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Delibes y Umbral: una vida, una época y una literatura glosadas en 278 cartas


Esta tarde se ha presentado en Valladolid el libro 'La amistad de dos gigantes. Correspondencia (1960-2007)', con la participación de María España (i), presidenta de la Fundación Francisco Umbral, y Elisa Delibes, presidenta de la Fundación Miguel Delibes. Esta tarde se ha presentado en Valladolid el libro 'La amistad de dos gigantes. Correspondencia (1960-2007)', con la participación de María España (i), presidenta de la Fundación Francisco Umbral, y Elisa Delibes, presidenta de la Fundación Miguel Delibes.

En una época en la que no existía el correo electrónico, cuando las cartas se escribían a mano o a máquina, se echaban al buzón y tardaban varios días en llegar a destino con un sello estampado, los escritores Miguel Delibes y Francisco Umbral cruzaron más de trescientas entre 1960 y 2007.

El cazador que escribía y el dandy de las letras intercambiaron confidencias, se pidieron opinión, compartieron desvelos, se hicieron favores, aventaron dudas y se consolaron mutuamente tras la pérdida de seres queridos como queda de manifiesto en el libro "La amistad de dos gigantes", presentado este miércoles en Valladolid.

Miguel Delibes (1920-2010) y Francisco Umbral (1932-2007) fueron dos personas que "se quisieron y admiraron", ha evocado María España Suárez, viuda de Umbral y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, durante la presentación de un libro prologado por Santos Sanz Villanueva y coordinado por Araceli Godino y Luciano López.

Extensas y breves, sentenciosas y líricas, irónicas y humorísticas, las misivas abarcan la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del nuevo milenio, la de la renovación o defunción de la novela, el tránsito de la censura a la libertad de prensa y de opinión, rasgos que se aprecian a lo largo de esta correspondencia.

Contrastan los mensajes desenfadados de Primitivo Lascetty, el escritor maldito, miope y alterego de Umbral que Miguel Delibes, dueño de textos más prácticos, retrató en "Señora de rojo sobre fondo gris", ha explicado por su parte Elisa Delibes, hija de éste último y presidenta de la Fundación que también lleva su nombre.

"Mi padre, que era muy ordenado pero poco metódico y sistemático, era muy pudoroso y recatado con todas sus cosas, por eso sentimos muchos escrúpulos al leer las cartas que guardaba cuando murió, pero la obligación de la Fundación Miguel Delibes es la de facilitarlas a las instituciones que los soliciten como hemos hecho en los casos de Paco Rabal, Carmen Laforet o Américo Castro", ha puesto de ejemplo.

Hasta 1957 "no empezó a conservar correspondencia", pero desde 1948 conserva intercambios epistolares "muy interesantes", ha añadido Elisa Delibes, quien ha participado en esta presentación junto a sus hermanos Germán y Adolfo, y a Pepi Caballero, secretaria de Miguel Delibes durante décadas y por ello avezada conocedora de su enrevesada letra.

Se alegraban de sus éxitos, confraternizaban en las desgracias personales, se lanzaron reproches, extendieron felicitaciones y se ayudaban mutuamente como cuando Delibes encargó a Umbral reportajes para el diario El Norte de Castilla cuando aquél decidió irse a vivir a Madrid, a probar fortuna de donde nunca más regresó, a finales de los años cincuenta.

En la carta fechada el 29 de enero de 1975, Delibes refiere a su interlocutor cómo José Ortega Spottorno le visitó en Valladolid para ofrecerle la dirección del entonces proyecto de diario El País: "(...) No me dejó decirle no en el acto, Me pidió que lo pensara.

Yo no me veo ahí de ninguna manera, pero no quiero precipitarme y me gustaría conocer antes los puntos de vista de los amigos inteligentes metidos en el oficio", señala.

Una crónica de las letras españolas del medio siglo XX, el retrato de la sociedad durante los años del desarrollismo, y la llegada de las libertades subyacen en todos estos textos que son "fundamentales parea conocer la relación y admiración mutua entre dos gigantes", ha afirmado por su parte el presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar.