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Los socialistas ante la situación de los porteros madrileños en 1930

En un anterior artículo aludíamos al problema de la jornada laboral de los porteros madrileños cuando el Ayuntamiento de Madrid decidió que los portales por motivos de seguridad se cerraran a las once de la noche. La Sociedad de Porteros de Madrid, adscrita a la UGT en la Casa del Pueblo, protestó. Eso ocurría en el otoño de 1929. Pues bien, sabemos que un año después, en el final del otoño de 1930, volvió a ver un acuerdo municipal en ese mismo sentido, con la consiguiente protesta sindical. En este segundo caso, El Socialista, al que le había llegado dicha protesta, decidió contribuir a la misma con un artículo que analizaba el problema, solidarizándose con los trabajadores.

Los porteros veían aumentar su jornada y no comprendían los beneficios que dicho acuerdo traería a los madrileños. Los socialistas, por su parte, criticaban que se tomasen medidas, que parecían de “relumbrón”, pero a espaldas de los que las padecían. De los porteros solamente se acordaba el Ayuntamiento cuando había que aumentar sus obligaciones.

La denuncia del periódico obrero permite comprobar cómo eran las condiciones de vida de un colectivo muy amplio en una capital como era Madrid. Además de la jornada laboral el principal problema era el de la vivienda, ya que muchos vivían en sótanos con ínfimas condiciones de habitabilidad, sin luz natural ni ventilación, y con graves problemas de humedad. En otros casos habitaban en las buhardillas de las fincas urbanas, y que no se habían podido alquilar, precisamente por sus graves carencias. Aquí el problema no era la falta de luz o de ventilación ni la humedad, sino el calor insufrible en verano, y el frío más terrible en invierno. Por fin, había un tercer grupo de porteros que vivían en las propias porterías de una sola habitación donde pernoctaban familias enteras. Por fin, ni en los sótanos, ni en las buhardillas ni porterías había agua corriente ni servicios sanitarios.

En el caso de las porterías alejadas de las viviendas se presentaba un problema grave, que tenía que ver con la vida familiar. Si se cerraba tan tarde, era complicado acostar a los niños pequeños y si se hacía se abandonaba el puesto de trabajo. También se aludía a los peligros que podían padecer los porteros en una hora nocturna en relación con los maleantes. En fin, era un aumento de una jornada laboral ya de por sí enorme, ya que se comenzaba a trabajar a las siete de la mañana.

Los porteros organizados y los socialistas consideraban que había problemas más urgentes que atender en Madrid, como el de la vivienda, un asunto muy preocupante a pesar de que estábamos en 1930. Un enorme porcentaje de viviendas estaba constituido por cuartos que parecían “porquerizas, indecorosos, antihigiénicos, sin ventilación ni retretes, sin agua y no pocas veces sin portero ni luz”. Había, pues, una cuestión de prioridades.

Hemos trabajado con el número 6812 de El Socialista. Podemos consultar, además, el artículo de este autor publicado en El Obrero en noviembre de 2019.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.