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El cine mexicano toma impulso gracias a Álex Argüelles


  • Escrito por Julio Martínez García
  • Publicado en Cine
(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

La capital de Jalisco –un estado del occidente mexicano– acoge una nueva edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), la cita de estas características más longeva del país latinoamericano. De hecho, el FICG se constituye como uno de los eventos culturales de mayor impacto en todo el continente. En el mismo, se dan a conocer los nuevos trabajos de creadores y especialistas en la materia. Y para muestra, el caso de Álex Argüelles, un joven –y prometedor– director de México, que ha llevado hasta la ciudad jalisciense «Celeste Soledad», una obra que está encandilando a la crítica y al público. Se trata de la historia del duelo que sufren dos hermanas tras la muerte –inesperada– de sus padres. Cada una de las protagonistas –encarnadas por Fernanda Echeverría y Michelle Betancourt– gestionarán esta circunstancia de manera muy diferente. Todo ello, incardinado en una trama que mezcla magistralmente diversos géneros. Por ello, desde El Obrero hemos querido conversar con el director del filme, para que nos cuente las impresiones más personales sobre su labor.

¿Cómo ha visto el estreno de «Celeste Soledad» en Guadalajara–Jalisco?

Me ha emocionado mucho la buena reacción de los asistentes. Creo que les gustó el trabajo. No sólo por lo que vi durante la proyección. También tras el pase de la película, cuando se acercaron varios de los espectadores, para comentarme diferentes elementos del filme.

¿Cómo fue el proceso de grabación? Sobre todo, con dos actrices como Fernanda Echeverría y Michelle Betancourt, muy jóvenes, con un gran talento y que –además– mostraron una complicidad muy reseñable en la pantalla…

Se trata de una relación muy particular, porque cuando escribes un guión [Argüelles es también el guionista de «Celeste Soledad», junto a Emilio Aguilar Pradal] te sientes muy vulnerable, como si estuvieras desnudo frente al público. Por ello, la vinculación con los actores es muy particular y hermosa. Al fin y al cabo, son ellos los que encarnan tus ideas. Me siento honrado, protegido, agradecido y enriquecido por Fernanda y Michelle. De hecho, hice el guión con ambas en mente como intérpretes.

Desde la dirección de una película, ¿cómo se estimula la complicidad entre los personajes?

Es algo que se consigue desde la honestidad. Hay que ser muy sincero con ellos y explicarles la razón de que estés haciendo la película. Y, al mismo tiempo, tienes que estimular que ellos se conviertan en tus cómplices. No hay que olvidar que los actores son –simultáneamente– la materia prima, la escultura y el escultor de la película. Son creadores muy particulares. En este caso, yo les hablé del proyecto, y ellas solitas –Fernanda y Michelle– fueron entablando la relación de confianza.

Esta buena labor de las dos protagonistas, ¿también estaría relacionada con que hayan tenido formación y vinculación teatral?

Creo que sí. Tanto a Fernanda como a Michelle ya las conocía sobre las tablas, actuando. En ambos casos, observé una gran fuerza interpretativa. Además, las dos poseen un importante carisma. Personalmente, admiro mucho a los intérpretes, y en teatro es donde los veo más contentos, como peces en el agua, haciendo lo que disfrutan.

En México, ¿hay una cierta desconexión entre el teatro y el cine?

Totalmente. Yo conozco muchos cineastas que detestan el mundo del teatro. Y es cierto que ambas realidades [la cinematográfica y la teatral] son muy distintas en muchos ámbitos. Entre ellos, el presupuestario, donde hay muchos ceros de diferencia…

Pero en mi caso, he tenido la fortuna de contar con una gran cercanía con las dos realidades, pero la mayoría de la gente del cine no muestra interés en el mundo teatral. Y en cierta medida, lo entiendo, ya que en cierto momento se llegó a hacer –en diversos lugares– «teatro filmado». Ante esta tendencia, se produjo una reacción y se comenzó a hacer lo contrario. Se observó una ruptura por parte de las nuevas generaciones.

Regresando a «Celestre Soledad», ¿cómo surgió este proyecto? ¿Cuáles fueron sus orígenes? ¿Hubo algún clic que, hace 10 años, le hizo ponerse a trabajar en la película?

No existió –como tal– un momento de clic. Mi proceso de creación es bastante desordenado. El cerebro te regala cosas y las tienes que anotar. Sea el momento que sea. Así, se te facilita el inicio del proceso de escritura, ese instante en el que te enfrentas a la «página en blanco». Poquito a poquito, vas juntando las piezas.

En 2012 yo estaba con una chica que sufrió una tragedia familiar. Perdió a sus dos padres en un periodo cortísimo. De hecho, tuvo que enfrentarse a la soledad de su casa grande y vacía. Me contó varias experiencias que vivió a partir de este hecho. Las mismas me parecieron muy conmovedoras. Entonces, pensé que había que hacer una película de esta vivencia. Le pedí permiso y me puse a escribir el guión. Incluso, cuando lo terminé, se lo enseñé por si le parecía invasivo. Sin embargo, ella me dijo que siguiera adelante con el trabajo.

¿Por qué se eligió Coyoacán [una alcaldía situada al sur de la Ciudad de México] para desarrollar gran parte del rodaje?

La casa en la que filamos los interiores del filme se ubica en Coyoacán. Una circunstancia que, unida a asuntos logísticos y económicos, hizo que optáramos por esta parte de Ciudad de México. Todo ello, sin olvidar las potencialidades de la zona, que se adaptaban a las necesidades del guión. Se trata de un lugar visualmente muy interesante, con espacios muy tétricos, como el callejón del Aguacate.

Todo este esfuerzo ha desembocado en «Celeste Soledad», un proyecto que, además del reconocimiento del público, también ha recibido el apoyo de diversas instituciones, como el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE)…

Conseguir la colaboración del IMCINE es como ganar la lotería, porque somos muchas las personas que queremos hacer películas y los recursos financieros son mínimos. Por tanto, las posibilidades son muy reducidas. Tal es así, que el día que se publicaron los resultados de la convocatoria, yo ni me molesté en revisarlos. Pensaba que no íbamos a ganar. Me enteré de esta buena noticia porque un amigo me la comunicó. Pero he de reconocer que, sin la mencionada ayuda, «Celeste Soledad» no hubiera existido.

A partir de ahora, ¿qué recorrido promocional ha de seguir la película?

Queremos llegar a nuevos espacios. También estamos buscando distribución y plataformas para exhibir el trabajo. Además, ahora nos encontramos en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) y, seguidamente, iremos al certamen de Puerto Vallarta. Asimismo, quiero encontrar otras oportunidades tanto dentro como fuera de México. Personalmente, me encantaría ir a España, donde existen muchos festivales. También me encantaría que «Celeste Soledad» se conociera tanto en América del Sur como en Estados Unidos y Canadá.

E, incluso, querría buscar una proyección comercial para la película. De hecho, éste es un filme que tiene muchas posibilidades, ya que atrapa a la gente. El público no sale indiferente tras la proyección.

No quiero terminar esta entrevista sin mencionar que usted, Álex Argüelles, también se ocupó de componer la banda sonora de «Celeste Soledad»…

[Ríe] En mi familia recibimos formación musical desde pequeños. Siempre realicé las bandas sonoras de mis cortometrajes, porque no tenía dinero para pagar a compositores, orquestadores e intérpretes. Incluso, me llegaron a ofrecer músicos hacer su labor de forma gratuita, pero no podía no reconocer económicamente su labor.

Por ello, desde el inicio de «Celeste Soledad» ya tenía en la cabeza los compases para determinadas escenas. Sin embargo, cuando tuvimos filmadas la totalidad de las secuencias, ya nos pusimos a trabajar más metódicamente en esta faceta. La música siempre ha de estar en función del filme. Se han de complementar.

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