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Monstruos


Mucho valor hay que tener para escribir Yo, adicto. Javier Giner demuestra aceptación y reconocimiento de un pasado sufriente y doloroso. Escribir este libro forma parte de su curación, ha salido del vacío de la nada, la soledad, el desamparo y la autodestrucción ¡Qué suerte!, lo ha podido contar.

Un testimonio de verdad y crudeza que desgarra hasta el escalofrío. No omite nada del proceso de caída en la adicción y de cómo lo supera. Alcohol y cocaína, un dúo mortal. Aunque lo relevante es la confesión detallada del autor que se sabe adicto y revela la cruel enfermedad que eso conlleva. Látigo y ruina para las familias: o te ingresas o te mueres. Mentiras, desafíos a la autoridad, búsqueda de conflictos, sexo desenfrenado, camellos agendados...cuando te posee el monstruo no lo reconoces y ni sabes nombrarlo.

Entre el consumo y el ingreso pasan años, conseguir la estabilidad emocional y mental hasta recuperar la identidad se convierte en un trabajo de larga duración.

Hay quien consume para divertirse, en el adictivo se convierte en una dependencia que ocupa sus días, consumir o el terror y la desesperación. Se ve que Javier Giner lo ha vivido y ha salido de una depresión profunda tras realizar un trabajo de rehabilitación con esfuerzo y atención psicológica.

Del "me quiero morir, me quiero morir" a dar con el Centro de desintoxicación en el que ingresó voluntariamente hasta poder contarlo. Un toxicómano tiene que pedir ayuda; el coste para una familia de clase media es un gran esfuerzo y no todas pueden afrontarlo. En la sanidad pública las listas de espera son interminables.

El verdadero problema es la adicción, la sustancia es solo el síntoma, su zona de confort es el sufrimiento, el malestar. La solución está en reconstruir la emocionalidad interna, la construcción del yo que la enfermedad ha destruido; no valen cambios superficiales que no conlleven una modificación de las estructuras internas de la persona. Horas de llanto y gritos que muestran la desesperación de víctimas que se convierten en verdugos.

En el diario que va escribiendo van ganando las palabras, se dan reglas y consejos para superarlo. "La adicción es una enfermedad compulsiva, obsesiva, crónica y progresiva" en la que el sentimiento de culpabilidad y exigencia están presentes. Interesante el proceso de creación y el poder sanador de la escritura. El recuerdo a la familia Panero me ha parecido conmovedor, así como su recuerdo y reconocimiento a Bolaño.

Homosexual y artista, el autor afirma que el 99,8% de las toxicomanías ocultan un trastorno familiar. Juicios y reproches asfixiantes, cuya demanda no se puede satisfacer. La sociedad de la apariencia y los falsos objetivos hace el resto. Hay además factores hereditarios y congénitos.

Se comprueba a medida que avanza el testimonio en primera persona que la estancia en el Centro de desintoxicación y los compañeros le van devolviendo el interés por las cosas que merecen la pena. El léxico jergal y marginal del mundo de las drogas nos devuelve la identidad del grupo. Las páginas 414-416 ofrecen un plan de acción, un salvavidas al que agarrarse. Vivimos en un mundo de adicciones, los jóvenes necesitan unos valores sociales firmes que orienten su vida.

Los valores culturales se deben sostener en la luz, la verdad y el compromiso. Esta debe ser nuestra apuesta, así como la honestidad y autenticidad que se adquiere con la escritura. Gracias, Javier, por tu relato imprescindible para comprender todas las fases y procesos de una enfermedad de la que eres un superviviente.

Suena Clapton con su mano lenta inspirando Cocaine y Valerie de Amy Winehouse, en mi cabeza. Al grito de sexo, drogas y rock and roll enviamos fuerza a todos los que quieren salir del infierno de la bestia.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.