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A “imagen” y semejanza de lo humano: arte y realidad


(Foto: Chema Barroso) (Foto: Chema Barroso)

Caras y caras. Muchas miradas. Nos miran desde los expositores y parece que quieren salir del cuadro, escapar del marco del retratador, huir de la vitrina celosamente guardada…

Fotografías, pósters, esculturas, tallas…averiguar su identidad cuesta, solo miran. Y preguntan, provocan y conmueven. Advierto poco simbolismo y mucha realidad: desde lo más clásico a lo más moderno: siempre el hombre en su mismidad.

Humanos conocidos y anónimos. ¿Cómo se verán esos rostros, ellos mismos? ¿O nunca se han visto?

En pareja, por separado, en conciliábulo, iluminados, suplicantes y aterradores.

Posturas sensuales y muchas invitaciones a participar: actitud derrotada y triunfalista. Dulces y amenos, regios y populares…semejantes a cada uno de nosotros pero quietos en el instante y hoy reproducidos para cobrar vida. Se mueven y se retuercen, están y posan. Piensan e imaginan. Siempre humanos.

Rostros engreídos y quizá petulantes; inseguros y temerosos. Aparecidos e invisibles.

A “imagen” de alguien: de un demiurgo, de ese deus ex machina que vigila y nos mueve o nos impulsa. Vivos y muertos. Estáticos y cambiantes. Del British Museum a CaixaForum y El Prado: una exposición inquietante. Y atractiva. Mucho.

Mascarillas holográficas, máscaras antiquísimas, caretas y disfraces. Historia y pasado en plena redención actual. Huellas y recuerdo de lo que observaron y padecieron y también gozaron. Del poder arbitrario y del libre albedrío. Imagen de la belleza y del peligro. Rostros sin cara, sin imagen…el paso del tiempo ha borrado vestigios de posible belleza, ahora símbolos innombrables. Identidad aplanada y aplastada en países lejanos. Hieratismo y ternura. “Aquí estoy”, “te conozco”, “ven”…dan ganas de acallar sus voces y calmar sus gestos. Diversidad y color. Misterios vitales sin secreto ni cuentos.

Damos vueltas y vueltas, volvemos sobre nuestros propios pasos: el caos “organizado” de la exhibición quizá obedece a la cantidad o a la calidad de lo que se nos presenta o a tantas imágenes humanas de lo humano; reposo y reflexión. Alguien se agita desde el otro extremo y nos implora unos minutos ante sus luces. Miradas de conspiración y sometimiento.

Lances sin éxito y asaltos individuales perdidos en aldeas. Ocultación urbana, pop y tradición. Música musitada en miradas que exigen una mano amiga. Bailes ancestrales.

Cuerpos que hablan y callan…se lanzan y se arrepienten. Invocan piedad. Más miradas a nuestras miradas. Más semejanza al ser humano. Mucha realidad. Efecto espejo en el espectador: “me suena”, “¿dónde lo he visto?”…avanzamos. Conversaciones en silencio, sorpresas de la faz víctima y del rostro depredador. Negro y negro. Hasta desaparecer de nuestros ojos. Ojos desvaídos, solo el perfil de un diseño que nos previene y anticipa dolor y marginación. Muchas épocas, algunas eras, fronteras y puentes. De la Antigüedad a la Contemporaneidad. Alma y más almas. Arte humano.

El recorrido termina. Nos vamos llenos de caras “a imagen y semejanza” de la humanidad. Llenos de estímulos prometedores. Para volver.

La cultura sigue siendo segura con toque de queda, sin estado de alarma, perímetros y distancia social y …humana como la imagen de uno mismo.

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