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Aplauso unánime a Blanca Portillo en el Teatro Español


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando a uno le preguntan si le ha gustado una obra de teatro, y se piensa la respuesta, no es que el interpelado se esté haciendo el interesante en una demostración de entendido o crítico feroz, ni que despliegue el suspense reflexivo y meditado ante la curiosidad del otro, no, es que algo ha fallado en la obra y no sabe muy bien qué.

Una especie de duda (no agónica) se cierne ante la respuesta. ¿Me ha gustado esa obra de teatro que acabo de ver? ¿O no? Y en esas estoy desde ayer viernes con Silencio de Juan Mayorga (Madrid, 1956) en el Teatro Español.

Llevo dándole al acumen desde que acabó la función cómo titular esta crónica que ustedes leen; ahí estoy con el runrún y mira que les digo a mis estudiantes que eso de rotular un comentario, una redacción, un resumen…va al final después de trabajar una y muchas veces el texto.

¡Qué poca vida tiene, Pilar!, pensarán, si algo tan frugal como una obra de teatro le quita el sueño; bueno, casi…soy de dormir bien, pero reconozco que ayer al cruzar la plaza de santa Ana, y del Ángel de camino por Carretas a Sol (cuánto me gustan esas calles capitalinas) hasta llegar a casa, no acertaba a dar forma exacta a la interpretación, magnífica, de Blanca Portillo.

Aplausos rotundos, bravos, todo el público en pie, varias veces salió a saludar y agradecer a un auditorio entregado…excelente. Es una actriz muy, muy buena, de las que se desdoblan en una misma escena a modo de poliedro y vuelve a su ser en segundos. Profesional de escuela y de tablas, de edad madura, de trabajo más que solvente, premiada y reconocida aquí y acullá, intérprete de películas y teatro, series, directora…como se dice hoy “una curranta” que se lo gana y lo deja todo en el escenario, porque vaya lo que trabajó en hora y cuarenta minutos de reloj para convencer con el texto Silencio de Mayorga que prometía y a mí me dejó ¡plof!

En una escena limpia, fija y con esplendor luminario, el candidato a ocupar el sillón M de la Academia comienza su discurso. Ataviado ad hoc, algo molesto por los angosturas del traje postizo, se dirige a los asistentes, pulso temblón, pero asumiendo su papel. Eso es, se trata de una ficción, un simulacro teatral, como la vida misma.

Nos creemos que va de silencio la obra, pues no, ni tan siquiera de palabras dado el recinto en el que nos introducen, tampoco…la representación va…a ver…va de teatro.

Poco original, la verdad.

Durante todo el tiempo he tenido la sensación de recorrer parte del temario de la guía docente de algún curso de Lengua y Literatura, de esas programaciones académicas para niveles escolares y universitarios.

Ocurre que sin hacer spoiler, porque no hay conflicto que resolver (nada se ha planteado desde el principio) el espectador asiste a la mala relación entre actriz y autor, es decir, cómica abandonada por su amigo durante años sin actuar, que en vísperas del ingreso del interfecto en la Academia, le pide que ocupe su papel y lea el discurso.

Vaya, la crisis del teatro, la crisis de los actores y la volatilidad de su vida laboral: hoy tengo muchos papeles y mañana no se acuerda de mí, nadie… ni suena el teléfono.

Y como hilo narrativo, poco verosímil, un texto que ha de pronunciar el elegido a académico. Una treta muy conocida en foros dramáticos es la morcilla, pues eso…muchas morcillas ha enjaretado el dramaturgo para dar consistencia a lo que vemos y oímos: desde Sófocles, su Antígona es un tostonazo, tanta tiranía y tanto poder abusivo aburren ya por muy de moda que estén, a Kafka, sin olvidar al inefable Woyzeck de Büchner.

No podían faltar los rusos, siempre lucen: Dostoievski y Chéjov, clásicos para armar silencios y réplicas con sus personajes convulsos, y por supuesto desembarcar en Lorca con Bernarda, pasando antes por un Sancho respondón a su señor, mudo por cierto. Y como a todo profesor que siente predilección por ciertos temas, el pesado de Calderón hace su irrupción con Segismundo que no le habla a Rosaura.

A mí me pareció una intensidad difícil de sobrellevar, un repaso para un examen de Lengua y Literatura en el que no faltaban pautas de cómo acertar con un comentario literario al uso.

Vamos, que si nos juntamos varios especialistas del ramo, aparecemos en cartel con un teatro abarrotado.

Me gusta mirar a quienes compartieron función conmigo y me agrada comprobar que se visibilice cada vez más la diversidad y la inclusión…y que la cultura es y sigue siendo segura. Sin duda.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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