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Historias con vida propia


Juan Gabriel Vásquez en una imagen de archivo. Juan Gabriel Vásquez en una imagen de archivo.

No siempre es fácil decidirse por el próximo libro cuando haces la visita habitual a la librería en estos tiempos de distancia. La última novela de Javier Marías y las últimas de Javier Cercas las tengo en mi centro de interés. Marías con ese dominio de la palabra y la intriga proporciona al lector gran entusiasmo. Cercas es uno de los mejores escritores en lengua castellana actualmente.

He comenzado con Juan Gabriel Vásquez, Bogotá, 1973, periodista e historiador literario que busca en el pasado para conocerlo. Lo conocía por El ruido de las cosas y El hombre de ninguna parte, una recreación de la biografía de Joseph Conrad, un autor apasionante. Ha recibido muchos premios, con La forma de las ruinas fue finalista del Man Booker Prize.

Volver la vista atrás, ha sido un libro sorprendente en el que el destino y la muerte discurren por sus páginas. El medio siglo de historia que atraviesa con el relato que narra nos muestra un retrato acertado de la vida privada y pública, la política y la sociedad. Es mucho más que un gran relato, se trata del testimonio de una época que ocupa un tiempo próximo que recordamos. Un texto sin ficción sobre las relaciones entre padres e hijos marcadas por las ideas políticas, los recuerdos y las ideologías en una de las voces más potentes de la literatura Hispanoamericana actual. El pasado marca el presente y las vidas privadas reflejan la política de un país, a eso no nos escapamos, y el autor lo demuestra con genialidad. Rescata el olvido y reivindica la memoria de la que no podemos prescindir.

Sergio Cabrera, ha dirigido películas y series de televisión emblemáticas de Colombia en los últimos años. Un personaje real que se convierte en personaje literario y protagonista de un relato. Documentos, cartas, fotografías, diarios para recrear una narración de cine. La fuerza de la historia que marca nuestra vida y con la que se aprende la verdad, una experiencia de vida sin maquillar, ni edulcorar. Luces y sombras de unos personajes y unos territorios de los que se cuentan unos años que transcurren en tres continentes.

En el siglo XX el relato del comunismo o marxismo le dio la vuelta al mundo, la guerra fría, ideas que atraviesan generaciones y fronteras. La influencia de un padre tanto ideológica como artística que da lugar al hijo. Novelas de padres e hijos, de ideas que arrastran. La Guerra Civil, Venezuela, Colombia, China de Mao, República Dominicana, los movimientos armados de los años sesenta…el desencanto, la desilusión de defender unas convicciones, unas ideas. La necesidad de defender una vida en paz, en favor de la reconciliación y de ser uno mismo.

El triunfo de Colón fue al mismo tiempo modesto y extraordinario, y puso a Fausto en el mapa del teatro bogotano. La gente comenzó a hablar del actor español que acababa de llegar -el discípulo de García Lorca, sí, el familiar de héroes republicanos- y las compañías nacientes se interesaron en él. Al volver de una gira breve llena de patios de Sevilla y niños y cebollas, se encontró con invitación a que recitara sus poemas en el teatro Municipal. No era un teatro como los otros. Por esa época, el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, un político de origen humilde que se había convertido en un temible líder de masas y era visto por las élites como una amenaza palpable, daba allí sus discursos del final de la semana -los Viernes Culturales, los llamaba-, unas piezas magistrales de oratoria que convocaban a más gente de la que Fausto había visto nunca en el mismo sitio, y que se transmitían por radio para un país seducido por las ideas izquierdistas y la retórica mussoliniana de aquel hombre de rasgos indígenas y gomina firme. Fausto comenzó a ensayar allí su repertorio de siempre -Machado, Lorca, Hernández-, y un viernes al darse cuenta de que Gaitán se había quedado después de su emisión para escuchar sus poemas, se le acercó y comenzaron a conversar. Gaitán hablaba con prioridad de poesía colombiana, citaba a Silva y a Julio Flórez y le sugería a Fausto que incluyera a Neruda, Fausto oyó que alguien más decía:

“Cómo nos van a entender, si los dos son comunistas. Con gente así, este país se va a ir al carajo”

No era verdad: Gaitán no era comunista, y Fausto mucho menos…

Con un castellano impecable y enriquecido, el que se habla, escribe y se escucha en Colombia con la protección del Instituto Caro y Cuervo, apreciamos a este escritor que nos seduce con su rigor y la apuesta de mostrarnos una historia que hemos leído con mucho interés. Cuando vi La estrategia del caracol no imaginaba que años después estaría tan cerca de este gran cineasta gracias a este novelista magistral. 

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.