Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Inclusión, poliglotía y teatro, mucho teatro: Calígula se despidió del María Guerrero


“¡¡Cuánto curro!!”, “¡¡Vaya mérito!!”, “No he entendido nada, pero…ha estado bien, ¿no?”

Escuché estos comentarios el domingo por la tarde a la salida de la representación de Calígula ha muerto, yo no en el Teatro María Guerrero.

Antes y para hacer tiempo, me di un garbeo (qué palabra tan de otro siglo, muy de Muñoz Seca o Benavente) por el Paseo del Prado cerca de la Plaza de Colón, sin perder ripio “político y fotográfico” de lo que acontece en sus alrededores, siempre señalando. Se celebraba la feria de la artesanía y en las casetas alineadas en la acera central, los artistas exhibían sus obras hechas a mano. De todo. Joyas, cuadros y cerámicas, bisutería, bolsos y ropa. Dibujos, accesorios decorativos. Una y mil formas, uno y mil colores, una y mil maneras de ofrecer el trabajo personal al público vespertino interesado en el cuidadoso y esmerado proceso creativo de elaboración cuyo resultado estaba lleno de admiraciones y agradecimiento.

A las siete comenzaba la última función que se ha representado en el María Guerrero estas últimas semanas sobre la versión del texto Calígula de Camus (1913-1960), ahora según idea de la dramaturga catalana Clàudia Cedó y bajo la dirección del portugués Marco Paiva; se trataba de una producción hispanoportuguesa, al alimón, con un mismo objetivo: ofrecer un teatro inclusivo y diverso. En definitiva, teatro. Y vaya si lo consiguieron.

Echar mano de los clásicos, siempre supone un apuesta arriesgada pero en el fondo segura: si uno quiere criticar los abusos de ciertos estamentos eclesiásticos, por ejemplo, ponga un Lazarillo de Tormes en su vida, si otro desea retratar el poder arbitrario de ciertas clase sociales, llame a Fuenteovejuna, o bien si busca reflejar la irracionalidad del tirano, déspota y dictador, pronto acudirá Calígula, el clásico y el moderno.

Eso fue lo que vimos y oímos: un alegato contra la sinrazón del mandamás, contra la bravuconería desmedida, de un bastón de jerarquía: una tragedia pasada que se repite endémicamente. Ya en 1994 en el teatro de Bellas Artes, Luis Merlo encarnó con una actuación magistral, a ese emperador apayasado al que todos le rendían falsa pleitesía por temor a sus arrebatos irrefrenables.

Los espectadores de ahora hemos observado cómo vuelven las mismas coordenadas de lo antiguo en lo actual: en escena una compañía de cómicos que quieren cambiar el mundo. Y ya lo creo que lo han cambiado. Nuestros ojos de espectadores permanecen atentos a los gestos, sonidos y frases. Movimientos y mutis por el foro. Agilidad y dureza. Risa y sarcasmo. Miedo y justicia. Veneno y sorpresa. Todo sea por “la taquilla” como repite Jesús Vidal, en el papel de director de la nueva escenificación de un Calígula por el que pelean dos actores. Teatro dentro del teatro. Más allá de la cuarta pared, la magia se hace realidad. A todos les anima la ilusión de un mundo mejor: ¡¡qué entelequia!! Y todos se afanan por conseguirlo: Maite Brik, André Ferrera, Rui Fonseca, Luis García, Ángela Ibáñez, Fernando Lapeña. Un elenco digno de premio y aplauso: al final, el público en pie manifestó su complacencia y satisfacción. Leíamos con avidez los diálogos proyectados en el escenario, seguíamos con tensión contenida los sonidos y la kinésica tan dramática, tan teatral de todos ellos; en una sincronizada torre de Babel, lengua de signos, español, portugués se intercambiaban sin tropezarse, todo fluía…hasta la muerte de Calígula, que sí, murió. Le acompañó una caída espectral y espectacular del telón de fondo. Mientras una luna holografiada, que deseaban alcanzar descendía. Nos sobrecogió a los presentes por su grandiosidad. La luz, desvanecida de repente en un mundo ciego como lo adivinaron Maeterlink (1862-1949) y Beckett (1906-1989), predominó en unos actores brillantes. Por sí mismos, porque vimos teatro, mucho teatro.

Calígula, hasta fiambre y exánime, permanece agazapado para revivir y azotar conciencias y subvertir los cimientos de la sociedad: la clásica y la nuestra.

La cultura, muy segura. Sin duda.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider