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España y el pacifismo a propósito de la Constitución de 1931 en la interpretación de Indalecio Prieto

El domingo 6 de diciembre de 1931 por la mañana se celebró un gran mitin en el Teatro María Guerrero de Madrid, organizado por el Grupo parlamentario socialista para dar cuenta de su labor en las Cortes Constituyentes. En dicho acto actuaron Indalecio Prieto, Manuel Cordero, Luis Jiménez de Asúa, José Sanchís Banús y Rodolfo Llopis.

Pues bien, en este artículo nos acercamos a la parte de la intervención de Indalecio Prieto sobre la misión de España en relación con el pacifismo.

Debemos enmarcar las ideas del líder socialista en los aspectos internacionales que se aprobaron en la Constitución de 1931. En el Título Preliminar de Disposiciones Generales dos artículos consagraban para España una vocación pacifista y colaboradora en el ámbito internacional. Por el artículo sexto, España renunciaba a la guerra, mientras que el artículo séptimo estipulaba que España acataría las normas universales del Derecho Internacional, incorporándolas a su derecho positivo.

Pues bien, Prieto en su discurso realizó una curiosa comparación entre España y Rusia cuando explicó que si la primera instaurara un régimen que las democracias europeas consideraran peligroso no ocurriría como el caso segundo, porque si Rusia se había podido defender formando un ejército formidable, “dotado del más maravilloso armamento”, España no podía hacer lo mismo, por lo que había que aspirar al pacifismo, basado en la realidad. España se encontraba en una posición geográfica estratégica, pero era una “nación modesta”, que nunca podría formar unas fuerzas armadas capaces de defenderse frente a la acometida de potencias extranjeras que pudieran intervenir -suposición curiosa- en el caso de que se produjeran disturbios interiores de “carácter anárquico”.

Por otro lado, el político socialista afirmaba que el pacifismo había ganado en la conciencia universal. En este sentido, no debemos olvidar que esta afirmación muy pronto se vería anulada con la llegada del nazismo. En este contexto pacifista de Prieto, el nuevo régimen español podría ofrecer al mundo una clara defensa del pacifismo, el ejemplo de una nación que renunciaba a defenderse militarmente, como hemos visto en el artículo sexto del texto constitucional. Y lo hacía, siempre realista o pragmático, por el elevado coste económico de poner en marcha un poderoso ejército, algo completamente inasumible para el país.

En todo caso, también había algo de idealismo en las palabras de Prieto, y no sólo por aquella alusión al pacifismo en la conciencia universal, sino también porque defendió la influencia socialista en esta idea del pacifismo, un principio siempre defendido por el PSOE. En un futuro, el Partido Socialista y la UGT podrían conseguir inculcar en la conciencia nacional la obligación, la necesidad y la conveniencia de presentar a España en el mundo como una nación eminentemente pacifista que despreciaba el uso de la fuerza militar. Pero era una tarea que le costaría bastante sacar adelante al socialismo español. No podía realizarse a corto plazo, y no se conseguiría hasta que no se hiciera con la conciencia nacional. Prieto aconsejaba a todos los socialistas que fueran prudentes a la hora de emprender avances en el pacifismo si no se había conseguido antes contar con amplios apoyos en la opinión pública, traducidos en votos. Podríamos interpretar este nuevo ejercicio pragmático del político en la experiencia acumulada en este terreno por los socialistas españoles, empeñados en el pasado contra las guerras coloniales y la de Marruecos, por la constatación de la fuerza que el patriotismo había tenido sobre amplias capas de la población, como también se había comprobado en el estallido de la Gran Guerra en Europa, un patriotismo belicista que solamente terminaba por abandonarse cuando se comenzaban a padecer sus terribles consecuencias.

Hemos consultado el número 7123 de El Socialista. Sobre la política exterior de la Segunda República podemos acudir a las siguientes obras:

Ismael Saz, “La política exterior de la Segunda República en el primer bienio (1931-1933): una valoración”, en Revista de Estudios Internacionales, vol. 6, nº 4 (1985), págs. 843-858.

José Luis Neila Hernández, “La política exterior republicana (1931-1936): excepcionalismo y normalidad historiográfica”, en Studia Historica. Historia Contemporánea, vol. 22 (2004), págs. 47-83.

Ángeles Egido (ed.), La Segunda República y su proyección internacional, Madrid, 2017.