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Dos de mayo en el Real: “mugre” y mareos con Britten


© Teatro Real © Teatro Real

A gustos, los colores… Quizá sea lo más “in”, lo más “cool”, lo más moderno y hasta lo más guay, pero a pesar de leer una y varias críticas, poco o nada coincido con ellas, y eso está bien, una opinión más, disidente o destemplada. En cualquier caso, libre de expresar que fue un bodrio la representación de Peter Grimes en el Teatro Real, un “Pedro Mugre”, espeso y aburrido. Indiscutible la buena voz del tenor.

Pescador, travesía, olvido…

Música de Broadway parecía…¡ojalá! Cinematografía…¡ojalá!

Casi todo cuelga del techo, un niño ahogado sujeto por arneses y una barca. Notas musicales que vienen y van con la marea: vértigo y mareos continuos.

Escenario amplio que se llena de ramplonería y prosaísmo cotidianos. Bloques inclinados y plataformas desmontables….

Igual que aquel dos de mayo, el compositor nos plantea incertidumbre y rebelión.

Por momentos, cierro los ojos y escucho compases de El amor brujo de Falla. De lo mejor.

Incoherencia entre voces y música, quizá como la vida misma que viven los personajes atrabiliarios.

Ritmos de batucada, marcha militar, jazz y salmos misales. Solo falta el desfile bajo palio.

La cuerda maúlla, la percusión chirría y el viento sopla, que es lo suyo, claro. La madera hace lo que puede. Vaya mérito en la tarde de ayer la orquesta. Brillante.

Pero al final, uno quiere empujar la barca hasta el fondo del mar para que desaparezca de una vez y nos deje respirar.

Argumento inconexo, contenido estrambótico. Todo carente de interés. La excusa y la anécdota para armar semejante andamiaje operístico, quedan desleídas. Lo mismo vale para un roto que para un descosido la leve línea narrativa que se adivina con dificultad. Cualquier interpretación es válida.

Los coros cantan a las mareas: pleamar y bajamar; más mareos. Las tormentas se suceden, destruyen o amenazan en medio de un marasmo general que envuelve a todo aquel que soporta las tres horas y media de prólogo e interludios -en su transición se oyen los ruidos detrás del telón cambiando el escenario-, muy en consonancia con el caos general.

Melodía simple que se quiebra con la irrupción de adornos a su aire. Quizá sea eso lo que pretendió Britten. Insisto, mareas y mareos.

Tortura, dolor, maledicencia y rumores. Acoso, malos tratos y sospecha.

Música de órgano de fondo, el destino lúgubre se cierne en esa cochambre de vidas, con tanta mugre interna. De la falta de estética, mejor no hablar. Inexistente. Comentarios misóginos, muerte y vida. Luchar y esperar.

Rebaño de ovejas descarriadas en busca de pastor que las domeñe. Delirio insomne y desafuero escenográfico. Batiburrillo de calumnias, fe y creencias oportunas y a conveniencia.

Tótum revolutum de personajes en un ambiente artrósico, sin contraventanas que resguarden esa taberna de los embates del mar, y espeluznante: golfillos de hospicio, maestra bondadosa, párrocos y jueces en un más que dudoso juego de luces y sombras. Un bodrio.

Casi me ha parecido escuchar el sonido tradicional del afilador llamando a “sacar punta” a las hojas metálicas de cuchillos y navajas. Cantos gregorianos ceden a un carnaval de voces que golpean contra el suelo el pelele de Peter Grimes en una orgía sin sentido. Alaridos furibundos repiten a modo de estribillo el nombre del protagonista. Marejada de sentimientos y marejada de emociones. Disgusto. En cualquier momento, el himno de la legión…Contemporáneos de Benjamin Britten, el novelista Jean Genet y el dramaturgo Eugène Ionesco…para que nos situemos el contexto común a todos ellos. Reminiscencias de Maeterlink y Valle-Inclán. Un absurdo descomunal.

Y un puro suplicio agotador. Fantasmagoría frenética. Instrumentos atosigantes. Si Wagner se llega a enterar de que nombra a su “errático holandés”…

Cualquier opinión es válida, claro que sí, cualquier crítica también. Recetas múltiples: se echan dos metáforas, se añade una metonimia, se mezcla con algo de simbolismo y se agita, mucho. Surge una pregunta retórica: Y esto, ¿qué es? Lo mejor de este dos mayo los empleados del Teatro Real: desde el conserje que nos saluda muy afectuoso en la puerta de amigos del Real hasta una de las limpiadoras de los baños, peruana, me dice, y me felicita en el día de la madre, así, sin más ni más y los camareros que nos atienden en la sala para tomar un piscolabis. De agradecer.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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