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El tríptico de la vanidad y la salvación eterna. De Hans Memling


Retomamos con esta obra nuestras lecturas de cuadros tras la pausa veraniega. Es un políptico alegórico sobre el pecado y la salvación del mundo. Su autor, Hans Memling, es un artista alemán perteneciente a la Escuela flamenca, escuela que incluye a pintores tan conocidos como Jan Van Eyck, Van der Weyden o El Bosco.

Poco sabemos de la vida de este artista, aunque muchos estudiosos, entre ellos Panofsky, lo sitúan como discípulo del mencionado Van der Weyden. Se sabe que en 1467 se le sitúa en el gremio de los pintores de los Países bajos, en la ciudad de Brujas. También se le conoce como uno de los pintores favoritos de la reina Isabel I de Castilla.

El cuadro que hoy presentamos, titulado El tríptico de la vanidad y la salvación eterna, fue realizado en torno a 1485. Es, como ya hemos dicho, un políptico que consta de tres tablas pintadas por anverso y reverso, lo que nos arroja un total de seis obras, que representan a su vez el pecado y la salvación.

El conjunto, respecto a su temática, se incluye dentro de la pintura alegórica, de la que Memling es un maestro, que invita a la reflexión sobre la moralidad, siendo una constante de la época. Sus imágenes están llenas de un intrincado simbolismo cuya explicación, a veces, solo llegaba a unos pocos eruditos. La obra desplegada permite la contemplación de ambas partes, llevando al espectador a la meditación y la oración.

En el frontal podemos ver tres escenas alegóricas. La izquierda representa a la Muerte a través de un cadáver esqueletizado con el vientre abierto, mostrando la putrefacción. Los genitales están sustituidos por un sapo, animal considerado en la Edad Media como maligno ya que se pensaba que era una degeneración de las ranas y una representación de la lujuria. El personaje está aposentado sobre un sepulcro abierto, llenos de huesos esparcidos, mientras le rodea una banderola con una inscripción que hace alusión a la pintura.

La tabla central nos muestra la figura de una mujer desnuda que se mira al espejo: es la Vanidad. Su cuerpo se muestra sin ropas con descaro a excepción de unas sandalias que cubren sus pies. La larga melena suelta cae sobre su espalda, en vez del recatado tocado, adornada la frente con una diadema. Una de sus manos se apoya en la cadera, adoptando una actitud provocativa, actitud que nos sugiere que además de la vanidad representa otro pecado capital, la lujuria. Junto a ella tres perros de dos razas diferentes: el grifón, que suele simbolizar en este tipo de pintura el matrimonio, junto con dos galgos en una actitud que nos vuelve a referenciar el erotismo. Todo rodeado de un paisaje campestre, bucólico, lleno de delicados detalles.

La tercera tabla nos muestra un demonio con alas de murciélago y dos cabezas, una de ellas en el vientre, clara representación, nuevamente, de los impulsos primarios que se encuentran en esta parte de la anatomía: la gula y la lujuria. Este demonio va echando a los pecadores al abismo representado por la boca del infierno rodeada de llamas. La banderola que rodea al demonio nos presenta una clara inscripción: “En el infierno no hay redención”.

El reverso del panel nos habla de la salvación a través de otras tres tablas. La central nos presenta a Cristo como rey del mundo, en actitud de bendecir, sentando en su trono, con los atributos de su poder, tal y como las Sagradas escrituras nos dice que aparecerá en su segunda venida. Le rodean cuatro ángeles músicos. Toda la representación emana serenidad y sosiego, destacando solamente el color rojo del manto del Redentor, símbolo de su pasión. La tabla de la izquierda nos muestra el blasón de la familia donante, los Loaini. Finalmente, en la tabla derecha encontramos una calavera que nos habla de la redención, negada en el infierno, así como unas palabras del libro de Job: “Yo sé que mi redentor vive”, para luego describir la resurrección de los muertos.

No cabe duda de que a través de esta obra comprobamos como Memling es un digno representante de lo que se ha venido a llamar el estilo “canon burgois”, en referencia al estilo surgido de los pintores afincados en la ciudad de Brujas, y que tuvo mucha influencia en pintores posteriores, gracias a su síntesis de la luz, el color, la imitación de los objetos y el cuidado en el paisaje y la naturaleza.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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