. En ese foro de reformismo se encontraron tanto partidarios de propuestas moderadas de modernización, afrancesados e, incluso, liberales. El infante también fue nombrado protector de la asentada en Valencia.

Durante el reinado de su hermano, Francisco de Paula fue testigo de las intensas luchas entre liberales y realistas, divididos -a su vez- en moderados y exaltados o ultras. En la corte, los partidarios de caminar hacia un régimen moderado o de Monarquía templada encontraron la ocasión de apartar al infante don Carlos del camino del trono, al ser un claro partidario del mantenimiento del Antiguo Regimen. Fruto de su cuarto matrimonio, Fernando VII tuvo dos hijas -Isabel y Luisa Fernanda- lo que apartó a don Carlos de la inmediata sucesión, pese a las protestas de sus partidarios. La familia real se dividió ante la cuestión dinástica y el infante Francisco de Paula y su entorno se posicionaron a favor de la sucesión femenina. A la muerte del rey, el conflicto político se dirimió en los campos de batalla, comenzando una larga Primera Guerra Carlista (1833-1840).

Si los realistas apoyaron a don Carlos, los moderados se acercaron a la regente, María Cristina de Borbón. Sin embargo, emergió una tercera fuerza política: los liberales más puros, que formarían el Partido Progresista, al cual se acercaron los infantes Luisa Carlota y Francisco de Paula. El propio carácter de don Francisco de Paula –animoso, religioso sin extremismos, sencillo y burgués- le hizo simpatizar con la ideología liberal. Por otra parte, la subida al trono francés de Luis Felipe I de Orleans, modelo de monarca burgués y constitucional, resultó un excelente referente político para los liberales españoles, algunos de los cuales se preguntaron si no sería oportuno tener un infante políticamente a su favor.

En 1836, los progresistas, que deseaban la caída del gobierno Ofalia, lucharon desde la prensa y la tribuna, buscando una persona de importancia que pudiera hacer frente a la reina regente, que apoyaba al gabinete. El sujeto elegido fue el infante Francisco de Paula, por lo que propusieron su nombre para que fuera elegido senador por algunas provincias, esperando que su figura les otorgara en la Cámara Alta un ascendiente que beneficiaría las maniobras del partido. Sin embargo, María Cristina –ejerciendo la prerrogativa que le permitía la constitución- se negó a firmar su nombramiento. Tal decisión provocó el enojo de don Francisco que reclamó su asiento basándose en el artículo 20 del texto constitucional, que declaraba senadores netos a los hijos del rey y al inmediato sucesor de la Corona. Se inició una dura lucha política que tuvo su cenit en el Senado el 3 de marzo de 1838, cuando el conde de Parcent defendió desde la tribuna de oradores los intereses de don Francisco, al igual que los progresistas Martín de los Heros y Antonio González. Sin embargo, todos sus argumentos fueron rebatidos por los moderados.

Los infantes, indignados con el trato de la regente, subvencionaron un periódico llamado El Graduador -mecanismo de lucha política habitual de la época- cuya duración no llegó a seis meses. En el mismo, fueron publicados artículos muy hostiles a la regente y su gabinete, lo que provocó su suspensión por las autoridades, además de la prisión de sus redactores. Los infantes fueron invitados, discretamente, a salir de España, instalándose en Paris, lo que fue considerado un exilio político por sus partidarios.

Algunos periódicos progresistas ensalzaron a don Francisco, haciéndole partícipe de la decidida actitud de su esposa durante los Sucesos de La Granja (1832) frente a los partidarios de don Carlos. Todavía había personas que recordaban que el infante había ofrecido a su cuñada medio millón de reales en 1835 para levantar un batallón en defensa de los derechos de la reina en la guerra. Asimismo, ante la llegada del ejército carlista a Madrid el 12 de septiembre de 1837, Francisco de Paula había recorrido a caballo, acompañado de sus ayudantes, toda la línea de defensa de las fuerzas liberales por la mañana, infundiendo ánimo entre los milicianos nacionales.

María Cristina abandonó la regencia y fue elegido para sucederle en esa magistratura el general Espartero, que permitió en 1841 el regreso de los infantes, a instancias de algunas personalidades progresistas. A partir de entonces, comenzaron a buscar apoyos políticos para que su hijo Francisco de Asís contrajera matrimonio, en un futuro no muy lejano, con su prima Isabel II. El proyecto de casar a la reina con un infante progresista contó con apoyos decisivos, como uno de los maestros de Isabel II, Ventosa, Francisco Medialúa, Joaquín María López y algunos diputados progresistas más, los cuales trataron de convencer al general Espartero de la conveniencia de dicho enlace pues “con tal prenda y garantía para el partido liberal en lo sucesivo prometía la facción más avanzada dejar de hacer la oposición al gobierno”. Sin embargo, el regente se negó tajantemente a tal proyecto, ordenando el destierro de Francisco de Paula a Zaragoza. ¿Temió que fuera sustituido en la regencia por el infante? Todo es posible, pues Espartero se previno de conspiraciones en su contra tanto de moderados como de progresistas, lo cual no pudo evitar su caída en 1843.

Finalmente, y tras unas desastrosas negociaciones políticas y diplomáticas, Isabel II contrajo matrimonio con su primo Francisco de Asís en 1846. Pero si, efectivamente, su padre era afín al Partido Progresista, su hijo primogénito no lo fue, como se reveló con el paso del tiempo.

Durante la crisis matrimonial de la pareja regia, en la primavera de 1847, Francisco de Paula trató de convencer a su hijo el rey consorte para que se reconciliara con su esposa. Ante sus rechazos, el infante visitó varias veces a la reina, aconsejándola que se negara a aceptar las peticiones económicas de su hijo, poniéndose claramente de su lado en la crisis matrimonial. Junto a su hija Josefa, don Francisco se convirtió en un asiduo acompañante de Isabel II en sus paseos en coches ligeros por Madrid, como queriendo desautorizar la posición intransigente de su hijo, dando a entender, además, que la reina no tenía otro acompañante.

Pero el infante sugirió a su nuera que nombrara un nuevo gobierno con ministros progresistas, con el apoyo del embajador británico Bulwer. Al otorgar crédito a esas rumores, el gobierno moderado actuó para lograr una salida discreta del infante, que tuvo que vivir en Valladolid y San Sebastián hasta que logró volver a Madrid en mayo de 1850. A partir de entonces, Francisco de Paula se centró en su participación en ceremonias y actos públicos de la corte, en la administración de su patrimonio, en sus relaciones familiares –sobre todo con aquellos hijos en situación económica y personal más complicada-, absteniéndose de toda iniciativa en la vida política. Ello no quiere decir que no presentara a los reyes o a sus ministros, en algunas ocasiones, memoriales y recomendaciones de algunas personas, costumbre muy habitual en la época.

El infante continuó desarrollando su pasión por la música, nacida durante su infancia, cuando había recibido lecciones de música de Pedro Marchal y clases de violín de Francesco Vaccari. El infante cantó en papeles de bajo en algunas representaciones palaciegas junto a músicos profesionales, y reunió una notoria colección de música, que incluyó más de 700 partituras, la cual fue adquirida por la Biblioteca Nacional de España en 1878. En su biblioteca musical disponía de numerosas cavatinas, arias, tercetos, cuartetos, quintetos, partituras de óperas, obras de Rossini y otros muchos compositores italianos de moda, así como numerosas canciones españolas.

Don Francisco de Paula falleció en su residencia madrileña en la tarde del 13 de agosto de 1865.

Quien desee profundizar en la época y en esta figura puede acudir a:

José Luis Comellas, Isabel II. Una reina y un reinado, Barcelona, Ariel , 1999. Emilio La Parra, Fernando VII, Barcelona, Tusquets, 2018.

Antonio Manuel Moral Roncal, El infante Francisco de Paula Borbón, Madrid, Ediciones 19, 2018.

German Rueda, Isabel II, Madrid, Arlanza, 2003.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.