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Las Sociedades Económicas de Amigos del País en la crisis del Antiguo Régimen

En este artículo pretendemos plantear un esbozo sobre la situación de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País en la crisis del Antiguo Régimen, en pleno reinado de Fernando VII, una vez pasado el período de esplendor de estas corporaciones tan genuinas de la Ilustración española. Nos centraremos en dos aspectos: la cuestión legislativa acerca de las Sociedades, tanto desde el punto de vista absolutista como el liberal y en una interpretación sobre el papel de las mismas en este período.

El 9 de junio de 1815 se dio un decreto que, por vez primera, estipulaba un marco legal común para todas las Sociedades Económicas de Amigos del País. Se pretendía que estas corporaciones se generalizan por todo el reino, estableciendo una jerarquía entre ellas y primando a la Sociedad Matritense, al considerarla como central. Sus estatutos debían servir de modelo para sus congéneres y se le asignaban tareas de coordinación sobre el desarrollo económico que debían fomentar las Sociedades. Las Sociedades provinciales nombrarían una diputación permanente en Madrid para gestionar sus asuntos cerca de las autoridades centrales y en la propia Matritense. Este decreto de la época del Sexenio Absolutista pretendía resucitar un instrumento al servicio del despotismo ilustrado, ya que, si por un lado, es evidente que pretendía que se generalizasen estas corporaciones genuinamente ilustradas, establecía mecanismos de centralización y control. Por otro lado, se puede constatar que muchas Sociedades tendieron a actuar de forma independiente e ignoraban en muchas ocasiones el posible control de la Matritense. Al respecto, una real orden de 14 de mayo de 1819 volvía a recordar el carácter central de esta Sociedad. El primero de septiembre de ese mismo año se obligó a las Sociedades a tramitar sus asuntos con las autoridades a través de la Matritense.

Desde la perspectiva liberal contamos con un decreto previo, de las Cortes en el año 1813, y que recuperó el Trienio Liberal. Las Cortes de Cádiz pretendían revitalizar las Sociedades Económicas asignándoles una serie de funciones, aunque ningún tipo de autoridad. Debían dedicarse a elaborar cartillas rústicas, la creación de memorias y escritos para mejorar la agricultura y la ganadería, las artes y los oficios, la divulgación de los secretos y máquinas agrícolas, la proposición de premios para estimular la aplicación y difusión de las luces y a asesorar a las diputaciones provinciales y a los ayuntamientos. A propuestas de dichas diputaciones, las Cortes debían arbitrar los fondos necesarios para las Sociedades. Una real orden de 13 de agosto de 1821 dispuso que las autoridades inmediatas a las Sociedades debían ser los jefes políticos provinciales. La legislación liberal promulgaba una mayor descentralización que la absolutista no asignando a la Matritense un papel aglutinador. Pero, por otro lado, asignaba funciones concretas a estas corporaciones, muy vinculadas con el fomento agrícola.

Creemos que es importante señalar la importancia histórica de las Sociedades Económicas como puente entre las ideas socioeconómicas de la Ilustración española con las que terminarán triunfando con el establecimiento del Estado liberal. Las Sociedades Económicas no batallaron en el campo de las ideas políticas, tarea que si desarrollaron las Sociedades Patrióticas. Aquellas quedaron en el campo del fomento económico, tecnológico y educativo. Gil Novales consideró, en un trabajo ya clásico, que las Económicas quedaron a la derecha de las Patrióticas, pero también es indudable la tendencia filo-constitucional de muchas Económicas. Para una parte de los amigos del país la Constitución de Cádiz suponía el marco legal para que una vez por todas se pusiesen en práctica las reformas y cambios que se habían pensado o pergeñado en la época ilustrada. Los amigos del país recorrieron el camino como ilustrados, afrancesados y, por fin, liberales, aunque tampoco debe olvidarse que algunos siempre fueron férreos absolutistas, aunque, pensamos que nunca fueron una mayoría. Podría interpretarse de otra forma la relación entre las Patrióticas y las Económicas, planteándolo como un reparto de tareas en el proceso de la revolución liberal-burguesa: las primeras se dedicarían a las cuestiones económicas y técnicas frente a las segundas, más combativas en lo político.

La contradicción de la Ilustración entre su programa liberalizador en lo económico y social y su rigidez con la defensa del despotismo regio, se solucionó, precisamente, en este período, y en las Sociedades Económicas hubo mentes que vieron esta contradicción y su posible solución. Algunas de ellas tuvieron que cerrar en la Década Ominosa, como la propia Matritense, ante la reacción absolutista. Por estos motivos creemos que es de interés estudiar este período de las Sociedades Económicas, menos brillante que el protagonizado en el siglo XVIII.

De todas las maneras, conviene no olvidar que no todas las Sociedades Económicas tuvieron una gran actividad en este período histórico, tanto por la falta de energía de sus miembros, como por las extremas dificultades económicas que tuvieron que soportar.

Se puede consultar el trabajo de este autor, “Las Sociedades Económicas de Amigos del País en tiempos de Fernando VII”, en Torre de los Lujanes, nº 25, (1993), págs. 133-147.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.