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EL PERIÓDICO
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La palabra


Celebramos Sant Jordi con un libro y una rosa, con esa mezcla olorosa y sabia homenajeamos la palabra. El amor a los libros se convierte en una compañía salvadora, la que necesitamos para sentir el fuego y el hielo, los distintos sabores de la vida, los secretos del alma. Aprendes y compartes el fino hilo de quien ha tendido tanta necesidad de escribir como de leer.

El silencio era el nombre de las cosas hasta que en el ser humano amaneció la palabra. En su impulso precipitó el deshielo del manto del silencio en el que se envolvían dormidas todas las cosas, la rosa y el alba. El murmullo de los ríos, el pájaro que canta, el viento en las hojas, la ola en la playa eran la sinfonía del universo, pero una sinfonía callada; la belleza del silencio brotó para el ser humano la palabra. La palabra tiene desde entonces reflejos de la verdad, que cuando fracasa tiene destellos de muerte. Tejida en verso, narración o drama permite soñar hasta la última hebra de la vida.

El cajón del despacho de mi padre con sus novelas favoritas fue la primera tentación, en la siesta cuando nadie me veía rescataba la llave escondida y El Decamerón empezó a no tener secretos. Después las Obras Completas de Lorca, Machado y Juan Ramón que mi amiga Adela me leía para soportar a ausencia de mis seres queridos. Comprendí que la palabra venció al dragón y dio olor a la rosa, desenterró la verdad de las mentiras, enlazó, para siempre, la realidad y el deseo, exploró la luna y el amor tan solo con nombrarlos. Convirtió el río en metáfora. En un verso canta o llora una vida y en sus fuentes se incendia una llama de amor viva.

La Metamorfosis y Tiempo de Silencio cambiaron el límite del género, después de Galdós, Baroja, Delibes y Cela. Con mis alumnos he leído con cuidado versos de Gil de Biedma, Octavio Paz, Neruda, Garcilaso, Fray Luis y San Juan, el silencio en las pausas nos ha hecho disfrutar sin temer a la muerte y comprender que nada es todo y todo es nada.

Shakespeare, Cervantes, Ulises, Edipo, Antígona nos han acompañado con la pasión que ha abierto los cauces de comunicación para enfrentarnos a los textos como aprendices de la honda palpitación del espíritu. Desgracia me sacó del aislamiento y con Marías el significado enriquecido de las palabras hizo que no se me escapara el mar de sus ojos y la humanidad de sus gestos. Gabo, siempre Gabo, haciendo de la realidad una pócima mágica.

Escribir es anticipar la nieve, es gritar con los ojos no te rindas o la tarde está cayendo sobre la ciudad. He paseado por el campo con olor a jara y encina en flor con vistas sobre la gran ciudad enferma.

Reivindicamos la palabra como música, como creación y recuerdo, como estructura que define las cosas y susurro que las convierte en misterio y sueño.

Escúchate en tus palabras y no te asustes. Nómbralas de nuevo para ti.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.