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La formación profesional. IV. De 1900 a la Segunda República

Hagamos un esfuerzo de imaginación y situémonos en 1901, en cualquier pueblo o ciudad española. Además metámonos en la piel de un niño o niña de 10 años que, con mucho esfuerzo, suyo y de su familia, ha asistido a la escuela más cercana. El maestro le felicita por todo lo aprendido pero, en sus propias palabras: él ya no puede enseñarle más.

Ahora se presenta el problema de ¿qué hacer? aunque las opciones son pocas, en realidad solamente hay dos, la primera que es la que desearían, ir a la escuela de secundaria de la capital o ciudad más cercana; quien viva en una de ellas tiene suerte, pero lo que ello acarrea de gasto en escuela, libros, comida y hospedaje es imposible para la familia. La segunda es ponerse a trabajar en la cuadrilla del padre, la madre o algún conocido.

La madre se ha enterado, por una vecina, que hay sitios donde enseñan un oficio, pero no sabe dónde, ni cuánto cuesta, ni lo que enseñan, además un jornal por pequeño que sea hace más falta que nunca en casa.

A comienzos del siglo XX, en una familia humilde, se pueden ser dos cosas: Jornalero en el campo o proletario en alguna fábrica de la ciudad. En ambos casos las posibilidades de que la prole de esta familia suba el escalón que les permitiría asistir a una Escuela de Artes y Oficios es muy pequeña y de hacer el bachillerato inexistente.

En España, en estas fechas en torno al 60 % de la población es analfabeta. Es legal trabajar a partir de los 10 años, norma que se incumple con demasiada frecuencia. Los maestros cobran tarde y mal y las órdenes religiosas dominan el escenario docente.

Algo empieza a cambiar en 1901 cuando el Conde de Romanones, en su flamante Ministerio de Instrucción Pública, establece la responsabilidad del Estado, sin intermediarios, en el pago de los salarios a los maestros.

En 1904, a petición de la Iglesia, se establece el domingo como día no lectivo. El 8 de septiembre de este mismo año Francisco Ferrer Guardia abre la primera sede en Barcelona de la Escuela Moderna, con el objetivo de “educar a la clase trabajadora de una manera racionalista, secular y no coercitiva, siendo la primera escuela mixta y laica en Barcelona.

Previamente, en 1876 se había creado en España la primera institución educativa laica, la Institución Libre de Enseñanza, fundada por un grupo de Catedráticos separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral.

El 17 de julio de 1911 se promulga la Ley de Aprendizaje Industrial, en un intento por regular los contratos de aprendizaje en la industria existente, pero no será hasta el 21 de diciembre de 1928, en las postrimerías de la Dictadura de Primo de Rivera, cuando se apruebe el Estatuto de la Formación Profesional, que define esta actividad como: << La orientación y selección para el aprendizaje y la instrucción parcial o completa, complementaria o de perfeccionamiento de los trabajadores profesionales de ambos sexos, en las diferentes manifestaciones individuales del trabajo industrial>>.

Esta Formación Profesional estaba dividida en cinco grupos:

Orientación y selección profesional, que tenía por objeto la determinación inicial de la Formación más idónea para cada trabajador.

Formación Profesional Obrera, dedicada a la formación de Oficiales y Maestros Industriales.

Formación Profesional Artesana, dedicada a la Formación del Oficial y Maestro Artesano.

Formación Profesional del Técnico Industrial, como personal auxiliar del Ingeniero.

Perfeccionamiento Profesional del trabajador y del trabajo, encaminado a mejorar las condiciones técnicas de este último o por cambio de oficio.

Los Centros donde se impartían estas enseñanzas estaban sostenidos por el Estado, las Diputaciones o los Ayuntamientos y podían ser públicas o privadas.

Con la llegada de la Segunda República en 1931 muchas fueron las expectativas que se abrieron para la clase obrera y campesina. En materia educativa, se crearon más de 7000 escuelas en el primer año y 6580 en los dos años siguientes. Elevó la carrera Docente a rango universitario. Elevó el sueldo de los maestros y profesores equiparándolo con el resto de Funcionarios. Se crearon las Misiones Pedagógicas para llevar la cultura a todos los rincones del País. Fue en definitiva un revulsivo cultural que se encargaron de cercenar el gobierno Radical-Cedista en 1933 y posteriormente, en 1936 el golpe de estado y consecuente guerra civil.

En el ámbito de la Formación Profesional la Segunda República por Decreto de 22 de diciembre de 1931 traspasó las competencias al Ministerio de Instrucción Pública prácticamente sin cambios y así se mantuvo hasta que fue retomada por el gobierno franquista después de la guerra civil.

Bibliografía consultada:

Ramos Oliveira A. Un drama histórico incomparable. España 1808 – 1939, Pamplona, Navarra (España), (2017)

Ruiz Berrio J. La educación del Pueblo Español en el proyecto de los Ilustrados, Universidad de Oviedo.

Aramayola Alonso G. Aproximación al trabajo infantil en España. 1832 – 1939, (2011)

Campillo Frutos S. Evolución histórica de la formación Profesional y las exigencias del mercado de trabajo, de educar en el 2000, (2003)

Montero Alcaide A. Una ley centenaria: la ley de Instrucción pública (Ley Moyano, 1857).

Dávila Balsera P, María Naya Garméndia L. y Murua Cartón H. La formación Profesional en la España contemporánea: políticas, agentes e instituciones, Universidad del País Vasco (2013)

Federación de Enseñanza de CCOO en Andalucía, Temas para la Educación, nº 5 – noviembre de 2009

García Colmenares C, Martínez Ten Luz. La escuela de la República Memoria de una ilusión. Madrid (España), 2014

Aprendiz, Instalador Eléctrico, Ingeniero Técnico Industrial, Máster en Materiales Estructurales y Profesor Técnico de Formación Profesional.

Desde 2012 colaborando en el Grupo de Trabajo de la Secretaría de Educación del PSOE en Madrid.