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El tiempo vuela, de Soledad Sevilla


Comienza marzo, mes en el que eventos, artículos, expresiones artísticas, reivindicaciones nos llevan a tratar la visibilidad de las mujeres en distintos ámbitos.

Pudiera ser que es esa la razón que me lleva a escribir sobre la pintora Soledad Sevilla, pero no es así, o por lo menos, no lo es totalmente. Este artículo revolotea en mi cabeza des que, hace unas semanas, vi el programa Imprescindibles, en La 2, dedicado a esta artista valenciana.

Alumna de la Academia de Bellas Artes de San Jordi (Barcelona), participó entre 1969 y 1971 en un seminario realizado por el Centro de cálculo de la UCM sobre la generación de formas automáticas. A partir de la década de los setenta empezamos a encontrar la geometría como protagonista, destacando en el tiempo. Un ejemplo de ello es la serie sobre Las Meninas de Velázquez, comenzada a trabajar en Boston, entre 1980-82.

Para acercarnos a la obra de Soledad Sevilla necesitamos abstraernos, nunca mejor dicho de una interpretación figurativa, o de la búsqueda de la relación exacta y primigenia de título y obra.

Creadora de grandes formatos, la enfermedad le hace replantearse la acción, pasando a pintar en pequeñas pinceladas, casi mosaicos puntillistas, que con la lejanía de la mirada se convierten en un significado más allá del propio significante.

Sevilla se mueve entre el pincel como herramienta y las instalaciones arquitectónicas vinculadas al land art, corriente artística en la que la arquitectura y escultura se hibridan con resultados espectaculares, jugando con la percepción sensorial del espectador.

El cuadro que presentamos se denomina El tiempo que vuela, situado cronológicamente en 1998. Son cinco lienzos (dos de ellos llegan a medir siete metros), con 1.500 mariposas de color azul eléctrico, que giran sobre un mecanismo de relojería al ritmo temporal de un segundo. Apenas visible un, escrito con esmalte blanco, un texto de Antonio Machado: “Y es hoy aquel mañana de ayer”.

Para la autora, en esta obra, el tiempo es algo positivo. La mariposa es un ser que nos lo demuestra: de ser una oruga, cuya estética no es muy apreciada, pasa a convertirse en algo bello. ”Es el ritmo del reloj, pero sin reloj”. La inspiración de esta instalación le llega a su autora, según sus palabras, al contemplar una jaula llena de mariposas que vio en Japón. Su trabajo en los muros y la metáfora de la hiedra completan la concepción de la obra.

“Con el tiempo se pierde vigor y energía, pero se gana equilibrio y seguridad —nos dice la artista. — Quería hablar de la belleza de una edad, de la belleza de estar de otra manera en esta vida”.

El tiempo es una constante en muchos artistas, dimensión que marca una realidad que para Soledad Sevilla es un punto de partida para llegar a la irrealidad: si pintamos una puerta es para obtener la idea de profundidad. Puntos azules de lejos, de cerca segunderos para marcar la existencia, existencia transformada, sin duda, por esta artista excepcional.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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