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EL PERIÓDICO
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Ese libro recomendado, esa lista de lecturas (por ahora)


Lo prometido es deuda. Lo anuncié hace unos días cuando hablé de mis problemas “cerebrales y estomacales” cada vez que alguien me pregunta: “¿Qué libro me recomiendas?” Pues bien, la amenaza premonitoria se va a materializar en las líneas que siguen.

Y apunté que siempre hay un título con el que salvo el pellejo del sobresalto inicial después de esforzarme y obligar a mi mente a que se ponga en marcha y recuerde un libro, solo uno al menos. Se trata de La nieta del señor Linh, una preciosa narración poética del escritor Philippe Claudel al que persigo sin descanso; por eso ahora, con la calma de la escritura y sin agobios acuciantes de preguntas inmediatas, me atrevo a aconsejar su famosa novela Almas grises, impresionante, y La investigación: para mí espectacular, de una creación y capacidad imaginativas, insuperables; pero ¡ojo! que también conozco comentarios y opiniones en sentido contrario.

Acabo de regalar La cata de Roald Dahl: cortito, crítico, divertido y sorprendente; muy bueno y un lujo de presentación.

Me hablaron muy bien de Edna O’Brien, autora famosa por sus muchas publicaciones femeninas y feministas; la última, La chica, habla de la terrible situación que padecen muchas niñas en Nigeria, raptadas por el grupo terrorista Boko Haram; me pareció una historia real y trágica muy mal escrita o quizá mal traducida. Insistí con Trilogía del campo: me quedé en la “tri”, o sea, que solo leí la primera de las novelas que configuran la tríada; me parece que se expresa “viejo y aburrido”, but… la crítica la aclama.

Yo solo soy una lectora avezada y compulsiva como ya anticipé en mi anterior artículo.

En cambio, la sueca Secretos imperfectos de Hjorth&Rosenfeldt, una serie de seis historias de suspense con tintes de novela negra, si uno se engancha, acaba con ellas del tirón.

Para empezar y no parar La mujer en la ventana de A. J. Finn, suspense casi de terror, puro cine psicótico.

Apuesto siempre por Stefan Zweig: en Carta de una desconocida descubrimos un amor fascinante. Y en Stoner, de John Williams conocemos la historia llena de ternura y sinceridad de un académico, en apariencia anodino. Muy interesante y no defrauda.

En El cazador de estilemas, Álex Grijelmo describe a un profesor de instituto con un lenguaje muy curioso, divertido y original, metido a investigador por las calles de Madrid. Muy recomendable.

En la línea de lo ameno y lectura fácil y rápida Abierto toda la noche de David Trueba, divertido y original.

Espero ir cumpliendo (casi) todos los gustos…

Avanzo. Y me detengo en tres autores de los que me gusta su producción al completo:

Desde mi punto de vista, Jorge Franco es un contador de historias auténticas, sentimentales, apasionadas, conmovedoras y emocionantes: Paraíso travel, Rosario Tijeras, El mundo de afuera, y Sándor Márai: El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda por citar algunos; cualquiera de sus títulos, un acierto. Fue y sigue siendo famoso el libro de Irène Némirovsky Suite francesa; mucho mejor la magnífica obrita El baile.

Llamativos me parecieron los títulos de La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, novela muy personal y El asesino tímido de Clara Usón, curiosa mezcla de biografía de la autora a través de algunos filósofos contemporáneos que no deja indiferente.

Un relato muy bien trazado y lleno de tensión me parece La paciente silenciosa de Alex Michaelides, igual que El ermitaño de Thomas Rydahl, interesante, y que capta la atención muy pronto aunque se lee lento, es decir, con tiempo y sin prisas.

A quien le gusta Juan José Millas, y a quien no le convence, que lo intente con El mundo, en su tónica de humor y diversión y mucha realidad siempre desde su perspectiva “tan suya”. Parecida recomendación con Fred Vargas: me consta que tiene sus seguidores y sus detractores: Cuando sale la reclusa, insuperable. De Leonardo Padura El hombre que amaba a los perros, un viaje histórico inolvidable. Descubrí con La fractura y Hablar solos a Andrés Neuman, excepcionales ambos títulos.

Y dejo para terminar la lista de lecturas recomendadas El anarquista que se llamaba como yo de Pablo Martín Sánchez, lleno de avatares políticos novelados y a Jaume Cabré, un novelón brillante su Yo confieso.

Debido a mi conocida y asumida compulsión, en este momento voy saltando de un libro a otro como las damas en el tablero: me acaba de regalar mi amigo José Luis Hernández Garvi su última obra La desaparición de Agatha Christie y promete, porque su autor es muy buen escritor y el contenido intrigante; me gustan los “tochos” de Joël Dicker y me está entreteniendo El enigma de la habitación 622; a ratos me da por mezclarlo con Emocionarte de Carlos del Amor al que leo a trompicones, y lo relaciono con El arte de la rivalidad de Sebastian Smee y el Ensayo sobre lo que no se ve de Enrique Lynch. ¡¡Help me!!

Hasta aquí mi última lista, aunque no completa, de recomendaciones…por ahora. Ni una obra de teatro, ni un poemario, por cierto. Pero llegarán, seguro.

Aficionada a escribir de todo (lleno libretas y libretas, papelitos, recibos, folios reciclados y hojas en sucio…) tengo algún título más, pero mi intención no es saturar al lector.

Deseo agradecer a Lorena, mi librera de El Corte Inglés de Pozuelo, amiga mía, todo lo que me ha enseñado, todo lo que me ha sugerido y me aconseja cuando le pregunto a ella: “Y tú, ¿qué libro me recomiendas?”

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