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EL PERIÓDICO
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Cultura y serenidad


Tal vez antes de empezar este artículo tengamos ganas de preguntarnos ¿qué ha pasado en las últimas décadas? ¿Cómo hemos cambiado?. Comprobaremos solo con echar un vistazo que es cierto, y que muchos de los que nacimos en el siglo pasado, hemos visto como protagonistas y testigos el paso de los tiempos.

Y no les digo nada , los que tengan la suerte de que vivan sus padres y puestos a soñar, sus abuelos. Si levantarán la cabeza y observaran como vivimos, lo que decimos y hacemos , quedarían tan estupefactos y desorientados , que es posible que nos dijeran “no os importa que nos bajemos”.

En esta fauna con todo tipo de bicho viviente, entre ellos los humanos, los hay encantadores e insoportables, en esta última están los que por arrogantes o por ignorantes o acomplejados lo saben todo, sobre cualquier cosa pontifican, y no asumen que cuando ellos nacieron, alumbró la gilipollez

Dicen una barbaridad tras otra y estos insufribles saben más que los demás de todo. Sin embargo frente a este grupo de torpes insufribles, hay gente que desde su sencillez son gente que con cada uno de sus gestos te dan lecciones de sabiduría.

Tengo un amigo, que es un encanto de persona y un gran hijo , y tiene la gran suerte de tener una madre de 102 años, y dice y repite a todo el que le quiere escuchar “no crees que me ha cogido muy mayor para ser hijo

Y es que aunque a veces nos extrañe y nos resistamos “los tiempos cambian que es una barbaridad”, y la cultura con ellos, y hay una generación que en la actualidad se ha jubilado, que está en una triple tarea, atender a sus goteras, cuidar a sus padres y criar a sus nietos.

Cada día y a pesar de los intentos de los intolerantes , hemos de respetar al diferente. Vivimos en una sociedad cada día más avejentada , y a pesar de los pesares nos movemos entre prisas y vísceras , y pisamos el acelerador para ir a toda velocidad, aunque no sepamos bien hacia donde y porqué razones.

Y en ese afán de ser rehenes del vértigo, en ocasiones nos vemos al borde del abismo. Deberíamos preguntarnos con más frecuencia como estamos perdiendo la posibilidad de mirar ,observar o contemplar lo que ocurre delante de nuestras narices, produciendo en ocasiones respuestas escandalosas y desproporcionadas que lejos de ser una manifestación de poder , son una prueba palpable de nuestra indefensión y de lo débiles que somos , aunque parezcamos muy fuertes.

Hay quienes no quieren que se les noten sus dudas e inseguridades y adopten poses afectadas de pseudointelectuales por sus apariencias de infalibilidad y contundencia , en lugar de superar las chulerías y altanerías para volver a sus raíces y resucitar lo esencial e intentar ver las cosas con otra perspectiva , con más autenticidad , optimismo y renovación mental , haciendo de nuestra palabra un valor más lleno de claridad que de confusión.

Hemos de convencernos de cumplir con nuestra palabra ,nuestros deseos y hacer realidad nuestros sueños , sin olvidarnos que nada es gratuito , que todo fluye mejor cuando desde la generosidad utilizamos la empatía y dejamos el egoísmo a un lado. Si no somos fanáticos ni nos dejamos llevar de acaloramientos, sabremos administrar nuestras presencias y ausencias , sin frustraciones ni rabias contenidas.

Se diga lo que se diga que la mayoría de los problemas que en la frenética locura del ir y venir de aquí para allá, de uno a otro extremo de la cuerda de la vida nos surgen a modo de traicionera costumbre, son dificultades personales por no ser conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones.

Somos como una marea en la que nos sentimos apremiados y contrariados por cualquier acontecimiento, que a modo de viento de levante o poniente, remueve la arena de nuestra playa y revive y apaga nuestros sueños y casi sin darnos cuenta nos inunda sumiéndonos en el entusiasmo de lo nuevo y sorprendente o en el hastío de lo poco motivador por repetitivo y sabido sin remedio.

Entre las verdades subjetivas y las objetividades inexistentes navegamos en la búsqueda de una ilusión que nos haga disfrutar como si fuéramos niños. Entre cosidos y descosidos, sorpresas e incomprensiones, esperamos que en algún momento las cosas cambien sin trucos y trampas, sin ataduras de pies y manos, sin insultos ni acritudes.

Asómense a sus balcones y oigan, presten atención a lo que nos digan algunos personajes públicos, y es posible que se pregunten si hay algo original y sorprendente, algo novedoso con fuerza y contenido, o no es lo de siempre, repetido y cansino, hasta el hartazgo y la saciedad.

A veces el lenguaje nos delata y nos traiciona, y debemos capear el temporal como podemos, relativizando las situaciones, sopesando bien y con calma todas las alternativas y no dándole mayor importancia a lo que no la tiene , pero no permitiendo que nadie nos robe el bienestar que nos pertenece por derecho propio o que se intente traspasar las fronteras de nuestra intimidad.

En ocasiones, a pesar de la belleza de nuestras palabras y de la riqueza de nuestras ideas, nadie da crédito a nuestras historias, porque no pueden evitar proclamar su falsedad a los cuatro vientos, o proceden de sujetos que evidencian su fantasmagoría y se pasan gran parte de su vida de extras o figurantes de una película que son incapaces de protagonizar.

No es una buena idea la tentación de algunos de dejar las cosas complicadas para el final y querer obviar los temas peliagudos, porque ese dilatar la solución de los problemas termina por pudrir las oportunidades. Tampoco es tomar el camino adecuado, la inactividad que provoca el doble de muertes que la obesidad, ni el ir corriendo a todos sitios sin disfrutar de un momento para el reposo, el sosiego y la contemplación.

En los tiempos que nos ha tocado vivir , hay demasiadas veces que tenemos la sensación que no hay momentos ni espacios para la paciencia y la competitividad nos supera y nos vence haciéndonos caer en la estúpida indolencia y nos pasamos gran parte de nuestras existencias , victimas de nuestras impotencias y desazones , fijando posiciones y haciendo deposiciones , con la pretensión de defendernos de nuestros aliado y compañeros, y lidiando con los rivales y oponentes . Sorteando peligros populistas y barreras demagógicas que solo brillan por sus mentiras y falsedades.

Todos terminamos aprendiendo que cuando vamos demasiado rápido nos caemos con más facilidad , que no hay nada excesivamente importante salvo el amor o la salud como para amargarnos el día y no hacer de cada jornada , un lujo digno de ser vivido y disfrutado.