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Del Prado al Universo: La UNESCO otorga al eje Prado-Recoletos la distinción de Patrimonio de la Humanidad


Arbolado histórico del Parterre del parque del Retiro. Inicialmente, eran arbustos leñosos y aromáticos que, por sucesivas podas, adquirieron su actual porte. Cientos de niños han trepado por sus troncos durante décadas. Arbolado histórico del Parterre del parque del Retiro. Inicialmente, eran arbustos leñosos y aromáticos que, por sucesivas podas, adquirieron su actual porte. Cientos de niños han trepado por sus troncos durante décadas.

El eje Prado-Recoletos, bosque urbano por excelencia donde se inserta el parque del Retiro y nudo de una de las principales tramas museísticas del Continente, es una de las arterias históricas urbanas más bellas y significativas de Europa. Anterior en el tiempo a los Campos Elíseos de París, desde el siglo XVI en adelante amenizó la vida de la ciudad de Madrid con sus numerosas fuentes monumentales, su denso arbolado de alto porte y su condición de lugar de encuentro de las clases populares, la burguesía y la aristocracia madrileñas. Este segmento nobiliario lo habitó en una decena larga de palacios en su mayoría desaparecidos durante la posguerra civil, para ser sometido a profundas e infortunadas transformaciones. Pese a ello, conservó algunos de sus principales tesoros. Paraje de cortejos y amoríos, vanaglorias privadas y desfiles militares, por las riquezas patrimoniales tangibles e intangibles que alberga, desde las artísticas a las ornamentales, culturales y ecológicas, la Organización de Naciones Unidas para la Cultura, Unesco, lo acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad.

Se trata de un reconocimiento internacional que hace justicia a la historicidad y a la belleza de este enclave vivo en la memoria y en el presente de Madrid, cuya amenidad fuera loada ya por Miguel de Cervantes y que ha servido como encrucijada de encuentro social de los moradores de la Villa y los residentes de la Corte, que encontraron en sus frondosos paseos rasgos señeros de la personalidad capitalina.

Bajo su empedrado discurre un río subterráneo, el Arroyo de la Castellana, turbulento tras los aguaceros. Sus aguas inundan un dispositivo de seguridad que aísla los accesos subterráneos del Banco de España. El cielo del Paseo se ve filtrado en su colorido por el oxígeno que brota de sus árboles, varios miles de distintas especies, señaladamente Platanus hipocastanus y acacias. En su día, abundaron también chopos y olmos. Las autoridades municipales acostumbran mimar con policromía floral las praderas que circundan sus andenes.

Son numerosos e incontables los tesoros que el eje Parado-Recoletos ofrece al paseante. Entre los arquitectónicos, por su antigüedad, destacan la iglesia tardogótica de San Jerónimo el Real, sobre una colina que domina el Eje, que dialoga con el palacio del Congreso sobre la Carrera homónima; la Biblioteca Nacional, de fastuosa fachada de empaque neoclásico, cuyo interior aloja en su parte posterior el Museo Arqueológico Nacional; el Palacio de Buena Vista, sede del Cuartel General del Ejército, que cuenta con un ajardinado vergel y que otrora fuera habitado por Manuel Godoy, posteriormente por el general Juan Prim; el edificio del Banco de España, florón de las construcciones románticas, que posee una de las mejores colecciones pictóricas de Francisco de Goya; el palacio de Comunicaciones, hoy sede del Consistorio, obra de los alarifes Antonio Palacios y Joaquín Otamendi.

A su ajuar arquitectónico hay que añadir el escultórico, con fuentes monumentales de extraordinaria belleza, como la dedicada al dios Apolo, en pleno paseo del Prado, entre las fontanas de de Cibeles, la reina cerealera, o la de Neptuno, considerada ésta como una de las más bellas de Europa, obra asimismo del gran Ventura Rodríguez. El gran hito dedicado a Cristóbal Colón en la plaza de su nombre, da lustre a los contiguos Jardines del Descubrimiento, que se ven jalonados con un enorme y pétreo conjunto escultórico, obra de Joaquín Vaquero Turcios, que rinde tributo a la gesta del encuentro de España con América. Y ello sin olvidar el conjunto monumental de la plaza de la Lealtad, con un Obelisco y un túmulo que alberga los restos de muchos patriotas pasados por las armas por las tropas napoleónicas que ocuparon Madrid entre 1808 y 1813. Adaptado por el arquitecto Joaquín Roldán, es el enclave donde se rinde anualmente homenaje y honores a los españoles que dieron su vida por España a lo largo de la Historia.

Palacio de Cristal, invernadero de arquitectura roblonada decorado con cerámicas polícromas de Daniel Zuloaga 

Un Tesoro Universal

Quien diera nombre vegetal al Paseo, una franja arbolada con andenes para caballerías, henchido de frescor y discreción, lo perdería a favor de la principal pinacoteca clásica del mundo, que en su lar se encuentra, alojada en un magno edificio de Juan de Villanueva, inicialmente dedicado a Gabinete Científico si bien fue transformado a principios del siglo XIX en Museo de Pinturas. El Prado alberga en su interior lo más granado de las fastuosas Colecciones Reales, pictóricas y escultóricas, acuñadas por las dinastías de Austria y de Borbón, señaladamente la primera.

Diego Velázquez, Juan de Ribera, Francisco Murillo o Francisco de Goya, cuelgan en él sus más renombradas pinturas; al igual que otras de Fra Angelico de Fiésole; Andrea Mantegna; Rafael Sanzio; Tiziano; Paolo Veronés; Tintoretto.. O los flamencos Jan Brueghel, Hieronimus van Aeken, El Bosco; Pedro Pablo Rubens, Anton Van Dyck; así como numerosos otros exponentes del Manierismo, Barroco, Neoclasicismo y en menor medida, del Romanticismo e Historicismo. Grandes veedores de Arte, como el marqués de Leganés, fueron los artífices de las magnificentes colecciones, por su riqueza y completud, únicas en el mundo, conseguidas en almonedas regias de toda Europa.

Complementos museísticos de gran entidad artística aunque de contenido contemporáneo se suman al Prado, como el Museo de Arte Reina Sofía, cerca de la broncínea Fuente de la Alcachofa de la glorieta de Carlos V, más el museo privado Thyssen-Bornemisza, el de Artes Decorativas, el Etnográfico y el Museo Naval, que contiene asimismo testimonios de extraordinario valor histórico y científico, que dan cuenta del poderío naval hispano cuando fuera superpotencia mundial.

La Ciencia, presente

Desde el punto de vista científico, aledaño del Eje Prado-Recoletos, en el que cabe incluirlo, se yergue el Observatorio Astronómico del Retiro, que alberga una impecable reconstrucción del Telescopio de Herschel –su autor descubriría el Planeta Urano-. Pero, sobre todo, destaca el Jardín Botánico, receptor de hasta 5.000 especies vegetales allegadas muchas de ellas a Madrid por botánicos universales como Mariano Lagasca o José Clestino Mutis, o naturalistas como Félix de Azara, en numerosos viajes transoceánicos.

Este excelente plantel vegetal rectangular, de casi 9 hectáreas de extensión, perteneció en su día al terreno contiguo donde se ubicaba el parque del Retiro, verdadero florón éste parque de la señera arteria madrileña hoy distinguida con el galardón patrimonial universal. Fundado en torno a la tercera década del siglo XVII, de cuando pervive uno de los árboles más veteranos de los de Madrid, el Taxodium mucronatum, o ahuehuete, el hoy parque público del Retiro, de 118 hectáreas, 17 accesos porticados y 18.000 árboles de más de 160 especies, fue concebido inicialmente como lugar de esparcimiento regio por parte de Gaspar Guzmán y Pimentel, Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV. Sembrado de siete ermitas, caprichos decorativos y estanques pequeños, como el Ochavado, o grandes, como el de tal nombre, fueron estas láminas de agua escenario de naumaquias, batallas navales incruentas donde los reyes, a bordo de engalanadas embarcaciones, galanteaban y cortejaban a su placer.

Provisto de un Mallo –el juego del mall de los anglosajones- juegos de pelota, coliseo teatral y plazoletas para cañas y toros, el Retiro debía su nombre a su condición de prolongación del Cuarto Real donde los reyes, hasta Felipe III, pasaban los duelos familiares o se recogían para descansar. Su hijo Felipe IV dotó al Real Sitio de una dimensión lúdica, alejada de la austera severidad de su padre y de su abuelo, quien estableciera en Madrid, lejos de la autoridad eclesiástica arzobispal toledana, la capital del imperio hispánico en 1561.

La Revolución abrió sus puertas

En el último tercio del siglo XVIII, el Retiro perdería parcialmente su condición de Jardín Real para ser abiertas al público algunas zonas, por la presión popular aflorada en el levantamiento contra el marqués de Esquilache; pero, a excepción del llamado Reservado, en el confín septentrional, -en la zona hoy denominada Montaña de los Gatos o Artificial, en la parte más alta de su recinto y de las de más alta cota del centro de Madrid- donde se encuentran los manantiales que irrigaron históricamente su ámbito. Tras la Revolución popular y burguesa llamada Gloriosa, de 1868, que destronó y exilió a la reina Isabel II, el Retiro pasaría a ser parque público de libre acceso.

La riqueza arquitectónica del Retiro resalta por el Palacio de Cristal, un pabellón vegetal de estilizadas columnas metálicas, selladas por transparencias acristaladas, Fue construido para una Exposición botánica de plantas transoceánicas en el último tercio del siglo XIX. Este palacio, vecino de un lago poblado por árboles de los pantanos (Taxodium dysticum) traídos de México y hoy surcado por aves acuáticas, cisnes y patos, más galápagos, es uno de los más amenos parajes del parque, emblema de la arquitectura cristalina y roblonada, con cerámicas de Daniel Zuloaga, renovador del Arte ceramista. También destaca como magna sala de exposiciones, igualmente agregada al Museo Reina Sofía, el palacio de Velázquez, obra del extraordinario arquitecto decimonónico Ricardo Velázquez Bosco, que trasladó piedra a piedra ruinas del monasterio románico de San Isidoro que se exhiben en una de las numerosas praderas del parque en su ala norteña.

El impar Mausoleo escultórico-arquitectónico que se yergue sobre el Estanque Grande consta de un hemiciclo con columnatas jónicas dobles de gran armonía, con profusión de grupos estatuarios y bajorrelieves. Es un conjunto artístico único en España. Fue mandado edificar en el arranque del siglo XX por la reina regente María Cristina de Habsburgo para homenajear a su difunto esposo Alfonso XII y se muestra motivado con alusiones a la Pacificación consecutiva a las guerras carlistas. Ideado por el catalán José Grases i Riera, incluye un repertorio de obras de los mejores escultores de la época, señaladamente de Mariano Benlliure, a quien pertenece, asimismo, la cercana estatua ecuestre del general Arsenio Martínez Campos, espadón que tras un golpe de Estado contrarrevolucionario, situó en el trono a Alfonso XII, hijo de la exiliada reina Isabel II tras la Revolución de 1868. Es de destacar la estatua y fontana dedicada a Lucifer, El Ángel Caído, obre del escultor Ricard Bellver, enclavada en la cota 666 de la orografía madrileña.

La Pintura tiene acomodo en el Retiro en la sala de exposiciones de la llamada Casa de Vacas y la Música, en el templete donde opera la Banda Sinfónica Municipal, que ofrece conciertos dominicales de alta calidad durante la Primavera y el Otoño, no lejos de un singular Teatro de Títeres, ambos enclaves situados cerca del Estanque Grande. En éste se ofrece al público un embarcadero para practicar el remo y es, asimismo, escenario de ensayos deportivos para regatear.

En la parte posterior del Retiro existe un Centro de Interpretación del Parque, ideado por el jardinero Luciano Labajos, que incluye un excelente Museo de Aperos de Jardinería y Labranza. En la misma zona se encuentra un invernadero histórico, regentado por la familia Spalla, procedente del palacio de Liria, y las instalaciones que cultivan toda la flora que demanda el propio parque y la demanda ornamental municipal en su conjunto.

Decenas de árboles centenarios, de los miles que pueblan el Retiro, jalonan sus paseos, por cuyas veredas se registra un incesante tránsito de corredores, patinadores y ciclistas, señaladamente en torno al Paseo de Coches, que circunvala la Rosaleda, un jardín de rosáceas de enorme policromía y diversidad aromática.

Alto valor militar

El Retiro ha sido históricamente un enclave de gran valor estratégico: ocupado por las tropas napoleónicas después de 1808, fue su cuartel general artillero y en su interior meridional se construyó un enorme baluarte artillado del tipo Vauban; por ello, resultó devastado no solo su bastión, sino también el arbolado centenario, diezmado para procurar leña a las tropas ocupantes, sino también varias de sus siete ermitas y, a manos de las tropas aliadas de Lord Wellington, la fábrica de Porcelanas Reales regentada a fines del siglo XVIII por el gran ceramista Bartolomé de Sureda, amigo de Goya e inmortalizado por él en uno de sus magníficos retratos.

Lugar de amoríos, espionaje y conjuras, el Retiro se encuentra entrañadamente unido a la historia social y política de Madrid. Su arbolado, sus paseos, su oferta de silencio en pleno corazón latiente de Madrid rubrica con un broche de brillantes el eje distinguido con la suprema patrimonialidad histórica de la Humanidad como la Organización Cultura de Naciones Unidas ha reconocido en una, aquí, muy celebrada decisión.