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El beso, de Gustav Klimt


The Kiss - Gustav Klimt / Wikipedia The Kiss - Gustav Klimt / Wikipedia

La obra que comentamos no es solo una de las más conocidas de su autor, el pintor austriaco Gustav Klimt, sino, también, una de las populares de la Historia de la pintura.

Klimt está considerado como uno de los más certeros representantes del movimiento modernista dentro de la Secesión vienesa, aunando la pintura ornamental con la artesanía. El movimiento de la Secesión vienesa surge como un movimiento para promocionar artistas más allá de los que impulsaba la Academia vienesa. Los creadores incluidos en este manifiesto nunca redactaron un manifiesto, ni tomaron una dirección estilística.

Dentro de la trayectoria pictórica de Klimt la época quizá, que tuvo más aceptación fue la llamada “dorada”, por su incorporación del pan de oro como un elemento más de la obra. Por otra parte, y esta es una constante de la obra, podemos hablar del erotismo como una característica general, y fundamental, del pintor austriaco. Ambos elementos se encuentra en el cuadro que hoy comentamos: “El beso”.

Situados ante el cuadro nos encontramos ante la representación magistral de varios estilos. Por una parte el Art Nouveau, junto con el conflicto entre las dos y las tres dimensiones del Modernismo (pero que también se puede ver en el arte medieval), en donde desaparece la perspectiva renacentista; y por otra vemos una clara influencia de la estampación japonesa, en un momento en el que las artes exótica empezaban a tener gran influencia.

La composición de El beso es muy sencilla. No hay paisaje más allá de la sugerencia de un pequeño trozo de prado en donde se asientan los dos personajes. El fondo plano dorado, al que ya se ha hecho referencia, responde a la influencia que en el autor tuvo el viaje que hizo a Rávena, y en el que pudo contemplar los mosaicos bizantinos, sobre él se recortan dos figuras. El hombre lleva una túnica con decoración geométrica y una corona de vides en la cabeza; la mujer lleva un vestido ajustado salpicado de flores, flores que se repiten en la diadema que se ajusta al cabello.

El título del cuadro nos limita solo a la acción que contemplamos, una pareja que une sus labios en un apasionado beso. Pero su simbología va más allá, y nos señala la posible interpretación de la leyenda de Apolo y Dafne, en el momento inmediatamente anterior en el que la ninfa se convierte en laurel.

Sea solo pasión o mitología, en estos tiempos en los que nos encontramos, cuando los besos, en ocasiones solo son recuerdo, no está de más acercarnos al de Klimt, para recuperar sensaciones que, sin duda, nos conmueven.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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