LA ZURDA

El Antiguo Régimen y la Revolución de Alexis de Tocqueville

Si los autores liberales de la época de la Restauración fueron eminentemente narrativos y los románticos, por su parte, defensores a ultranza del pueblo, pecando de poco rigurosos en el análisis historiográfico, hay otro grupo de historiadores decimonónicos, que, aunque heterogéneo en sus ideas tiene en común su preocupación por encontrar causas y formular explicaciones en relación con la Revolución Francesa. Entre ellos, destacaría Tocqueville, en cuya obra nos centraremos en este artículo.

Alexis de Tocqueville (1805-1859), además de ser un destacado estudioso del sistema democrático norteamericano, se dedicó a buscar causas y explicaciones de la Revolución Francesa en su El Antiguo Régimen y la Revolución, del año 1856. Se trata de una de las obras de referencia para muchos historiadores posteriores. El propio Tocqueville insistió que su objetivo principal no era referir los hechos. El autor buscó la elaboración de una síntesis donde se destacasen los caracteres generales de la evolución de esos acontecimientos. Para ello, emprendió una ardua tarea de investigación y consultó fuentes que hasta ese momento no se habían tenido en cuenta, como documentación fiscal y económica, libros de reclamaciones, actas de venta, catastros, etc.

En primer lugar, el autor inscribe la Revolución en el contexto general de crisis del Antiguo Régimen y que en Francia adoptó un carácter revolucionario y no de transición más lenta. El desarrollo económico y social alcanzado en el siglo XVIII chocó radicalmente con las estructuras políticas del Antiguo Régimen. En este aspecto la influencia de Barnave parece clara. El problema es la excesiva rigidez a la hora de considerar que los distintos grupos sociales eran homogéneos, cuando la historiografía posterior ha demostrado que había grandes diferencias en su seno en todos los aspectos. La Revolución tendría, pues, un objetivo claro, el de abolir las instituciones derivadas de la Edad Media, sinónimo de desigualdad. Los derechos feudales se habían hecho particularmente odiosos para el pueblo de Francia.

La Revolución no había sido un acontecimiento casual, aunque hubiera cogido al mundo de improviso, sino que había sido el resultado repentino y violento de un proceso que hundiría sus raíces en el tiempo. Es más, seguía avanzando entre las ruinas que había producido, en el momento en que escribía el autor.

Un aspecto importante de la obra de Tocqueville fue el arrancar el inicio de la Revolución en sí no en 1789 sino en 1787 cuando la aristocracia se negó a pagar impuestos, forzando a Luis XVI a convocar los Estados Generales. Es lo que, posteriormente, los historiadores han denominado la “revuelta de los privilegiados”. Después, en 1789 la burguesía dirigiría el proceso revolucionario.

Tocqueville criticó el Terror; de hecho, diferencia dos fases en la Revolución: una de la Libertad de los primeros tiempos, y otra del Odio, la de la época del Terror. El autor, pues, fue un defensor de los aspectos liberales y burgueses de la Revolución, además de criticar la visión romántica y popular de Michelet.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.