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Antonio Manuel Moral Roncal

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Las cifras de Juan Pablo II (1978-2005)

El pontificado del papa que vino del Este -el más largo del siglo XX- estuvo caracterizado por su claro empeño en reposicionar a la Iglesia Católica en el mundo, tras la sensación de crisis con Pablo VI.

La guerra de Secesión más allá de la esclavitud

El conflicto bélico que dividió la sociedad norteamericana entre 1861 y 1865 fue una guerra civil, la cual -según los historiadores- venía lastrándose desde los días de la independencia de Gran Bretaña. A finales del siglo XVIII, cuando se tuvo que elegir entre una constitución federal u otra confederal, los Estados del Norte defendieron el proyecto federal frente al Sur confederal, donde existía mayor soberanía de los Estados frente al temido centralismo de Washington. Se aceptó la primera opción al ceder los norteños en la cuestión del mantenimiento del sistema esclavista para los sureños, cuya economía de agricultura extensiva necesitaba -según sus elites- ese tipo de mano de obra. Pero mucho consideraron que se había luchado para evitar la dependencia de Londres y no se podía sustituir por otra de la capital federal.

La desaparición del conflicto anticlerical en España

Tras la guerra civil, la sensación de haber vivido una época de persecución y martirio por la “apostasía de las masas”, condujo a la Iglesia católica emprender una reevangelización de los españoles con el apoyo del Estado franquista. La misma se concretó en varios planos: reconstrucción de iglesias, conventos, seminarios… destruidos en la guerra; aumento de manifestaciones públicas religiosas; fomento del asociacionismo laico; influencia en la organización de la educación; censura moral y de costumbres; intentos de impulsar un cine católico; apostolado en niños, jóvenes, trabajadores, adultos, mujeres, etc. Fruto de todo ello fue el aumento de los niveles públicos de devoción durante el primer franquismo (1939-1959).

El anticlericalismo español en los años 30 del s. XX

Al proclamarse la Segunda República en abril de 1931, cabe recordar que ni el Ejército ni la Iglesia Católica se opusieron a la misma. Ni hubo golpe de Estado militar ni una sublevación religiosa, como los cristeros de Mexico. Además, también debe meditarse que, para lograr la candidatura republicana-socialista, alcanzar la mayoría en las elecciones municipales -en la mayor parte de las capitales de provincia- no sólo consiguió el voto de las clases populares sino de clases medias. Muchas familias de éstas les votaron ante la petición de voto republicano de antiguos políticos monárquicos conservadores o liberales -pero constitucionales- como Alcalá Zamora, Miguel Maura, Sánchez Guerra, Ossorio y Gallardo. Muchos de ellos católicos y que confiaron en que se construiría un régimen moderado.

El sistema diplomático de Congresos (1815-1830)

Tras la batalla de Waterloo (junio de 1815), las grandes potencias europeas (Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia) lograron derrotar definitivamente a Napoleón Bonaparte. En Viena, acordaron una serie de tratados internacionales, los cuales no sólo respondieron a la necesidad de reorganización territorial y política de Europa, sino a presupuestos ideológicos. Los representantes de Austria y Gran Bretaña se decantaron por la creación de un sistema institucional permanente para impedir la amenaza de la guerra, como la serie continuada de ellas que habían estallado entre 1793 y 1815. Para evitarla, acordaron que las potencias debían reunirse, periódicamente, en Congresos para afianzar la paz y arbitrar conflictos entre los países.

El Papado ante los desafíos centrales del siglo XX

El pontificado de Pío XII (1939-1958) estuvo marcado por la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias a nivel mundial. Meses antes del estallido de la conflagración europea, consciente de la crítica situación internacional, el papa pronunció un mensaje en el que exhortó a buscar la paz a todos los gobiernos del mundo. De marzo a septiembre de 1939, Pío XII intentó infructuosamente evitar la guerra, sin que recibiera amplios apoyos diplomáticos de ninguna de las grandes potencias. Como dominaba el alemán -desde sus tiempos como nuncio ante el reino de Baviera- escribió personalmente a Hitler e intentó una aproximación entre los gobiernos de Francia e Italia. Ante el fracaso de estas gestiones, Pío XII encargó al padre Tachi Venturi que promoviese contactos para celebrar una conferencia de cinco potencias (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Polonia) para evitar una repetición de la guerra de 1914. Finalmente, sus constantes llamadas a la paz no recibieron ninguna respuesta positiva.

El conflicto anticlerical en el reinado de Alfonso XIII

En 1900 se abrió un ciclo de agitación anticlerical en España debido a la revitalización del catolicismo -en opinión de algunos historiadores- que había logrado adaptarse al triunfante régimen liberal, negociado ciertas compensaciones por la desamortización de bienes eclesiásticos sin negociación previa con la Santa Sede y reposicionado ante los nuevos tiempos. Los católicos más recalcitrantes a ningún tipo de armonía con el liberalismo se refugiaron en las filas del integrismo y del carlismo.

La formación del Imperio británico

Los orígenes del Imperio británico arrancan del siglo XVI, en dura competencia con los avances españoles en tierras americanas y con los portugueses en África y la India. Como primer objetivo, Londres se centró en aumentar su poder en América del Norte y en las islas del mar Caribe, sobre todo en el siglo XVII, para, una vez consolidados esos centros, planear una mayor presencia en los lejanos territorios de la India. En el siglo XVIII, Gran Bretaña logró derrotar a Francia en el escenario asiático, sentando las bases de su futura expansión en el siglo XIX, sobre todo tras la independencia de las trece colonias norteamericanas. A partir de entonces, aumentó su presencia en África, Asia y Oceanía hasta 1914. Tras la Primera Guerra Mundial su presencia territorial no mermó, sino que aumentó gracias a los llamados “Mandatos” de la Sociedad de Naciones, al responsabilizarse del desarrollo de antiguas colonias alemanas. Sin embargo, a partir de 1945 no tuvo más remedio que aceptar el camino de la descolonización de su Imperio ultramarino.

Pío XI y su desencuentro con los totalitarismos

El pontificado de Pío XI (1922-1939) coincidió, prácticamente, con el llamado periodo de entreguerras, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Desde los inicios del mismo, el papa procuró fomentar el acercamiento del catolicismo al mundo de la ciencia -lo cual no resultaba una novedad en la historia de la Iglesia- pues había que evitar que las condenas al modernismo de sus antecesores fueran identificadas con una negación a todo progreso humano y avance en el conocimiento de la naturaleza. Por eso, fundó e impulsó la Academia Pontificia de Ciencias (1936) -para dar ejemplo de científicos unidos en la razón y la fe- y Radio Vaticano (1931), entre otros gestos que fueron divulgados por los medios de comunicación como una renovación importante del papado.

El conflicto anticlerical en Francia (1871-1940)

Tras la caída del II Imperio francés, se proclamó la III República con un claro sentimiento de interinidad, debido especialmente a la fuerza de los partidos monárquicos en el arco parlamentario. Pero los republicanos confiaron en la lenta consolidación del sistema y el escaso apoyo del general Mac Mahon, presidente entre 1873 y 1879, a la causa monárquica, por lo que finalmente no se produjo la restauración de la dinastía, a diferencia de España donde se logró en diciembre de 1874.

Métodos y clases del anticlericalismo contemporáneo

Intentando ahondar en nuestro último artículo publicado, durante la Edad Contemporánea el anticlericalismo fue una fuerza decisiva que caracterizó la vida política. Para lograr un mayor apoyo social, sus partidarios criticaron incisivamente los puntos más endebles del clericalismo. Entre ellos, subrayaron las imperfecciones de aquellos que profesaban un estado de vida que exigía la perfección, es decir, tanto el clero regular (monjes, frailes, monjas) como el secular. Su objetivo fue desautorizar el liderazgo moral y social que todavía retenían los sacerdotes en numerosos lugares del mundo, humillándole y desacreditándole. Ya que se trataba de impactar en las masas se criticó, no sus fallos en la liturgia o en el vestuario, sino aquello que podía impresionar más: su falta de incontinencia sexual, el afán de lucro, la intransigencia doctrinal y su deseo de dominación. Todo ello opuesto a la castidad, pobreza, pureza, caridad y humildad que defendía el Evangelio, por lo que de ahí las masas podían deducir la hipocresía y falsedad del clero católico.

Factores desencadenantes del anticlericalismo en la edad contemporánea

El anticlericalismo surgió desde los mismos inicios del desarrollo de un clero cristiano organizado y definido jerárquicamente en la Edad Media. Sobrevivió durante la Edad Moderna y en los albores de la Edad Contemporánea, los revolucionarios franceses de 1789 lo consideraron una actitud ideológica que -dentro de su cosmovisión particular- definía a la Iglesia católica como el principal representante del Antiguo Régimen, al que se pretendía derribar, y, por ello, resultaba ser el principal enemigo de ese paraíso laico llamado Modernidad, meta de sus aspiraciones políticas.

Tres escritores católicos, Tres Españas en 1936

Como ya hemos visto en anteriores artículos, ecos de la renovación cultural católica de principios del siglo XX llegaron a España desde círculos franceses, británicos e italianos. Junto a receptores como Miguel de Unamuno y Joan Maragall -de los cuales ya hemos hablado- habría que añadir otras figuras como las de Marichalar, Bergamín y Maeztu, cuyas plumas brillaron durante la Edad de Plata de la cultura española, aunque terminarían siendo cada uno de ellos reflejo de las Tres Españas de 1936.

Unamuno y la renovación cultural católica a principios del siglo XX

A comienzos del siglo XX, la intelectualidad española continuaba estando muy influenciada por el krausismo, movimiento filosófico que, si bien adoptó un universo moral cristiano, lo vacío de todo tipo de dogmas. Para Krause y Renan, Jesucristo había sido un líder religioso decisivo en la historia del ser humano, pero no había sido nunca Dios. Por lo tanto, lo importante era su enseñanza y ejemplo moral, legado por el transcurrir de los siglos. Lógicamente, desde el campo católico esta idea krausista tuvo su réplica teológica, argumentando que, evidentemente, el sueño de la razón generaba monstruos, como había dibujado Francisco de Goya. Cristo era hijo del hombre e hijo de Dios.

Claudel y Bernanos: católicos ante los retos de la literatura y la crítica

Junto a Jacques Maritain, Paul Claudel (1868-1955) fue una de las dos personalidades clave de la renovación literaria católica francesa, a comienzos del siglo XX, y de su decisiva influencia social, que propició la conversión al catolicismo de otros intelectuales como Francis Jammes y Jacques Riviére. Su cima lírica fue su conocida obra “Cinco grandes olas”, aunque también escribió la exégesis “Un poeta mira la cruz”. Claudel, licenciado en Derecho, se encaminó pronto hacia la carrera diplomática, contrayendo matrimonio con la hija de un arquitecto de Lyon, con la que tuvo cinco hijos. Además de varias estancias en China, fue nombrado cónsul en distintas ciudades europeas, siendo destinado posteriormente a las embajadas de Francia en Tokio (1922 a 1926), Washington (1927 a 1933) y Bruselas (1933 a 1935).

La polémica en torno al nacionalismo de acción francesa (1899-1936)

¿Qué fue Acción Francesa? Un movimiento cultural y político que surgió de la polémica en torno al caso del oficial francés Dreyfus (1894-1906) que fue acusado de espiar a favor de Alemania. El asunto dividió a la nación francesa: si los que estaban en contra de Dreyfus utilizaron su condición judía para cargar contra él, los anticlericales republicanos utilizaron el caso Dreyfus para atacar al catolicismo.

Maritain y la revolución cultural católica

El escritor y consagrado intelectual francés Jacques Maritain (1882-1973) fue llamado “el corazón” de la renovación cultural católica desarrollada en la primera mitad del siglo XX. Sus ideas contribuyeron a articular la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y asentaron los cimientos de la democracia cristiana europea. Fue el primer laico en ser invitado al Concilio Vaticano II (1962-1965) y el encargado de leer su mensaje a los intelectuales. Precisamente, en sus escritos se inspiró la declaración conciliar Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa.

La renovación intelectual católica ante la crisis europea (1891-1918)

En 1914 fueron numerosos los pensadores, escritores y artistas modernistas que percibieron con fuerza el hundimiento de los principios sobre los que se había edificado la modernidad europea. Esa percepción aumentó con la experiencia traumática que sufrió el continente derivada de la Primera Guerra Mundial. Durante el siglo XIX y en la primeras décadas del XX, el progreso colectivo basado en la fe absoluta en la ciencia se había erigido como principio clave de la modernidad impulsada por la cultura oficial de los Estados occidentales. De ahí que algunos intelectuales defendieran que, fundamentalmente, la pintura debía ser realista y naturalista, lo mismo que la literatura y la música, hasta el extremo. La autognosis defendida por el filósofo Nietzche suponía la imposición del fuerte sobre el débil, aplicando a la sociedad los principios darwinistas de la selección natural y la lucha por la vida. Un combate que debía regir también en la esfera geopolítica, según algunos miembros de las élites dirigentes. Tras la Gran Guerra (1914-1918), que había precipitado un caos fronterizo en Europa del Este y una desestructuración social y económica en Centroeuropa, loa totalitarismos comenzaron a ofrecer orden, unidad, sacrificio del individuo por lo colectivo, un listado de valores arbitrarios pero valores al fin, un salvavidas en el que no hundirse en el mar de las incertidumbres metafísicas. Pronto se convirtieron en "religiones políticas" que amenazaron a las religiones tradicionales.

Ignacio Uría, Entre Columnas. Historia, periodismo y otros animales

Aparece en las librerías una refrescante antología de columnas del profesor de la Universidad de Alcalá y periodista Ignacio Uría, seleccionadas entre otras muchas publicadas en diversos medios de comunicación a lo largo y ancho de dos décadas. Plenas de sensibilidad y humor, sus 235 páginas nos llevan del pasado al presente para pintar un optimista fresco de la realidad diaria.

  • Publicado en Cultura

La conquista del oeste norteamericano

A comienzos del siglo XIX, los Estados Unidos todavía sufrían tres frenos principales que impedían una rápida industrialización: el dominio económico de la antigua metrópoli, la escasez de mano de obra cualificada y la ausencia de vías de comunicación. Gran Bretaña se había esforzado por limitar el desarrollo manufacturero de sus colonias de Nueva Inglaterra, con el objeto de mantener estos territorios como abastecedores de materias primas. Con la independencia desapareció este freno, pero durante varias décadas la joven nación no estuvo en condiciones de competir con los artículos de su antigua metrópoli. Los impedimentos se fueron venciendo con el incremento de población y la llegada de mano de obra experimentada europea, bien entrado ya el siglo XIX, cuando una política gubernamental enérgica decidió favorecer el avance de las comunicaciones.

Un hombre de frontera en la presidencia de los Estados Unidos: Andrew Jackson

A comienzos del siglo XIX, los avances territoriales que sintieron los Estados Unidos hacia la frontera del Oeste nativo se dejó sentir a finales de la década de los años veinte en la dinámica interna de los partidos políticos. Se consolidó un bipartidismo que ha llegado hasta nuestros días, de una manera u otra. Un típico representante de ese espíritu colonizador, fue el general Andrew Jackson (1767-1845) , con el apoyo de los demócratas renovados, ganó las elecciones de 1828. Este presidente había participado en la guerra de la Independencia (1774-1783) desde muy joven, hecho que marcó su carácter fuerte, a veces brutal, debido a las condiciones de vida tan extremas que sobrellevó, propias de un "hombre de frontera".

El estallido de un conflicto internacional: la Guerra de Crimea

A mediados del siglo XIX, los emblemáticos Santos Lugares de Jerusalén se encontraban confiados a católicos latinos, bajo la protección del II Imperio francés, y a cristianos ortodoxos, bajo la del Imperio ruso. Pero era el Imperio otomano quien realmente controlaba el territorio, cuyo sultán mostró su apoyo a los católicos en algunos conflictos derivados de esa custodia, lo que provocó los recelos y protestas de Moscú. En esta política de conservación de los intereses católicos en Oriente, el emperador Napoleón III tuvo el apoyo de su esposa, la española Eugenia de Montijo, ferviente creyente muy preocupada por el avance de los ortodoxos en Tierra Santa. El zar Nicolás I deseaba aumentar la presencia rusa en el Mediterráneo, por lo que le resultaba decisivo el dominio del estrecho de los Dardanelos, donde se situaba Constantinopla, la capital de los Otomanos. La posición de la diplomacia británica y francesa se mostró contraria al crecimiento del comercio y de la influencia rusa en el Próximo Oriente, lo que aumentó la tensión internacional.

Ramón Estalella: Acción humanitaria de un diplomático en la Guerra Civil y posguerra

Ramón Estalella y Pujolá (1893-1986) fue uno de los diplomáticos que, ante el drama cainita de la Guerra Civil española y la inmediata posguerra, decidió apoyar todo tipo de actuaciones que pudieran salvar vidas. Doctor en Derecho, compatibilizó sus estudios con la vida bohemia e intelectual madrileña, durante el reinado de Alfonso XIII, formándose como pintor en los estudios de los pintores Eduardo Chicharro y de José María López Mezquita, siendo tertuliano de la Cripta de Pombo. Ingresó en el Cuerpo Diplomático de Cuba, viajando a La Habana en 1924 para revalidar su título de doctor en Derecho Público, donde expuso individualmente, por primera vez, una serie de pinturas al año siguiente. Destinado a la Legación de Cuba en España, contrajo matrimonio con Ana Manso de Zúñiga y Montesino en 1929.

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