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«Apenas el sol», película para concienciar sobre la deforestación en la selva


  • Escrito por Noemí Romero Vera
  • Publicado en Cine
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La película documental paraguaya «Apenas el sol», seleccionada para representar a Paraguay en la 37ª edición de los Premios Goya como ‘Mejor Película Iberoamericana’, “no busca señalar, sino concienciar sobre la situación de emergencia de las selvas y los pueblos originarios a la que se exponen con la deforestación”, asegura en una entrevista con EFE su directora, Arami Ullón.

Ullón considera un «pequeño acto de revolución» que la cinta ocupe un espacio dentro de los premios al «poder acercar la realidad de temas incómodos, como la deforestación y la pérdida del territorio, ligado a la imposición de una religión y cultura, a personas que de otra manera no estarían en contacto con ella”.

La película trata sobre un viaje en busca de respuestas de un indígena ayoreo, Mateo Sobode Chiqueno, por el árido Chaco Paraguayo, región occidental de Paraguay, a través de los relatos grabados en cintas de los testimonios indígenas expulsados de la selva.

“La deforestación provoca que las personas se queden con menor acceso al agua, animales, raíces, frutos… y cada vez más lejos simbólicamente de lo que representa su cosmovisión y su cultura”, explica Ullón.

Los ayoreos, según Ullón, no son los únicos que sufren la deforestación, sino también otros pueblos originarios del país, además de otros lugares en Latinoamérica, África e incluso Estados Unidos y Canadá, un problema «muy complejo de desmontar porque, al mismo tiempo, genera una fuente de trabajo incluso para los propios nativos”.

Junto al relato de denuncia de la deforestación, el documental también se centra en la pérdida de costumbres, cultura e identidad, y en cómo aún sigue habiendo ayoreos que huyen ante la llegada de misioneros menonitas y ganaderos, «que utilizan la deforestación para echarles», lo que «les lleva a abandonar sus costumbres y antiguas prácticas chamánicas y ancestrales».

“La película ha iniciado un proceso de transformación de ese pensamiento colonial que está en tránsito y que necesita mucho trabajo para deconstruirse», manifiesta su directora.

Según Ullón, «cuando uno se expone a situaciones tan extremas como las que viven estas personas, me parece humano reaccionar con culpabilidad porque a veces nos cuesta asumir que nosotros también somos parte de esa responsabilidad».

Y es que la intención de la directora pasa por abordar en su obra cómo el colonialismo ha alejado a esos pueblos de su enconamiento natural, y cómo está ligado a la pérdida de territorio, hogar y selva al crear un contexto de cultura, «que se impone frente a otro contexto selvático, desmoronándolo y haciéndolo desaparecer”.

Además, la película profundiza en que muchos de los ayoreos contactados por los misioneros blancos «conservan el deseo de volver a la selva», pero «sienten que nunca podrán hacerlo por la vergüenza de haberse adaptado a una vida y unas costumbres diferentes».

“Los que viven todavía dentro de la selva saben que existimos, nos escuchan y observan lo que sucede y, sin embargo, aunque están en constante peligro, deciden no entrar en contacto con nosotros», indica Ullón.

Por ello, «los familiares ya no pueden volver para no romper con su voluntad y decisión”, agrega la directora, quien afirma que «sería el encuentro de dos civilizaciones incompatibles», pues «los de la selva nunca podrían comprender ni entender la cosmovisión de sus familiares».

«Apenas el sol» es un reflejo de la situación de un pueblo que intenta reconstruirse en un espacio social que no les acepta ni les invita a ser parte, en un lugar que no pertenece ni al mundo blanco ni a la selva, en un limbo en el que carecen de trabajo digno y vegetación para subsistir, recalca Ullón.

Un lugar, describe, donde la necesidad de adaptabilidad se esconde bajo las miradas avergonzadas y resignadas, las canciones que aún no han sido olvidadas y el relato de unos silencios que también hablan.

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