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Don Quijote en la pintura


Transcurre este mes de abril dedicado a la literatura y, en breve, celebraremos el Día del libro, el próximo 23, en el que conmemoramos a dos escritores: Shakespeare y Cervantes. Por aquello de hacer patria, nos quedaremos con Don Miguel y su inmensa y mundialmente reconocida novela sobre las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Lo hacemos para referirnos —no en vano esta sección está dedicada a comentar obras pictóricas— a los artistas y cuadros que tienen esta obra literaria como protagonista.

Más allá de la imagen que todos tenemos en la retina de los grabados del magnífico Gustav Doreé, y que nos han servido para fijar iconográficamente al “caballero de la triste figura”, han existido, también, otros artistas— algunos nos pueden sorprender— que se han inspirado en la obra cervantina.

Comenzamos con Camile Corot, pintor francés de estilo romántico que a través de un paisaje nos hace referencia a los dos principales personajes de la novela que comentamos, apenas atisbados al fondo sobre una roca de pizarra y recortados contra el cielo lechoso del amanecer, puesto que el artista pone el énfasis en el árbol que aparece en el primer término.

Marc Chagall, pintor de origen rusos afincado en Francia, nos presenta un óleo, dentro del estilo surrealista, en el que distinguimos a Don Quijote en el centro de la composición, portando una lanza y siendo aclamado por una multitud vibrante de color, y que porta unas banderas rojas. Pintado en 1975, cuando el artista volvió a la Unión soviética —se había exiliado en 1922—, son bastantes los que ha querido ver en este cuadro la representación de las contradicciones del país en ese momento, donde se había acabado con la utopía de la revolución.

Francisco de Goya, por su parte, nos ofrece un grabado con la aventura del rebuzno, realizado con su peculiar estilo realista mezclado con lo grotesco. En esta obra vemos como Sancho cae del caballo golpeado por un vecino, mientras Don Quijote amenaza al agresor. Tras de ellos un estandarte permite ver de manera incompleta un refrán lleno de ironía y crítica hacia el poder: “No rebuznaron en balde el otro y el otro alcalde”.

En este recorrido en el que vamos variando artistas y épocas, nos trasladamos al sigloXX, para situarnos ante la obra de Edward Hopper, cuyo óleo de estilo realista, también, nos trae reminiscencias del Far west, situando la escena en el episodio de los molinos como si de un duelo se tratara. Vemos a Sancho Panza con sombrero de cow-boy y el rostro con perilla y bigote. Por su parte, Don Quijote cubre su armadura con una capa azul que ondea heroicamente al viento, y parece que está presto a arrear a Rocinante para luchar contra los “gigantes”. La escena utiliza el contrapicado como perspectiva, un recurso muy cinematográfico.

Para terminar lo haremos con dos pintores españoles: Pablo Picasso y Salvador Dalí.

El pintor malagueño realizó en 1955 una aguada que se han convertido en una de las representaciones más populares de los personajes cervantinos. El estilo es figurativo, pero muy esquemático. Vemos a Don Quijote y a Sancho Panza en primer término, quizá en el clásico diálogo en el que el escudero quiere convencer a su señor de la ausencia de los “gigantes”, ya que al fondo podemos observar los molinos, aunque alguno de ellos, representados también esquemáticamente, parece estar convirtiéndose en una figura antropomórfica. Toda la escena está iluminada por el sol deslumbrante de la Mancha.

Cerramos comentando el cuadro de Salvador Dalí. Encuadrado dentro del surrealismo que caracteriza a este pintor, podemos observar como este óleo también representa la escena de los molinos, pero de una manera diametralmente diferente a la picassiana. En esta obra existe una simbiosis entre los personajes y el autor, ya que podemos observar como aquellos forman el rostro de este. Las aspas son los cabellos, el tejado del molino la frente; Sancho y Don Quijote determinan las facciones; la lanza y la cabeza de Rocinante el bigote y la perilla. En el cielo la imagen evocadora de Dulcinea, en derredor las caras fantásticas de quienes acompañan en la “locura” del ingenioso hidalgo.

Muchos artistas y cuadros se nos han quedado en el tintero. Esto solo es una muestra de cómo la novela cervantina y sus protagonistas sirvieron y sirven de de inspiración más allá de estilos y épocas. Esa trascendencia es, sin duda, la genialidad.

¡Feliz Día del Libro!

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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