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De Velázquez a Goya, el Museo de Escultura explora la cultura de la reliquia


El sueño eterno del beato Simón de Rojas, atribuido a Velázquez, y el cortejo fúnebre de la beata María Ana de Jesús, un grabado de Goya, forman parte de la reflexión que sobre la cultura de la reliquia ha propuesto el Museo Nacional de Escultura a través de una exposición inaugurada en Valladolid.

"Extraña devoción. De reliquias y relicarios" es el lema de este recorrido histórico y artístico que podrá verse hasta el 22 de agosto con fondos procedentes, entre otras entidades, de la colección de Patrimonio Nacional, el Museo Lázaro Galdiano (Madrid) y el Frederic Marés (Barcelona), además de la Basílica de San Lorenzo del Escorial y la Fundación Simón Ruiz (Medina del Campo).

Más de un centenar de piezas pretenden evocar el origen y evolución de la cultura de la reliquia, de la devoción por objetos personales, indumentarias y restos humanos principalmente pertenecientes a santos y que eran venerados en capillas particulares, regias, iglesias y monasterios.

Abre el recorrido un grabado de Goya, fechado entre 1820 y 1823, que transcribe el exceso de fervor popular en torno a los restos de venerables, en este caso la monja Ana María de Jesús, en una especie de crítica que también se desliza en un cuadro de Sorolla prestado por el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

En la parte derecha un sacerdote ofrece el relicario a la adoración de un feligrés, al tiempo que en el lado izquierdo un devoto deposita un óbolo antes de que le llegue su turno.

Se trata de una reflexión histórica, con detractores y avalistas de este culto, pero también de interés antropológico y artístico de acuerdo con la nómina de autores censados en la exposición: Pedro Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández, Alonso Cano y Juan de Borgoña, entre otros.

Esta práctica, de la que fue muy devoto Felipe II, tuvo partidarios y críticos tanto en el seno de la propia Iglesia Católica como fuera de ella, de especial agitación durante los siglos de la Reforma y Contrarreforma (XVI y XVII).

La vida cotidiana, la diplomacia, las relaciones entre la monarquía hispánica y el papado son algunas de las lecturas colaterales que ofrecen este recorrido que culmina con una obra de arte contemporáneo, una especie de altar profano con los rostros de niños judíos incinerados en Auschwitz, de raíz conceptual, cedido por el Centro de Arte Dos de Mayo (Madrid).

En versión profana circulan otras reliquias como un mechón de Mariano José de Larra (1809-1837) que guardó su hija como recuerdo, y varias mascarillas mortuorias procedentes del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas y que corresponden al escritor Benito Pérez Galdós, a Napoléon, al pintor Mariano Fortuny y a una persona sin identificar que podría corresponder al torero Lagartijo.

En medio quedan relicarios de diversa manufactura, algunos con la denominada Auténtica (documento que acredita su autenticidad), y otros de valiosa composición y variedad como un retablo, escritorio, armario, arqueta o una cabeza de madera policromada abatible desde la nuca para depositar las reliquias o los despojos, según las interpretaciones.

"Milagroso sepulcro,/mudo coro/de muertos vivos,/de ángeles callados,/cielo de cuerpos,/vestuario de almas", escribió Luis de Góngora en unos versos que reciben al visitante dentro de una exposición que han coordinado Escardiel González (Universidad de Sevilla), Cécile Vicent-Gassy (Université Paris 13), Manuel Arias (subdirector del Museo Nacional de Escultura) y Juan Luis González (Universidad Autónoma de Madrid).