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La Cubana desvela sus secretos en una exposición con mucha pluma y purpurina


  • Escrito por Rosa Díaz
  • Publicado en Cultura

"La compañía nació en Sitges, su inspiración viene de Sitges y en Sitges hemos querido celebrar nuestro aniversario", ha dicho su cofundador Jordi Milan, frente al edificio Miramar, situado en la parte noble de la localidad y totalmente tomado por los "cubaneros".

Desde lejos ya se vislumbran los grandes carteles que anuncian la exposición y unas estrafalarias figuras que saludan sonrientes desde la primera y la segunda planta de la construcción neoclásica.

Son figuras de cartón de Santi Millán vestido de vedette y José Corbacho disfrazado de cantante de orquesta de fiesta mayor, que saludan a los recién llegados, rodeados de algunos de los muchos actores que han pasado por la compañía a lo largo de cuatro décadas.

En medio de estas fotografías de tamaño natural, un enorme pastel avisa al espectador de que, en la exposición en la que están a punto de entrar, todo es excesivo y divertido, como la propia compañía.

La muestra empieza por el principio, "cuando actuábamos en la calle porque no teníamos sede y nos vestíamos con ropa de nuestros padres, abuelos y amigos porque no teníamos dinero", ha recordado la cofundadora Vicky Plana.

"Actuar en la calle tiene sus ventajas, el público ya viene incluido", ha añadido Milan, que aparece cuarenta años más joven en las divertidas fotografías de los primeros años, cuando La Cubana formó su personalidad a base de mucha calle y mucha interacción con los espectadores.

La exposición avanza cronológicamente desde "Dels vicis capitals" (1981) hasta "Adeu Arturo" (2018), pasando por grandes éxitos como "Cómeme el coco negro (1989) y "Cegada de amor" (1993), que estuvo cinco años en cartel y fue vista por más de un millón de espectadores.

Pero lo más espectacular está en las salas llamadas Almacén, La Manera de Hacer, El Vestuario, Las Novias y las Bodas y Las Teresinas. "Hemos traído a Sitges veinte camiones de trastos", ha confesado Milan, algo que se demuestra que es cierto en cuanto el espectador entra en la sala donde exponen el vestuario.

"Yo creo que Jordi Milan nació en el barroco", bromea Santi Millán en la puerta de la sala donde se recrea, a pequeña escala, el local de 3.000 metros cuadrados que tienen en L'Hospitalet y donde guardan las escenografías, entre otras muchas cosas.

Un barroquismo que crece sala tras sala, hasta llegar a la dedicada a Las Novias y Las Bodas, en la que han sido capaces de meter un pastel de boda de dos pisos de alto. "Nos encantan las bodas -reconoce Milan- porque no hay nada más teatral que una boda.

En las bodas la gente hace teatro de manera natural". La exposición se cierra con la joya de la corona, la zona dedicada a Las Teresinas, tres personajes entrañables creados por La Cubana, que representan tres hermanas jubiladas muy aficionadas al cotilleo.

Aquí es el público quien puede cotillear y entrar en la habitación que comparten las tres, en su lavabo, su cocina y su salita de estar. Todo muy teatral, como no podía ser de otra manera con La Cubana.