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Luis Bellido, el compromiso social de la Arquitectura


Fachada de la sala de máquinas, la fábrica de hielo y la carbonera del Matadero de Luis Bellido (Archivo villa de Madrid) Fachada de la sala de máquinas, la fábrica de hielo y la carbonera del Matadero de Luis Bellido (Archivo villa de Madrid)

Edificó el Matadero, asilos, escuelas y mercados, restauró la Casa de Cisneros y reinstaló la Puerta de Mariana de Neoburgo en el Retiro

La Sala Sur del Centro cultural Conde Duque expone, hasta el mes de marzo, la muestra “Luis Bellido, arquitecto municipal de Madrid, 1905-1939”, comisariada por Javier Mosteiro, catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica, e inaugurada este jueves por la delegada municipal de Cultura, Turismo y Deportes, Andrea Levy. La exposición traza un minucioso recorrido por la vida y la obra de quien fuera responsable de la arquitectura oficial de la ciudad durante el primer tercio del siglo XX. En tal período, Luis Bellido protagonizó una profunda transformación del bastidor constructivo y patrimonial de la ciudad, aplicada con criterios de funcionalidad social hasta entonces inéditos.

Así lo destaca el relato del comisario Javier Mosteiro, director responsable de un equipo profesional coordinado por Carlota Bustos, con la documentación a base de cartografía, planos, mapas y paneles acopiados por Irene Sanchidrián, fotografías de José Latoba y Regina de Luca, más un cuidado montaje de Sofía de Pablo. Proliferan textos de historiadores de la Arquitectura como Pedro Navascués, María del Carmen Utande, Miguel Lasso de la Vega y Salvador Guerrero.

La fisonomía actual de Madrid no sería comprensible sin tener en cuenta la crucial contribución brindada entonces a su configuración por la arquitectura civil de Luis Bellido (Logroño, 1869-Madrid, 1955). Su aportación sobrevino en un momento inaugural de la centuria anterior en el cual la ciudad mostraba un potente crecimiento demográfico que requería de una cualificación dotacional y urbanística de nuevo cuño. Además, Madrid recibía un modernizante impulso industrializador que interactuaba con los relevantes cambios sociales registrados entonces. Eran transformaciones vinculadas al aumento exponencial de la demanda de servicios para satisfacer con ellos el imparable desarrollo citadino.

Todo ello determinaba la necesidad imperiosa de una profunda innovación de Madrid en una clave metropolitana hasta entonces inexistente, que implicaba la ideación de una trama urbanística que incluyera centros sanitarios, asilos, escuelas públicas, mercados, talleres, matadero e instalaciones diversas, que cobraban así una primacía plena por sobre otros componentes de la anatomía y la ornamentación ciudadanas. Bellido, desde la atalaya de la responsabilidad municipal que, con evidente desenvoltura y compromiso social, asumiría, sería el encargado de facilitarle a Madrid el nuevo ajuar de dotaciones exigidas, así como una nueva faz.

Y lo haría bien pertrechado, como lo estaba, de un conocimiento amplio sobre la cultura patrimonial historicista y sus técnicas constructivas tradicionales -como las mamposterías pétreas encajadas en hiladas de ladrillo-, así como las entonces modernas carpinterías metálicas roblonadas y el empleo pionero del hormigón armado. Con esta y otras combinaciones de usuales e innovadas técnicas, Bellido armaría su propuesta, asentada en un saber arquitectónico que adquirió suprema expresión en el Matadero Municipal de Madrid y Mercado de Ganados, hoy sometidos a una feliz transformación de uso destinado a eventos culturales.

El Matadero, su ópera magna

Casi una cincuentena de edificios, algunos de ellos con la característica plenamente industrial de los tejados aserrados para facilitar actividades fabriles o el acceso de la luz, componen esta obra de la arquitectura civil de servicios, diríase opera magna del arquitecto riojano. Y ello no solo por su escala, con sus iniciales 15 hectáreas de extensión y las decenas de edificaciones desenvueltamente resueltas que la componen, sino también por constar -desde el minuto cero de su proyecto- el carácter vectorial y expansivo de sus dimensiones, en previsión del pujante y futuro empuje de las demandas de crecimiento de la población de la ciudad.

Mercados como el de Tirso de Molina, aún en pie en la Puerta del Ángel, más el de Torrijos y el primer proyecto del de Olavide fueron realizados por Bellido, que proyectó también intervenciones en asilos, casas de Salud, colegios públicos municipales, como las Escuelas Aguirre -hoy sede de la Casa Árabe-, o la Escuela Municipal de Cerámica, junto al cementerio de La Florida. De su estudio surgió asimismo el templete o kiosco de la Música del parque del Oeste, hoy desaparecido; la ideación del parque de la Arganzuela o la reubicación, en 1922 y frente al Casón del Buen Retiro, de la Puerta de Mariana de Neoburgo, considerada la más bella del jardín histórico madrileño.

Al estro innovador y creativo de Bellido añadiría sus intervenciones en áreas patrimoniales, como la que acometió en el auténtico rescate de la entonces arruinada Casa de Cisneros que conectó mediante un puente con la sede del Ayuntamiento de la plaza de la Villa; la Casa de los Lujanes, así como las restauraciones del Teatro Español, en la plaza de Santa Ana; la Casa de la Carnicería, entonces Hemeroteca Municipal, en la plaza Mayor y el Hospicio de San Fernando, que iba a ser derribado si bien sería convertido por él en Museo Municipal.

Bellido, hijo de un ingeniero de Caminos y de su esposa gallega, tras titularse académicamente en 1894, había adquirido su experiencia inicial como arquitecto municipal de Lugo, con obras de relevancia institucional y religiosa también en A Coruña, Oviedo, Avilés y Gijón, donde asimismo ejercería libremente su profesión de arquitecto, para recalar en Madrid en 1905. Fue en la plaza de Alonso Martínez donde proyectaría un suntuoso edificio de viviendas rematado por una potente cúpula amansardada, emblema aún decimonónico de la arquitectura civil burguesa madrileña. Incorporado a la Sociedad Central de Arquitectos, organismo antecesor del Colegio de Arquitectos, Bellido entraría en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1925, con un discurso de ingreso en el que denunciaba “la insinceridad de la arquitectura”, que ya incluía los fundamentos de lo que sería el núcleo de su propuesta profesional. Con ellos hibridaría el eclecticismo y cierto historicismo con la funcionalidad inducida por un profundo sentido del compromiso social con la ciudad. Aquel discurso le fue correspondido por el gran arquitecto, veterano entonces, José López de Sallaberry, como consta en una de las vitrinas expuestas.

Director de la revista Arquitectura y miembro de la Comisión de Monumentos, Luis Bellido pasaría pronto a formar parte de la élite de los arquitectos afincados en Madrid, en la que figuraban personalidades de la estatura de Secundino Zuazo, Manuel Sánchez Arcas, Modesto López Otero, Luis Gutiérrez Soto, Francisco Solana, Gaspar Blein o Pedro Muguruza, a los que la Guerra civil dispersaría como grupo.

Luis Bellido fue, desde la Arquitectura, el artífice de la transformación de Madrid en gran metrópolis, con la sabiduría de quien fuera capaz de aportar nuevos valores de uso, por él ideados, en valores ciudadanos de cambio a base de una sinceridad constructiva alejada del espectáculo, asentada en una idea de monumentalidad heredada y genialmente actualizada en una clave social.

No hay apenas constancia en la exposición de la real participación de Luis Bellido en el plan de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de enero de 1939 dirigido por Julián Besteiro, que incluía prescripciones sanitarias, urbanísticas y patrimoniales de gran alcance social y ciudadano, que el inminente final de la guerra civil y el arranque del franquismo truncaría abruptamente. Como anécdota cabe señalar que se atribuye a José María Pemán el haber tildado la arquitectura madrileña de la época de Bellido como “neomudéjar de retrete”, lo cual da una idea de la consideración que el escritor monárquico y apologeta del franquismo, como muchos de sus conmilitones del régimen dictatorial, mostrarían hacia las prestaciones sociales de los servicios y dotaciones de la obra pública.